Fui a comprar un galón de pintura, una brocha y un rascador para mi gata, pero terminé descubriendo que la ferretería Vidri del bulevar Constitución, en San Salvador, tiene tres habitantes felinos. Entre alfombras, muebles y cajas registradoras, estos gatos parecen disfrutar de una vida bastante cómoda, desplazándose con tranquilidad y durmiendo a sus anchas mientras los clientes hacen sus compras.
Cuando me di vuelta vi a un hombre de unos veinticinco años, aproximadamente de mi edad, con una barba espesa y negra, un sombrero ladeado y un rifle antiguo. Me dijo con acento portugués :