André del Monte llevaba varias noches sin dormir. Cuando finalmente conseguía cerrar los ojos, regresaba al campo de batalla. No importaba cuánto se alejara de aquel lugar ni cuántos caminos recorriera después de la muerte de su extraño compañero; en sus sueños volvía a ver el cerro, el humo suspendido sobre el valle y aquella criatura de seis patas que había hablado con él como ningún hombre lo había hecho en muchos años.
Les juro que jamás vi a ningún brujo, ni bruja, ni espanto, ni espectro; hasta que viví la experiencia más tenebrosa que tuve de niño. Tenía diez años y fue en una tarde de vacaciones con brisa ligera de diciembre.
Siguió caminando, tratando de repetirse que no estaba loco, que las calles de noche deformaban a cualquiera. Pero entonces, al pasar frente a una cafetería, escuchó voces.
Redacción ContraPunto
"Hay escrituras que no se quedan quietas: migran, atraviesan fronteras y regresan convertidas en una memoria distinta."
— Sobre la obra de Carlos Santos
Hay...
Soñó con su abuela. Una luz tenue iluminaba una habitación que nunca existió, cálida y silenciosa, y su voz arrullaba los recuerdos de un tiempo que no podía tocar. Le hablaba del gólem, un guardián de barro que, en los tiempos oscuros, había protegido a su pueblo y les había dado luz.
El lanzamiento del libro “Dentro de la voz”, de la poeta salvadoreña Amada Libertad, marcó el cierre de la duodécima edición del Festival Internacional de Poesía que lleva su nombre.
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