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martes, 27 de julio del 2021

Cuando los insultos florecen

Contra falsos pronósticos, descalificaciones e innumerables insultos de sus opositores, el candidato del partido Nuevas Ideas (NI), Nayib Bukele, el pasado 3 de febrero, resultó electo Presidente de la República de El Salvador, para el perí­odo 2019-2024, completando su fórmula como Vicepresidente el abogado Félix Ulloa.

Con más de 1 millón 300 mil votos obtenidos, el presidente electo Bukele, de 37 años de edad -acaso el más joven en la historia salvadoreña- se impuso en primera vuelta a sus contendientes Carlos Calleja, de ARENA; Hugo Martí­nez, del FMLN, y Josué Alvarado, de Vamos, en una contienda en la que -también como dato inusual en elecciones anteriores- logró el triunfo en los 14 departamentos. Fuerza de los candidatos, su equipo de campaña, sus electores y, especialmente, del valioso aporte de los salvadoreños en el exterior.

Triunfo de la razón sobre la sinrazón, si se toma en cuenta, sobre todo, la falta del verdadero acercamiento y contacto constante, que siempre han ofrecido los partidos tradicionales a la población; mientras, a la inversa, algunos dirigentes de sus cúpulas -no todos, por supuesto- “trabajan” más por el interés personal y de grupo, que por los problemas del paí­s. Y si acaso hay algún acercamiento, este se da únicamente en época de elecciones. El pueblo -cansado- lo sentenció: ya no hay razón, ni cabida -dijo- para más engaño, demagogia, corrupción…

Y algo que agravó más el descontento, fueron algunas frases desafortunadas de esta campaña contra el entonces candidato Bukele, de parte de los candidatos opositores y, especialmente, de sus seguidores, algunos descompuestos en su lenguaje y su proceder.

Acres comentarios, burdas descalificaciones, falsas acusaciones penales, epí­tetos insultantes… suficientes como para ofender los sentimientos de una sociedad digna de todo respeto.

Y grave también, al atentar contra la dignidad de la familia…. y contra los posibles votantes, sin percatarse entonces de que, más que para Bukele, los insultos eran para quienes, el 3 de febrero, serí­an el Un Millón 300 mil votos que dieron el triunfo arrasador al ahora presidente electo; es decir, a la mayorí­a electora del pueblo salvadoreño, que ahora -con toda propiedad- está pasando la factura a sus detractores… ¡A veces, los insultos florecen…!

Esa parte de la campaña causó indignación, aún en ciudadanos sin participación en NI. En mis columnas periodí­sticas, lo comentaba:

“Desde una mirada realmente fraterna -escribí­ entonces- no comparto los editoriales, artí­culos periodí­sticos, entrevistas, u otras maneras de expresión pública, de emisores cuya trayectoria informativa/o de opinión se ve desprestigiada, por emplear recursos comunicacionales reprochables, en medio de una campaña polí­tica, desatinada y hasta insultante…”. (Contrapunto, 31 de enero/19).

Puntualmente también, durante la reciente campaña electoral, algunos medios de Comunicación Social (MCS), especialmente los impresos, evidenciaron alejamiento de los principios de veracidad e imparcialidad, exigidos por la sabidurí­a y el compromiso de lealtad periodí­stica con la sociedad, lo cual siempre será poner en riesgo su credibilidad. Los grandes MCS están en su total derecho de publicar lo que deseen, según su lí­nea editorial; pero también, al ignorar los principios de veracidad e imparcialidad, pierden credibilidad y el derecho de autodenominarse los más veraces e imparciales.

Esta realidad, evidentemente, se generalizó en varios MCS… y, de manera puntual, protagonizaron acres cuestionamientos: diputados, analistas, editorialistas, columnistas, presentadores de TV (estos con mal disimulada intención de desestabilizar al entrevistado, sin lograrlo)… todos poniendo en riesgo su trayectoria y rebajando su prestigio, cuando “con lenguaje inapropiado, descalifican al polí­tico que les es desafecto, hasta con insultos y epí­tetos de odio insuperable; aunque, a veces, el descalificador resulta ser el descalificado…” (Contrapunto, 25 de enero/19).

Ningún comentario o sugerencia sin compromiso partidario, sobre frenar los impulsos y moderar el lenguaje, fueron atendidos, lo cual es muy comprensible, puesto que ya resultaban incontrolables e imposibles de atender, dado el fragor de la campaña.

Ojalá que pronto los actos de confrontación vayan quedando atrás, aunque son y serán lógicos remanentes de descontento, ira o frustración de algunos, por los resultados no deseados.

Como todo, el trago amargo pasará y las aguas de la concordia y armoní­a, volverán a su nivel. Las nuevas ideas y efectivas acciones se unirán, al inicio de una nueva era presidencial con Bukele y Ulloa, en ruta hacia el logro del paí­s que todos anhelamos, a pesar de nuestras fraternas diferencias…

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