Miraba a unos perritos nacidos debajo de una tarima de madera donde nuestra pastor alemán los había parido. Mi hermana y yo los observábamos porque ya comenzaban a salir de su escondite. Nuestra perra, Jacky, nos miraba mientras de fondo sonaba Bohemian Rhapsody. Fue un momento mágico de 1982, apenas un mes antes de viajar a El Salvador.
Dos semanas después de la ofensiva de noviembre de 1989 y de la desaparición de uno de sus mejores amigos, un grupo de jóvenes salvadoreños cruza la frontera hacia Guatemala buscando algo más que refugio. Entre las luces de la Zona Viva, las noches de Panajachel, conversaciones inolvidables y el descubrimiento de que la violencia también habla otros idiomas, este capítulo reconstruye un breve paréntesis de libertad antes del inevitable regreso a un país que todavía aprendía a convivir con las cicatrices de la guerra.
El mundo, antes de romperse, cabía en los límites magnéticos de un casete. Yo estaba tirado en la cama, clausurado del exterior por los audífonos de mi Walkman, dejando que el pulso nocturno y sofisticado de Tango in the Night de Fleetwood Mac me apartara de la realidad. El casete me lo había prestado Pepi, un vecino de la vuelta con un oído finísimo para rescatar joyas en medio del páramo, aunque este diamante era de su padre.
Al igual que las mujeres metapanecas que destacaron en los sucesos previos a la Independencia (1821), Graciela nació en el mismo departamento, pero en la ciudad de Santa Ana, el 13 de enero de 1920. Y murió en San Salvador el 21 de octubre de 2001.
En el ocaso de la dictadura de Somoza en Nicaragua, el coronel Pedro León Rivera Amaya fue el último responsable de las tropas presidenciales de la Guardia Nacional encargadas de la defensa de Managua, antes de sucumbir ante el avance del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1979.
"Si la pupusa, el plato típico por excelencia en la cultura salvadoreña costaba entonces un "cora", ¿cuánto costaría el frijol, el arroz, la leche, y el transporte? ¿O una compleja operación a corazón abierto?"
En este período del año no puedo evitar recordar el perfume del pan especiado con canela, nuez moscada, lleno de pasas y frutas confitadas que mi madre preparaba para vender en Navidad
Reproducción textual de entrevista al empresario hispano-cubano-salvadoreño Pedro Dalmau (ya fallecido), quien fue amigo de Fidel Castro en su infancia. Fue en la desaparecida revista Tendencias Nro 63, de 1997.
Me imaginé con 18 años, lapidada y sin Dios. Imaginé el dolor y la desesperación, la locura y el miedo bajo de una lluvia de adjetivos crueles. Imaginé una historia.