André del Monte llevaba varias noches sin dormir. Cuando finalmente conseguía cerrar los ojos, regresaba al campo de batalla. No importaba cuánto se alejara de aquel lugar ni cuántos caminos recorriera después de la muerte de su extraño compañero; en sus sueños volvía a ver el cerro, el humo suspendido sobre el valle y aquella criatura de seis patas que había hablado con él como ningún hombre lo había hecho en muchos años.
Les juro que jamás vi a ningún brujo, ni bruja, ni espanto, ni espectro; hasta que viví la experiencia más tenebrosa que tuve de niño. Tenía diez años y fue en una tarde de vacaciones con brisa ligera de diciembre.
“Comienza mañana.” Roxana repetía las palabras de la gerente en su cabeza y sonreía… el último éxito de reggaetón competía con el escape roto del bus por hacer el mayor ruido posible. Los pasajeros, ocupados en sujetarse para no caer en el siguiente frenazo, tienen todos la misma cara de resignación ante un mal necesario. Todos menos Roxana, quien por fin veía un rayo de luz después de la tormenta vivida en las últimas semanas.
La nueva edición bilingüe de la obra de Salarrué fue presentada en un encuentro que abordó los desafíos de traducir al inglés una de las obras esenciales de la literatura salvadoreña y las posibilidades de acercarla a lectores de otros contextos culturales.
La ceremonia de premiación reunirá a los tres primeros lugares del certamen de narrativa de terror este sábado 12 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI).
André lo encontró en la parte más alta del cerro, donde el viento parecía llegar desde todos los lugares al mismo tiempo. A esa hora de la tarde, la hierba estaba húmeda y tenía un olor áspero, mezclado con el de la tierra removida y unas flores pequeñas que crecían entre las piedras. Desde allí arriba podía verse el valle casi completo, aunque una bruma gris comenzaba a extenderse sobre las partes más bajas. Al principio Andrés pensó que aquello que permanecía inmóvil junto a una roca era una formación extraña del terreno, una especie de tronco cubierto de musgo. Después vio que respiraba.
Aquello había sido una mujer alguna vez, o al menos conservaba algo de una mujer en la estructura de la cara, en la manera de sostener la cabeza y en ciertos restos de coquetería que todavía parecían adheridos a su cuerpo como recuerdos de una vida anterior. Sin embargo, todo lo demás estaba deformado de una manera difícil de describir sin caer en palabras demasiado sencillas.
Aquel hombre también caminaba. Regresaba del trabajo cuando vio una pequeña mosca sobre la acera rodeada de la caca. Estaba inmóvil y cualquier descuido habría bastado para aplastarla. El hombre levantó el pie, la observó apenas un instante y decidió rodearla. Continuó su camino sin volver la vista atrás.
La ampliación de la convocatoria fue anunciada por la directiva de Libros para Niños, entidad que impulsa este certamen con el objetivo de fomentar la creación literaria para la niñez centroamericana y fortalecer el hábito de la lectura desde edades tempranas.
El concurso está dirigido a autores mayores de 18 años nacidos en Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Las obras deberán ser originales e inéditas, pertenecer al género narrativo, ser de tema libre y estar dirigidas a un público lector de hasta ocho años de edad.
De acuerdo con las bases, cada participante podrá presentar un solo cuento con una extensión mínima de dos páginas y máxima de cuatro. Los trabajos podrán enviarse tanto en formato digital como físico, según las modalidades establecidas por la organización.
El premio contempla la publicación de la obra ganadora por parte del Fondo Editorial Libros para Niños, además de un reconocimiento económico de 1,000 dólares como anticipo por derechos de autor. Asimismo, la persona ganadora participará en actividades de promoción de su obra durante el año posterior a su publicación.
Los organizadores señalaron que la prórroga busca facilitar la participación de un mayor número de escritores de la región y ampliar el alcance de esta quinta edición del certamen, considerado uno de los espacios dedicados a impulsar la literatura infantil centroamericana.
Libros para Niños es una organización sin fines de lucro dedicada a la formación de lectores y al fomento de la literatura infantil en Centroamérica. Fundada en Nicaragua y con sede actual en Costa Rica, desarrolla programas de promoción de la lectura y coordina iniciativas regionales como el Premio Centroamericano de Literatura Infantil.
Las bases completas del concurso y la información para el envío de las obras pueden consultarse en el sitio web de la organización. Tras el cierre de la convocatoria, se dará paso al proceso de evaluación del jurado y, posteriormente, al anuncio de la obra ganadora.
Por Juan de Dios Maya
Desde hace décadas, la literatura latinoamericana parece estar supeditada a la voluntad de las grandes trasnacionales europeas, quienes imponen su...
El puente de concreto agrietado, suspendido sobre un río que hacía décadas se había convertido en un hilo de lodo negro, era el único paso firme hacia la costa firme tras dejar la isla atrás. Andrés caminaba despacio, sintiendo el peso del maletín de lona gastada que llevaba cruzado en el pecho; allí dentro, resguardada en una caja metálica, latía la Flor de la Higuera, el único testimonio de su encuentro con la inmensa cabeza cósmica en el corazón del laberinto.
La lluvia había comenzado tres días antes de las 12:00 a.m. del 24 de junio, la noche de San Juan, y no parecía tener intención de detenerse. Caía sobre las ruinas de los caminos antiguos, sobre las ciudades-estado que aún resistían entre murallas levantadas con concreto rescatado de otro siglo y sobre los bosques deformes que crecían en los territorios donde la penumbra había echado raíces. Aquel año la lluvia tenía algo enfermizo. Los viajeros que llegaban desde el norte aseguraban que el agua desprendía un olor semejante al de las flores marchitas; los pescadores hablaban de peces encontrados muertos junto a las orillas, con las escamas cubiertas por una película gris; los más supersticiosos afirmaban que era una señal, porque cada vez que la noche de San Juan coincidía con lluvias prolongadas ocurrían cosas que más tarde nadie era capaz de explicar.
Mientras otros celebraban el progreso, él observaba la soledad. Mientras la sociedad hablaba de prosperidad, él veía miseria. Mientras los optimistas anunciaban una nueva era, él percibía el crecimiento silencioso de un vacío imposible de nombrar.
—Tuve problemas con el auto. Una llanta estalló y casi pierdo el control del vehículo. Pero cuando sentí que quedaría atrapado bajo la tormenta nocturna. Se acercó un coche y no te puedes imaginar quién venía en él.
Por Max Herrador
Estos eran un par de gigantones que andaban siempre en camada peleándose y ultrajándose entre sí. Primero aparecía uno haciendo averías, comiéndose...