André lo encontró en la parte más alta del cerro, donde el viento parecía llegar desde todos los lugares al mismo tiempo. A esa hora de la tarde, la hierba estaba húmeda y tenía un olor áspero, mezclado con el de la tierra removida y unas flores pequeñas que crecían entre las piedras. Desde allí arriba podía verse el valle casi completo, aunque una bruma gris comenzaba a extenderse sobre las partes más bajas. Al principio Andrés pensó que aquello que permanecía inmóvil junto a una roca era una formación extraña del terreno, una especie de tronco cubierto de musgo. Después vio que respiraba.
Aquello había sido una mujer alguna vez, o al menos conservaba algo de una mujer en la estructura de la cara, en la manera de sostener la cabeza y en ciertos restos de coquetería que todavía parecían adheridos a su cuerpo como recuerdos de una vida anterior. Sin embargo, todo lo demás estaba deformado de una manera difícil de describir sin caer en palabras demasiado sencillas.
Aquel hombre también caminaba. Regresaba del trabajo cuando vio una pequeña mosca sobre la acera rodeada de la caca. Estaba inmóvil y cualquier descuido habría bastado para aplastarla. El hombre levantó el pie, la observó apenas un instante y decidió rodearla. Continuó su camino sin volver la vista atrás.
El periodista y escritor salvadoreño fue reconocido en la categoría de Literatura Testimonial por una obra que se adentra en uno de los episodios más oscuros de la historia reciente del país.
ContraPunto se prepara para dar inicio, en las próximas semanas, a la convocatoria de una nueva etaoa de su certamen literario Voces de ContraPunto, esta vez enfocado en la narrativa de terror.
Abro sin saber que abrir implica haber estado cerrado. La luz no irrumpe, más bien se instala, como si siempre hubiera estado ahí esperando a que yo la reconociera. No hay dolor, no hay golpe que pueda recordar, solo esta certeza extraña de estar viendo antes incluso de comprender qué significa ver.
Era una mujer alta, desproporcionadamente alta para esa ciudad, rozando el metro noventa y cinco, de cabello blanco y ojos claros que contrastaban con el entorno opaco de la polis.
Últimamente, pensaba, el mundo se había puesto extraño. No era una exageración ni una frase hecha; era una sensación constante, como una corriente subterránea que lo atravesaba todo. Bastaba encender la radio, abrir un diario o simplemente escuchar a la gente en la calle para notar que algo ya no encajaba. Las noticias habían dejado de parecer excepcionales y empezaban a acumularse con una lógica inquietante, como si respondieran a un orden que nadie terminaba de comprender.
El gato se mueve mejor que yo en este lugar. Lo dejo hacer. A veces le tiro ratones vivos que encuentro en las trampas del sótano, y lo observo mientras juega con ellos antes de matarlos. No lo hace por hambre. Lo hace porque puede. Yo tampoco intervengo. Hace tiempo dejé de pensar en esas cosas como algo que deba corregirse.
En la poesía, a veces basta una imagen para abrir un mundo. Un gallo que canta al amanecer, un cenzontle que repite voces ajenas, un torogoz suspendido sobre el paisaje. De esas imágenes —y de muchas otras que nacen del territorio íntimo de la memoria y la resistencia— surgieron las 17 propuestas poéticas que este año llegaron al certamen “Voces de Contrapunto”, una convocatoria que reunió autores de El Salvador, México y Ecuador.
Zarko Pinkas | No todos los escritores describen el miedo. Algunos lo construyen desde dentro, pieza por pieza, hasta que deja de ser una emoción y se convierte en una lógica.
La noche de San Juan siempre fue mencionada en el campo con una mezcla de fe y miedo. Los viejos decían que esa madrugada el mundo se abría apenas un instante, como una puerta mal cerrada entre lo visible y lo que permanece oculto. Yo había escuchado esas historias toda mi vida, pero nunca las había tomado en serio. Hasta aquella noche en que corrí entre las sandías y sentí la respiración de la criatura detrás de mí. Desde entonces algo cambió.
La criatura estaba cubierta de escamas oscuras, tenía cuernos retorcidos y un solo ojo enorme que brillaba en la noche. Sobre su lomo no iba un jinete como los hombres montan caballos .|
El Museo de la Palabra y la Imagen recibió en custodia un conjunto de documentos del escritor salvadoreño, un acervo que permitirá resguardar y estudiar parte de su legado intelectual.
Contrapunto informa a sus lectores y a la comunidad literaria que el pasado 14 de febrero se cerró oficialmente la convocatoria para participar en el certamen “Voces de Contrapunto Poesía”.
Tras la publicación de una reseña sobre Alma de Gallo, conversamos con su autor acerca del poder casi vivo de los libros, la lectura como acto de transformación y el realismo mágico como lenguaje indispensable para narrar América Latina.