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viernes, 22 de octubre del 2021

Reeducación vial integral

Por Nelson López Rojas

Impera la necesidad de movilizarnos en nuestra urbe de casi tres millones de personas. El sistema público de transporte no da abasto en las horas pico, aparte que uno se expone a que le saquen la cartera o, peor, que haya un accidente por el mal estado de los buses. Por ello, cada mañana el salvadoreño promedio sueña con manejar por su cuenta. Pero, ¿podemos manejar? ¿Sabemos interpretar las señales de tránsito?

Aplaudo la iniciativa del viceministerio de transporte en entregar las placas metálicas de las motocicletas únicamente a quienes tengan licencia de conducirlas. Las estadí­sticas son horribles: el 80% de los motociclistas que han fallecido en tránsito no tení­a licencia. Y los números no mienten, pero pensar que tan solo con tener licencia se van a solucionar tantos siniestros, es iluso. Se requiere una re-educación vial integral.

Que hay una falta de respeto al sistema vial, la hay; que los motoristas particulares o de los colectivos violan el reglamento, lo hacen; que hay borrachos que prefieren exhibir su machismo a designar a un conductor sobrio, los hay; que la gente no usa la lógica ni las zonas peatonales para cruzar las calles, también pasa; que las rastras se estacionan en las carreteras a descansar, lo hacen. Mucho de esto no es con mala intención, sino que se debe a un desconocimiento generalizado de cómo manejar y punto. Mucho de esto se debe también a que no hay consecuencias cuando se comete una falta. No se trata de hacer más leyes, sino de hacer cumplir las que ya están.

Cuando expongo el reglamento a los Uber, amigos o familiares me miran con desconfianza y hasta con asombro como si lo que yo les digo fuera una novedad. Las mismas preguntas se las hago a ustedes, amables lectores: ¿Sabí­an que el carril de la derecha es para manejar y el izquierdo es para rebasar? ¿Sabí­an que una continua lí­nea amarilla indica que no se puede pasar? ¿Sabí­an que el cinturón no es solo para que no le impongan una multa sino para salvar su vida en caso de accidente? ¿Sabí­an que si la acera está pintada de amarillo no se debe estacionar? ¿Sabí­an que si el semáforo está en verde, pero hay tráfico al otro lado de la calle, no debemos obstaculizar el cuadrante? Y hasta, ¿sabí­a que las lí­neas blancas peatonales no son simple decoración?

Sé que para algunos estas preguntas parecerán inútiles, pero si usted vio alguna con asombro, es necesario repasar el manual de tránsito.

La solución no es agregar más túmulos, más pasarelas, más restricciones para que los buseros no se excedan con la velocidad, más policí­as de tránsito… porque si en Chicago no existen las pasarelas ni los túmulos en las ví­as preferenciales y los conductores sí­ respetan los lí­mites de  velocidad o el conducir en sentido contrario, ¿cuál es la diferencia? Ambas ciudades tienen una población similar, pero es sabido que allá sí­ hay consecuencias.

Entonces, el manejar con conocimiento nos llevará a entender las reglas del juego; el jugar teniendo reglas claras nos llevará a respetar las normas de convivencia, a respetar al peatón, a ceder el paso, a no manejar a altas velocidades, a convertirnos en mejores ciudadanos.

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