Recuerdo especialmente una tarde en que fui con Roberto Machuca a ver a las Flans. El concierto se realizó frente a la Feria Internacional, sobre una zona de césped donde habían levantado una tarima improvisada. Uno pagaba en la entrada y adentro vendían fotografías de las integrantes del grupo. No eran oficiales, por supuesto, pero igual se vendían como pan caliente. Recuerdo a Mimi, a Ilse y a Ivonne.
Las discoteca y bares de los años 80 estaban llenas de música, humo, luces de neón y gente tratando de convertirse en alguien más. Algunos querían olvidar quiénes eran por unas horas. Otros necesitaban exagerarlo todo. Y en la Zona Rosa había un personaje que aparecía constantemente: el mentiroso. El tipo que construía una versión mejorada de sí mismo para poder sobrevivir en la noche.
Entre tormentas de septiembre, billeteras prestadas, música new wave y conversaciones huecas, a veces la adolescencia confundía el amor con la obsesión y las pistas de baile con el destino. Esta es la memoria de una noche donde todo parecía posible, aunque en el fondo ya estuviera condenado a vivir unos de los momentos más
"Si la pupusa, el plato típico por excelencia en la cultura salvadoreña costaba entonces un "cora", ¿cuánto costaría el frijol, el arroz, la leche, y el transporte? ¿O una compleja operación a corazón abierto?"
En este período del año no puedo evitar recordar el perfume del pan especiado con canela, nuez moscada, lleno de pasas y frutas confitadas que mi madre preparaba para vender en Navidad
Reproducción textual de entrevista al empresario hispano-cubano-salvadoreño Pedro Dalmau (ya fallecido), quien fue amigo de Fidel Castro en su infancia. Fue en la desaparecida revista Tendencias Nro 63, de 1997.
Me imaginé con 18 años, lapidada y sin Dios. Imaginé el dolor y la desesperación, la locura y el miedo bajo de una lluvia de adjetivos crueles. Imaginé una historia.