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jueves, 05 de agosto del 2021

Pedro Pablo Castillo el prócer negro

En la independencia centroamericana está ausente el pueblo. Ladinos y criollos si bien fueron los sectores que impulsaron los cambios que terminarían en la creación de la república, los segundos al tomar el control del movimiento y optar por una revolución no violenta, borraron de la historia a miles de mestizos (mezcla de africano e indio) e indios que fueron los verdaderos motores de los cambios. En el acta de 1821 se consuma la burla de la voluntad popular cuando en el acuerdo 1 de ese documento expresan: «… el señor jefe político, la mande a publicar para prevenir las consecuencias que serian terribles, en el caso que la proclamase {la independencia} de hecho el mismo pueblo». Es un mal heredado en el parto de la patria actuar de espaldas de las mayorías. Los sucesos acontecidos (y más afamados) desde el 4N al 20D de 1811 fueron en realidad una traición al movimiento popular de parte de los ahora llamados «próceres» de la independencia.

Muy poco se habla del 24 de enero de 1814 cuando de forma espontanea ladinos e indios de San Salvador se alzaron contra el régimen opresivo. Cansados de la represión y arbitrariedades del grupo para militar «Voluntarios Honrados de Fernando VII» y de la anulación dos veces de las elecciones de parte de las autoridades coloniales y, que, sus partidarios habían perdido ganándoles los republicanos.

El representante de la corona española en San Salvador, José María Peynado comenzó una campaña hostil contra las alcaldías que no le eran afines esta terminó arrestando a varios opositores políticos acusándolos de subversivos. El pueblo con los ánimos caldeados después de haber repetido tres veces para gusto de los españoles las elecciones veían como sus alcaldes eran apresados injustamente y comienzan a reunirse en las calles para reclamar la libertad de los presos. Los criollos intentaron hacer la misma trampa (plegarse a la corona) a las masas que habían hecho en 1811. Contrario a ellos, comienza a destacar oportunamente de entre la plebe Pedro Pablo Castillo, afro-descendiente, alcalde segundo de San Salvador que con lenguaje rudo convence a las masas que no hay que claudicar ante los españoles y en lugar de negociar como lo proponían Manuel José Arce, Santiago José Celis, Domingo de Lara y Juan Manuel Rodríguez se le hiciera un ultimátum a Peynado: libertad a los presos y desmantelar al cuerpo represivo Voluntarios de Fernando VII. En caso de no acceder habría una revuelta popular y todas las autoridades serian aniquiladas por el poder popular.

Los criollos entreguistas se sorprendieron ante el ímpetu de Pedro Pablo Castillo que gozaba de la credibilidad entre indios y ladinos que asustados formaron una comisión para ir hablar con el intendente para asegurarle que las masas estaban enojadas y que la rebelión era indetenible. El intendente libera los presos pero no desmantela a los Voluntarios de Fernando VII. Los criollos tratan de convencer a Pedro Pablo Castillo que mire la buena voluntad del intendente y que desista de la revuelta pero el alcalde del pueblo mira en el gesto de liberación de los detenidos políticos una debilidad de las autoridades coloniales y amenaza con la toma popular de San Salvador y da pasos en esa dirección. Construye barricadas y cierra las entradas de la ciudad alistando al pueblo con piedras para contener a las tropas españolas. Este arrojo de los alzados ganó la moral a los Voluntarios de Fernando VII quienes fueron desarmados.

Traicionado por Miguel Delgado, Manuel José Arce, Santiago José Celis, Domingo de Lara y Juan Manuel Rodríguez que no solo lo abandonaron sino que infundieron miedo y derrotismo entre el pueblo de lo inútil que era luchar contra la corona española Pedro Pablo Castillo que estaba comandando la revuelta desde la antigua iglesia San Francisco huye ayudado por los padres Aguilar (únicos que se mantiene leales) quienes lo disfrazan de cura para que pueda salir de San Salvador y terminar exilado en Jamaica, isla bajo el dominio británico y donde la inquisición española no podía alcanzarlo.

Corolario:

Los mencionados ahora como próceres de la patria una vez derrotada la protesta contra la colonia y la monarquía que encabezó Pedro Pablo Castillo para exculparse no dudaron en echarla toda la responsabilidad al ausente y expresar como lo demuestran los juicios que se llevaron a cabo por los sucesos de 1814 su lealtad a la monarquía española.

La narrativa histórica impulsada desde los regímenes militares y por las elites salvadoreñas colocó en el altar patrio a personajes que no llenan la alta calidad de próceres. Pero que si se ajustaban al modelo de dirigente que ellos eran, al construir esos «próceres» en realidad estaban reflejándose ellos, una manera disimulada de presentarse como los dignos continuadores de una gesta que nunca hicieron y, que si bien existió los «próceres» creados se la robaron a verdaderos héroes como Pedro Pablo Castillo el primer inmigrante por motivos políticos salvadoreño. Una historia que se repetirá a lo largo de los 200 años que llevamos como república. 

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