Por Max Herrador
Estos eran un par de gigantones que andaban siempre en camada peleándose y ultrajándose entre sí. Primero aparecía uno haciendo averías, comiéndose...
Ahora las cosas se mueven sobre el mar, debajo de las aguas quietas, dentro de los sueños, en los rincones donde antes solo habitaba el silencio. Espíritus, bestias, sombras antiguas… ya ni siquiera sé cómo llamarlas. He intentado devolver la flor a su lugar. Lo hice una vez, creyendo que podía revertir el daño, pero nada cambió. El mundo siguió pudriéndose igual.
La Biblioteca Nacional expone una muestra literaria creada por mujeres salvadoreñas a partir de 1930, y busca visibilizar a la mujer como inventora de letras