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jueves, 24 de junio del 2021

Una parte de nuestra memoria histórica

Eran las siete de la noche del Sábado 10 de Septiembre, estaba sentado observando la pantalla de televisor en Leyendas, se trata de un proyecto empresarial de un matrimonio muy allegado al mí­o, hace diez y siete años. Con ese matrimonio nos conocimos hace aproximadamente unos cuarenta años, formábamos parte de un grupo de amigos, que nos reuní­amos algunos fines de semana en la casa de un compadre en la Colonia Miralvalle, durante una a dos horas compartí­amos con nuestros hijos e hijas, quienes nos deleitaban con sus gracias y sus juegos, luego pasábamos horas compartiendo bebidas alcohólicas, así­ como ideas de cómo resolver los problemas de nuestro paí­s. Mi esposa habí­a encontrado tres amigas salvadoreñas que externaban con mucha franqueza sus opiniones, en igualdad de condiciones que los hombres; el dueño de casa es muy machista, pero tení­a un gran respeto por las mujeres que participaban en las reuniones sociales que el organizaba.

El negocio familiar, instalado frente a un parque, en una calle paralela a la San Antonio Abad, en una zona aledaña al Centro Comercial San Luis, comenzó como un café en donde ocasionalmente se vendí­an bebidas alcohólicas. No obstante que la filosofí­a de los dueños es de izquierda moderada, mantuvieron durante años la idea de hacer del lugar un punto de reunión de salvadoreños y extranjeros con distintas filiaciones polí­ticas y realmente lo consiguieron. Cuando fundaron el negocio frecuentaban el paí­s gran número de turistas europeos  para conocer a personas que habí­an participado en nuestra guerra, visitar lugares en donde se conservan huellas y recuerdos dolorosos, museos en donde se exhiben algunas armas que se usaron y librerí­as en donde se vendí­an libros revolucionarios, artesaní­as alegóricas y otros souvenir.

En la actualidad son los dos hijos mayores los que administran esa pequeña empresa, ambos han desarrollado una gran tolerancia para gestionar los permisos de funcionamiento ante la Alcaldí­a (hay un colegio y una iglesia protestante a poca distancia), atender a los agentes del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAN) y aguantar a mis queridos amigos cuando ya han logrado llegar a los altos niveles de ebriedad. Allí­ se putea en igualdad de condiciones a la oligarquí­a, los sindicatos, los partidos ARENA y FMLN, así­ como a los principales equipos de futbol de España, del resto de Europa, América del Sur y de nuestro paí­s. Los dueños  siempre han tratado de que los clientes se sientan a gusto hablando de deportes, cultura, polí­tica y otras astralidades. Hace varios años los dí­as miércoles eran de poesí­a, todaví­a recuerdo a mis amigos y amigas poetas declamando versos sazonados con estrellas, amor prohibido y tristeza profunda, sobre el murmullo de algunos clientes que hablaban de babosadas serí­as, chismes o jodiéndose entre sí­ (un deporte salvadoreño en proceso de extinción, pero que los salvadoreños en el exterior lo mantienen vivito y coleando).

Yo estaba preocupado porque habí­a comenzado a llover desde las seis de la tarde, sólo habí­an llegado como diez clientes y lo más triste era que la mayorí­a eran hombres. Pero poco a poco fueron llegando los Legendarios, esos matrimonios que amarraron en ese bar y que todos los años asisten religiosamente a la fiesta de aniversario, pero también aquellos que se amaron pero que fracasaron en su intento de vivir juntos o aguantarse mutuamente.

El acto de aniversario comenzó con las palabras de Julio, agradeciendo el esfuerzo de los asistentes (unas cincuenta personas) para participar en este acto histórico, de diez y siete años de acompañamiento del proceso polí­tico, económico, social y cultural de nuestro paí­s. A continuación, uno de los principales bailarines clásicos del paí­s nos deleitó con sus movimientos corporales acompañado de música electrónica, Jazz y Rock. Hubo un espacio de música utilizando discos de vinilo y por fin comenzó la fiesta bailable con música tropical y la presencia de varias amigas que les encanta bailar.

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