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miércoles, 12 de mayo del 2021

Ley de conservación del poder

                               Oh
                               ligarquí­a
                               ma
                               drasta
                               con marido asesino
                               Roque Dalton

El periodo de posguerra civil salvadoreña terminará cuando se haga efectiva la alternancia polí­tica en el poder ejecutivo, después de finalizado el conflicto armado. Así­ sea un proceso cuya sucesión se realice en periodos largos de veinte años o breves quinquenios entre elección y elección. De lo que tengo certeza es que esta relación dialéctica consolidará el proceso y develará la solidez o porosidad de los proyectos de los partidos polí­ticos sistémicos.

Si bien es cierto, la guerra significa muerte temporal en la historia de largo alcance; también es cierto que de las cicatrices en la memoria, de las contradicciones ideológicas y del tiempo que protagonizamos veinticinco años después de la firma del acuerdo de paz, surgen nuevas contradicciones y reverdecen antiguos recuerdos de hace cien años, previo al colapso del capitalismo en la década de los veinte y al suceso trágico de 1932.

De acuerdo con los datos tangibles constatados en la realidad salvadoreña de hoy, los protagonistas de las contradicciones de clase no se crean, ni se destruyen solo se transforman. Porque aunque parezcan palabras chuscas y desgastadas, la oligarquí­a y la burguesí­a perfuman los aires de la polí­tica partidaria y tensionan las contradicciones de clase; quedando como interrogante, qué ocurre con el conglomerado de obreros, campesinos y subempleados, que siendo las mayorí­as, funcionan como “radical libre” en este campo de fuerzas.

En la metáfora de la ley de la conservación de la materia, utilizada en el párrafo anterior, debemos tomar en cuenta que los especialistas de las ciencias naturales, también advierten que se debe tener en cuenta la existencia de las reacciones nucleares (en este caso los partidos polí­ticos mayoritarios), en las que la masa (conglomerado de pobres) se modifica de forma sutil; y además la suma de masas produce reacciones sorprendentes en la quí­mica (como en la sociedad).

Los partidos polí­ticos salvadoreños del presente son una representación de la configuración ideológica de las clases sociales del siglo XX. Esta correspondencia se mantuvo coherente hasta que la modernidad colapsó. En sí­ntesis, la representación de las ideas e intereses económicos oligárquicos republicanos y nacionalistas, se confrontó con la representación de las ideas e intereses económicos populares que lucharon para la liberación nacional, los cuales se han ido quedando huecos, porque en la realidad no se corresponde la retórica con la práctica cotidiana.

En este tablero de ajedrez polí­tico salvadoreño el asunto se complejiza en la medida que los ayudantes, que históricamente han puesto la espalda para sostener las estructuras verticalistas, entraron en contradicción con los caballos que portan las albardas cargadas de billetes, para patrocinar a los jinetes y alfiles que sustituyen al rey y a la reina a la hora de ejercer el poder y cobrar los dividendos de semejante sacrificio.

Por un lado caballo, jinete y rey se disputan el protagonismo en el bando oligárquico de derecha; por el otro, la contradicción ideológica entre los hábitos burgueses con el discurso popular también se tensionan. El problema en la polí­tica salvadoreña de este perí­odo de posguerra es que ha entrado a un momento enrarecido, pues desde hace una centuria no veí­amos representantes del poder oligárquico compitiendo por un cargo en la batalla electoral partidaria y, si oligarquí­a es, por definición, el gobierno, el poder o el dominio de pocos en su propio beneficio y sin consentimiento popular, resultará interesante observar cómo se activan las contradicciones de clase social, ideas, intereses económicos y origen étnico en la coyuntura que se avecina.

José Luis Escamilla
José Luis Escamilla
Columnista Contrapunto

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