André lo encontró en la parte más alta del cerro, donde el viento parecía llegar desde todos los lugares al mismo tiempo. A esa hora de la tarde, la hierba estaba húmeda y tenía un olor áspero, mezclado con el de la tierra removida y unas flores pequeñas que crecían entre las piedras. Desde allí arriba podía verse el valle casi completo, aunque una bruma gris comenzaba a extenderse sobre las partes más bajas. Al principio Andrés pensó que aquello que permanecía inmóvil junto a una roca era una formación extraña del terreno, una especie de tronco cubierto de musgo. Después vio que respiraba.
Aquello había sido una mujer alguna vez, o al menos conservaba algo de una mujer en la estructura de la cara, en la manera de sostener la cabeza y en ciertos restos de coquetería que todavía parecían adheridos a su cuerpo como recuerdos de una vida anterior. Sin embargo, todo lo demás estaba deformado de una manera difícil de describir sin caer en palabras demasiado sencillas.
Aquel hombre también caminaba. Regresaba del trabajo cuando vio una pequeña mosca sobre la acera rodeada de la caca. Estaba inmóvil y cualquier descuido habría bastado para aplastarla. El hombre levantó el pie, la observó apenas un instante y decidió rodearla. Continuó su camino sin volver la vista atrás.
Entre los documentos más importantes que se resguardan a la fecha están: El Acta del segundo grito de independencia dado en 1823, Los Acuerdos de Paz de 1992
Para mí Eraclio Zepeda fue siempre Pancho Villa, y él conocía "“y padecía"“ esta fijación que tercamente compartí pues invariablemente se lo recordaba durante las intermitentes y joviales veces que coincidimos
Cien Años de Soledad, Del amor y otros demonios, El General en su laberinto, La mala hora y La hojarasca es parte de la colección donada por la Embajada de Colombia
Con elegancia y acierto narrativos, unidos a tu interés por la búsqueda y consolidación de nuestra identidad, hay en tu libro destacadas menciones de la obra daltoniana sobre el mestizaje salvadoreño
Una de sus obras más celebres ha sido "Ficciones" (1944), la cual es una serie de cuentos cortos que se compone en dos partes: "El jardín de senderos que se bifurcan" y "Artificios"