spot_img
martes, 13 octubre 2026

Los gatos de Vidri: entre mostradores, pinturas, muebles y siestas sin preocupaciones

¡Sigue nuestras redes sociales!

Zarko Pinkas |

Fui a comprar un galón de pintura, una brocha y un rascador para mi gata, pero terminé descubriendo que la ferretería Vidri del bulevar Constitución, en San Salvador, tiene tres habitantes felinos. Entre alfombras, muebles y cajas registradoras, estos gatos parecen disfrutar de una vida bastante cómoda, desplazándose con tranquilidad y durmiendo a sus anchas mientras los clientes hacen sus compras.


Ya había visitado anteriormente la ferretería Vidri, sobre el bulevar Constitución, y en alguna ocasión había visto a uno de sus gatos. Sin embargo, aquella primera vez el encuentro no despertó demasiado mi curiosidad. No sabía que eran tres ni que los felinos se movían con tanta naturalidad por las distintas áreas del establecimiento.

Esta vez llegué con una lista de compras bastante doméstica: un galón de pintura, una brocha para pintar y un juguete para mi gata, de esos que le permiten rascarse las uñas. Pero, entre los artículos que buscaba, apareció algo que terminó llamando más mi atención que cualquier herramienta: los gatos de la ferretería.

Decidí preguntar. Fue así como supe que eran tres y que uno de ellos solía permanecer en la parte exterior del establecimiento. Lamentablemente, durante mi visita no conseguimos verlo, de modo que la pequeña expedición fotográfica terminó con dos de los tres protagonistas.

Y vaya si tenían personalidad.

Uno de ellos descansaba sobre la alfombra de la zona de muebles. Su pelaje oscuro, salpicado de manchas anaranjadas, contrastaba con el verde de la superficie sobre la que se había acomodado. Tenía los ojos entreabiertos y esa expresión felina que parece decir que uno puede mirar, fotografiar o pasar cerca, siempre que no se le ocurra interrumpir una siesta que, a todas luces, considera merecida.

La escena era tan natural que costaba imaginar que aquel espacio formaba parte de un negocio en plena actividad. Mientras los clientes recorren los pasillos y los trabajadores atienden sus responsabilidades, el gato parecía haber encontrado un pequeño territorio propio en el que descansar sin demasiadas preocupaciones.

Pero la historia no terminaba allí. En la zona de caja esperaba otra protagonista, una gata que descansaba sobre el mostrador, entre computadoras, papeles y los equipos utilizados para atender a los clientes. Fue precisamente a la cajera a quien le pregunté si podía tomarle una fotografía.

La respuesta de la felina, al menos ante la cámara, no pareció demasiado entusiasta.

La gata miraba directamente al objetivo con una expresión severa, casi de enojo, como si la sesión fotográfica no figurara entre sus actividades favoritas. No sabemos si estaba molesta por la interrupción de su descanso o si simplemente esa es su manera habitual de mirar el mundo. En cualquier caso, su rostro aportaba una dosis de humor a la escena.

Hay gatos que parecen posar para las fotografías y otros que hacen sentir al fotógrafo que está siendo sometido a una evaluación. Esta última parecía pertenecer, sin ninguna duda, al segundo grupo.

Le pregunté también a la cajera por el tercer gato. Me explicó que solía permanecer en la parte exterior del establecimiento, aunque durante aquella visita no tuvimos la suerte de encontrarlo. Así que la familia felina quedó representada únicamente por dos de sus integrantes, mientras el tercero conservaba el misterio de sus recorridos fuera de la ferretería.

Los tres, sin embargo, parecen compartir una existencia bastante cómoda. A juzgar por su aspecto y la tranquilidad con la que ocupan distintos espacios, no dan la impresión de vivir bajo el estrés que caracteriza a buena parte de la actividad humana. Se desplazan sin apuro, encuentran lugares donde echarse y descansan con una confianza que solo puede despertar cierta envidia entre quienes deben cumplir horarios, resolver problemas y correr de un lado a otro.

Por supuesto, no conocemos todos los detalles de su vida cotidiana ni podemos afirmar cómo transcurren sus jornadas cuando nadie los observa. Pero basta aquella pequeña escena para imaginar que la ferretería se ha convertido en un territorio familiar para ellos, con rincones donde dormir y espacios por los que circular libremente.

Quizá esa sea la parte más simpática de la historia. En un establecimiento dedicado a los objetos que sirven para construir, reparar y mantener una casa, estos gatos han encontrado algo que no aparece en ningún catálogo: un lugar que parecen sentir como propio.

Y mientras los clientes buscan soluciones para sus hogares, ellos parecen haber encontrado la suya. Una alfombra para dormir, un mostrador desde el cual observar a los humanos y la libertad de moverse con tranquilidad por los espacios que conocen.

Al final, salí de Vidri con mis compras, pero también con fotografías y una historia que no estaba en mi lista de pendientes. Había llegado buscando pintura, una brocha y un rascador para mi gata, y terminé descubriendo que en aquella ferretería había tres felinos con sus propios rincones, sus costumbres y una aparente afición por las siestas prolongadas.

Porque a veces la vida cotidiana regala historias sencillas que merecen ser contadas. Y pocas escenas resultan tan elocuentes como la de un gato que duerme plácidamente mientras el mundo continúa trabajando a su alrededor.


También te puede interesar

Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

Últimas noticias