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domingo, 28 de noviembre del 2021

Más miel y menos vinagre

En un momento de mi vida cuando tuve un conflicto laboral con una persona intratable, un buen amigo me dijo: “hay que atrapar las moscas con miel y no con vinagre”. Comencé a dialogar y a repensar sus propuestas y a ignorar las ofensas. Laboralmente las cosas pasaron de estar estancadas por los bloqueos de la persona a marchar bien. Con miel y no con vinagre.

Los tres poderes del estado se han comportado como la persona de mi historia. Hay propuestas del ejecutivo que tienen sentido pero por querer demostrar que el que tiene la razón es el legislativo, se bloquean sin mucho miramiento. Y así, los políticos se dicen cosas y se acusan mutuamente por puro berrinche.

¿Acaso no hemos aprendido de naciones civilizadas a continuar con las ideas buenas y desechar lo que no sirve? Aquí parece que usamos vinagre, quinina y hiel para tratarnos. No se trata de deshacer todo lo que hicieron las administraciones anteriores porque no es del agrado de alguien, se trata de continuar lo bueno y rectificar lo malo. Islandia, por ejemplo, a pesar de su aislamiento, tiene una continuidad política envidiable. Claro, ellos tienen la democracia parlamentaria más antigua del mundo y tuvieron que haber aprendido a convivir. ¿Será que nosotros tenemos que cometer los mismos errores de otros para rectificar nuestro rumbo?

Es menester consensuar las medidas que nos afectan a todos. Es fácil para mí decir que prefiero trabajar desde casa pues soy más productivo y no tengo que lidiar con el tráfico. ¿Será que los vendedores de cocos o los lustrabotas pueden decir lo mismo? No.

El consenso y la amabilidad son dos cualidades necesarias. Y no solo en la política, en nuestra vida diaria, nos falta empatía, nos faltan amigos. Mientras más amigos se tengan, menos conflictos habrá. “Si todos se dieran las manos, ¿quién tendrá tiempo para sacar las armas” —rezaba un letrero que vi hace años. Seamos menos territoriales, si alguien puso una bolsa en tu cesto de basura, ¡en horabuena! Si alguien se estacionó muy cerca de tu auto en el parqueo comunitario, ¡agradecé que no está golpeado!

Tengo altos grados académicos, he escrito varios libros, se me ha publicado en diversos países… pero cuando me presento lo hago con mi nombre y sin título alguno. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha” —dijo Jesús. El restregarle a la gente que soy tal y tal persona y molestarme porque no me llamen “doctor” no me hace mejor persona. La sed de endiosamiento, de alabanza y de crédito hacen que los logros se te suban a la cabeza y te precipiten a tomar decisiones a la ligera. Y no es solo de Bukele, sino de todos los que de alguna forma están involucrados con una figura pública. “Dejá que la calle te dé la fama” —era una de las máximas favoritas de mi madre cuando me auto adulaba y enumeraba mis virtudes.

Es bueno tener hospitales modernos, Señor Presidente. Haber sido el disruptor de izquierda-derecha en la política salvadoreña será para la historia, pero seguir machacando que los mismos de siempre dejaron los hospitales en mal estado no ayuda para tener amigos y no se puede gobernar si todos están en tu contra. Todos sabemos que los mismos de siempre han dejado muy mal el país, pero lo que queremos oir es que se está haciendo para corregir el rumbo. Hay que dejar los ataques para las marzo del otro año. Trabajemos todos juntos por un El Salvador mejor, más solidario, más equitativo y menos indiferente.

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