spot_img
viernes, 3 julio 2026

El Pulgarcito de América revive: Julio Enrique Ávila y “El mundo de mi jardín”

¡Sigue nuestras redes sociales!

Por Zarko Pinkas

No esperaba encontrarme con la historia aquella tarde de martes, cuando un mensaje de WhatsApp de una amiga me invitaba a un evento cuyo alcance desconocía. Llegamos al Centro Cultural Español, sin imaginar que lo que nos aguardaba sería un relanzamiento de la nueva edición de un libro que había permanecido dormido casi un siglo. Allí se presentaba El mundo de mi jardín, escrito por Julio Enrique Ávila, cuya vida y legado me resultaban entonces desconocidos, y que ahora, gracias a esta reedición, volvía a abrirse al público con materiales adicionales que incluyen el texto original de 1936, El Salvador, el Pulgarcito de América, y la carta de Miguel de Unamuno.

Julio Enrique Ávila

El evento, celebrado el 19 de agosto de 2025 a las 19:00 horas, reunió a un público atento y curioso. La presentación estuvo a cargo de Marily Ávila Orozco, hija del autor, junto a José Antonio Morales Carbonell y Nelson López Rojas, director de la editorial Don Bosco, quienes relataron con cariño y admiración la importancia de recuperar este texto. Desde el primer momento se percibió que no era un relanzamiento común: era un acto de rescate cultural, un gesto de justicia histórica que permitía a nuevas generaciones asomarse al mundo de un autor que, aunque olvidado, dejó un legado profundo.

El mundo de mi jardín, publicado por primera vez en 1927, incluye secciones tan diversas como Aguafuerte, Motivos, Cuentos, La lámpara de silencio, Almas de libros y El Mensaje. La primera edición contenía una carta de Miguel de Unamuno, un testimonio de reconocimiento internacional que agrega valor histórico y literario. La nueva edición de Editorial Don Bosco incorpora además el texto original de 1936, El Salvador, el Pulgarcito de América, en el que Ávila acuña una frase que con frecuencia se le atribuye a Gabriela Mistral, pero que las investigaciones modernas confirman como suya.

La voz de Marily Ávila Orozco resonó con emoción al recordar a su padre: “¡Oh, la lucha del fuego en las cenizas!” dijo, citando palabras de Julio Enrique Ávila que bien podrían expresar el combate titánico de un poeta olvidado por seguir existiendo en la memoria colectiva y no perecer. Mantener ese fuego vivo fue posible gracias a la visión de Nelson López, quien desempolvó archivos y rescató la obra prolífica de un hombre que, desde San Miguel, nació el 4 de agosto de 1892 y falleció el 16 de noviembre de 1968.

Ávila fue mucho más que un escritor. Su vida se desplegó en múltiples dimensiones: académico, poeta, narrador, periodista, político, empresario, subsecretario de educación y ministro de relaciones exteriores. Recibió numerosas condecoraciones, entre ellas la Orden Nacional de la Legión de Honor de la República Francesa por su acción humanitaria a favor de los judíos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial, y la Gran Cruz de la Orden José Matías Delgado. Estos logros no solo muestran un perfil destacado, sino también un compromiso profundo con la humanidad y con la cultura de su país.

Durante la presentación, se destacó la famosa frase de Ávila: “El Salvador es pequeño, diminuto, por eso otrora le nombré el Pulgarcito de América. Es apenas un terroncito de tierra colocado en el centro de la esfera, pero es mi patria. Es más pequeño aún en el corazón humano y, sin embargo, es capaz de soportar las más grandes penas y de encender los más grandes amores. De allí este amor idólatra que siento por mi tierra”. Estas palabras son reflejo de un hombre que amó profundamente su país, al igual que a su esposa Lydia Orozco, Mamá Lila, la “Reina-Rosa” de sus jardines de amor, a quien dedicó versos que “quisieran ser flores y solo saben ser alma… Fuentes de alma”.

Al escuchar estas historias y citas, comprendí que El mundo de mi jardín no es solo un libro; es un testimonio vital, un reflejo de la persistencia de la literatura y de cómo las palabras pueden trascender generaciones. La frase Pulgarcito de América simboliza también la fragilidad y la fuerza de la memoria cultural: atribuida erróneamente a Gabriela Mistral, nos recuerda que los mitos y leyendas literarias pueden opacar la autoría, y que la revisión rigurosa de fuentes devuelve justicia y claridad a quienes hicieron historia.

Asistir a este relanzamiento fue más que presenciar una presentación editorial: fue un acto de reencuentro con la memoria, un despertar de curiosidad y una invitación a reflexionar sobre cómo la cultura se recupera y se preserva. La obra de Ávila nos recuerda que los libros, incluso aquellos que han permanecido dormidos durante décadas, tienen el poder de revivir, reconstruir la memoria y estimular la sensibilidad de quienes los leen. Su legado muestra que la literatura puede ser un faro que ilumina caminos de conocimiento, sensibilidad y amor por la patria.

Al salir del Centro Cultural, sentí la sorpresa y la gratitud de haber sido testigo de algo que trasciende la anécdota: un jardín olvidado que vuelve a abrirse, ofreciendo sus senderos, aromas y luces a quienes estén dispuestos a recorrerlos. El relanzamiento de El mundo de mi Jardín es un recordatorio de que la cultura no se extingue mientras haya manos dispuestas a desempolvarla, ojos dispuestos a leerla y corazones dispuestos a sentirla. Julio Enrique Ávila, poeta, académico y ciudadano ejemplar, vuelve así a caminar entre nosotros, recordándonos que la memoria literaria es un jardín que merece ser cuidado y compartido.

También te puede interesar

Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

Últimas noticias