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lunes, 17 de mayo del 2021

Educación virtual y teletrabajo ¿oportunidad o desigualdad?

Un virus ha puesto de cabeza nuestra forma de vida. El COVID- 19 no solo nos ha obligado a estar en cuarentena, sino nos reta en muchos aspectos de nuestra vida diaria que antes no nos imaginábamos, pero que ahora ante este contexto que cada día nos supera, nos coloca ante la necesidad de replantearlas.

Uno de esos elementos es el mayor uso de las nuevas tecnologías, como pasar de los colegios y escuelas a la educación virtual. El cual trae muchos beneficios pero también grandes retos. Así como el llamado teletrabajo que implica mucha disciplina y una cierta flexibilidad peligrosa para los derechos conquistados en el área laboral, justamente en el marco de la aprobación la Ley para el Fomento y Regulación del Teletrabajo por parte de la Asamblea Legislativa.

Pero en este texto, más allá de reflexionar sobre las ventajas y desventajas que como sociedad tenemos en el marco de las nuevas tecnologías de la comunicación e información como el acceso, la brecha digital, la capacidad crítica de las y los usuarios entre otros; quisiera traer a la mesa un punto que casi no se ve, o queremos no ver, y es ¿cómo en estos momentos de crisis se profundizan las desigualdades de género? cualquiera me podría acusar de extremista, pero solo quiero que reflexionemos en lo siguiente:

Mientras se extiende las medidas de cuarentena en el país cientos de colegios y escuelas han optado por la educación virtual. Lo que implica un sin número de tareas y actividades que pretenden que las y los niños no “pierdan el año”. Dejando a fuera que muchas de estas deben ser realizadas en compañía de un adulto, culturalmente, la madre. La cual debe al finalizar su jornada laboral mentorar a sus hijos e hijas, sobre todo, a los más chicos.

Esta actividad genera una carga adicional a las mujeres. Por supuesto, esto teniendo en consideración que cuenten con el equipo electrónico para realizar las tareas: computadora, internet en casa, scanner y demás. Pero cuando esto mínimo para la educación virtual falla, son las madres las que de ciber café en ciber café buscan con un papel escrito a lápiz las tareas de sus hijos e hijas. Por supuesto, siguen siendo ellas las responsables casi únicas del fracaso o éxito escolar.

Mientras aquellas que tienen la “suerte” de realizar teletrabajo. Quedarse en casa no significa para nada un paraíso. Estar comprometidas con su trabajo y al unísono con las responsabilidades del hogar le implica un sobre esfuerzo y carga emocional. Esto sin ponernos en los zapatos de aquellas que trabajan en el área informal y que sin más, deben buscar el pan de cada día.

A estos retos le podemos sumar uno más: la violencia. Según el informe anual de hechos de violencia contra las mujeres del Sistema Nacional de Datos, Estadísticas e Información de Violencia contra las Mujeres solo en el 2018 se registraron 21, 299 hechos de violencia contra las mujeres, datos que según el mismo informe debe ser multiplicado por 5 ante el sub registro y la falta de denuncia.

En el caso de la violencia sexual, menciona el informe, las victimas rondan de los 0 a 80 años y más, con énfasis en los 10 a 19 años, siendo las principales víctimas de este flagelo las adolescentes. Son los días martes, miércoles, jueves y viernes en horas diurnas donde los hechos de violencia ocurren con mayor frecuencia. Mientras la violencia física, solo en el 2018 se recibió 17,978 denuncias con un fuerte énfasis en mujeres de edades entre los 20 a 29 años y alzas de los 30 a 59 años.   

Ante este escenario, las oportunidades que brindan las aulas virtuales y el teletrabajo solo evidencia las desigualdades en el reparto de tareas domésticas que aún cargan casi en su totalidad a las mujeres. Así como el peligro que significa el confinamiento en uno de los lugares con más riesgos sexuales y físicos: sus propios hogares.

Sin duda es necesario que como sociedad nos unamos y brindemos espacios seguros a las mujeres, niñas y adolescentes. La denuncia ante los hechos de violencia contra las mujeres y la necesidad de generar procesos para la paridad en la tarea domestica no puede esperar, ni retroceder si pretendemos que la “modernización” de nuestro país sea una realidad.

Johana Peña
Johana Peña
Columnista Contrapunto

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