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martes, 19 de octubre del 2021

Reflexión para personas precandidatas

Posiblemente la intención de algunas personas postulantes para acceder a legisladoras en la Asamblea Legislativa, no solo sea la codicia del buen salario, de las prestaciones y demás que se obtienen en el cargo, puede ser que sus intenciones también sean, aportar con sus conocimientos a establecer las leyes que sean adecuadas y necesarias para resolver los problemas nacionales.

Por supuesto me refiero a principiantes que se probaran en la política; porque de los y las veteranas que han hecho del ejercicio legislativo su modo de vivir y de ascender en la escala económico-social ya tenemos, de sobra, evidencia de su modo de ejercer la política, por ejemplo, aceptando sobre sueldos, tratos preferenciales, recompensas por defender leyes de intereses particulares, aun cuando vayan en contra de los intereses comunitarios, etc. etc. y etc.

En nuestro medio los partidos políticos son como una especie de empresas lucrativas en donde muchos de sus dirigentes y los allegados al círculo de conducción se reciclan en los cargos, dándoles limitada oportunidad a la diversidad de correligionarios, se aferran a dichos cargos para participar de las ganancias, entre más fuerza política tenga un partido más y mejores financistas tendrán, quienes posiblemente busquen disponer de los votos necesarios para arreglos no de beneficio nacional sino particular o empresarial.

L a reflexión está encaminada a que las personas que aspiran a una diputación entiendan que por muy buenas intenciones que Uds. tengan, si el partido que los postula no ve la obtención de beneficios políticos y/o de otra naturaleza, en sus intenciones no los apoyara porque detrás de los partidos, hay diversos poderes facticos que les mantienen la institucionalidad partidaria para mantenerse en el juego político y a Uds.  los marginaran como ya ha sucedido.

Ahora bien, si vuestras intenciones no son solo discursivas, tienen que tener además de los requisitos señalados en el art.126 de la Constitución, el valor de aferrarse al art. 125, también de la Constitución, que dice: “Los Diputados representan al pueblo entero y no están ligados por ningún mandato imperativo. Son inviolables y no tendrán responsabilidad en tiempo alguno por las opiniones o votos que emitan”; por supuesto que corren el riesgo de que el partido postulante no les vuelva a proponer, si no quieren que eso pase, entonces tendrán que ser obedientes representantes del partido y no del pueblo.

Pero si pretenden ser quienes nos representen tienen que, no solo leer la constitución sino estudiarla para que puedan sustentar adecuadamente los argumentos que respalden leyes de interés nacional como, por ejemplo, la ley del agua, reformas justas de pensiones y otras que están obstaculizadas por mandato tácitos o expresos de poderes facticos.

Tampoco deben olvidar que son integrantes de un órgano de poder de una República Laica, característica que garantiza la libertad de las personas a tener la creencia religiosa que les parezca, ello implica que el Estado no gobierna para determinados grupos sino para la generalidad de la población que es diversa y en donde se debe respetar la separación entre el poder terrenal del Estado y el poder sobrenatural y/o espiritual de las iglesias.

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