André del Monte llevaba varias noches sin dormir. Cuando finalmente conseguía cerrar los ojos, regresaba al campo de batalla. No importaba cuánto se alejara de aquel lugar ni cuántos caminos recorriera después de la muerte de su extraño compañero; en sus sueños volvía a ver el cerro, el humo suspendido sobre el valle y aquella criatura de seis patas que había hablado con él como ningún hombre lo había hecho en muchos años.
Les juro que jamás vi a ningún brujo, ni bruja, ni espanto, ni espectro; hasta que viví la experiencia más tenebrosa que tuve de niño. Tenía diez años y fue en una tarde de vacaciones con brisa ligera de diciembre.
La Biblioteca Nacional expone una muestra literaria creada por mujeres salvadoreñas a partir de 1930, y busca visibilizar a la mujer como inventora de letras