Cuando regresó a su departamento, los hombres estaban sacando los muebles.Dos cargaban el sofá por el pasillo; otro envolvía en papel de periódico los platos de la cocina. Había cajas abiertas junto a la puerta y una mujer, a la que no reconoció, revisaba los libros de la estantería. Nadie parecía sorprendido de verlo entrar. Nadie le preguntó dónde había estado.
André del Monte llevaba varias noches sin dormir. Cuando finalmente conseguía cerrar los ojos, regresaba al campo de batalla. No importaba cuánto se alejara de aquel lugar ni cuántos caminos recorriera después de la muerte de su extraño compañero; en sus sueños volvía a ver el cerro, el humo suspendido sobre el valle y aquella criatura de seis patas que había hablado con él como ningún hombre lo había hecho en muchos años.
En su discurso ”La soledad de América Latina”, Gabriel García Márquez menciona a El Salvador cuando escribe de tres dictadores latinoamericanos del siglo pasado.
Camila salió de la cárcel para hablar en el Congreso de la República y eligió hacerlo por medio de la poesía. Hace más de 30 años otro joven privado de la libertad, Uverney, también se había aferrado a la poesía para resistir. En uno y otro caso lxs acompañó Roque Dalton, poeta rebelde, muerto indócil.