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¿Quién te quiere bien?

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Hay que "forjar un movimiento de víctimas demandantes que dé vida al sujeto social capaz de derrotar a su enemigo".

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Por Benjamín Cuéllar Martínez

“Mi santa madre me lo decía: ‘Cuídate mucho, Juanito, de las malas compañías’. Por eso es que a mis amigos los mido con vara rasa. Los tengo muy escogidos; son… ¡lo mejor de cada casa!”. Esos consejos del “retirado” pero vigente Serrat, los sigo a rajatabla. Y en el 2023 no será la excepción, tras más de cinco décadas de intentar ser coherente y consecuente con mi deber asumido conscientemente: estar junto a la gente “humillada y ofendida” por los poderosos sin importar signo, color o bandera. Escogerla y tenerla de amiga, desde esa perspectiva, es un lujo que también me acarrea decidir quiénes son mis enemigos. Obviamente aquellos que le han hecho y le continúan haciendo daño a ese pueblo burlado, elección tras elección, por carroñeros intereses favorecedores del mal común y ‒en consecuencia‒ contrarios al bien común.

Bien decía Ellacuría que este último “es de hecho un ideal”, pero “también una necesidad” para que se dé “un comportamiento realmente humano”. Sin embargo, lo que existía entonces en El Salvador era ‒escribió el jesuita cinco meses antes de su martirio‒ “un mal reconocido que afecta a la mayor parte de las personas”. Y “algunos sacan provecho de ese mal común”; ello, aseguró, los “hace malos en un sentido más profundo”. Por eso son malos y enemigos aquellos que antes, durante y después de la guerra han generado y solapado el daño estructural e histórico hecho al país que afecta a sus mayorías populares, no permitiéndoles disfrutar el bien común anhelado pero perpetuamente alejado.

Así, lo ocurrido a lo largo del año recién finalizado no se salió del libreto establecido desde que acabó la guerra. Es más, se profundizó el pésimo rumbo de una comarca tan nocivamente conducida a partir de 1992. No faltarán los dedos flamígeros señalándome como lo peor y las voces iracundas condenándome por no reconocer que ‒a diferencia de “los mismos de siempre”‒ el “bukelato” casi ha hecho del salvadoreño el territorio más “tranquilo” del mundo. Sinceramente, no deja de hacerme sentir bien que muchas familias no hayan perdido un ser querido por la violencia criminal pandilleril. Pero, sabiendo cómo se ha logrado, me limitaré a repetir la sabia y consabida expresión: “Pan para hoy y hambre para mañana”.

Lo nuevo del 2022 comenzó el último fin de semana de marzo cuando fueron asesinadas, en tres días, casi noventa personas. En su mayoría, no pertenecían a maras. El primero de enero de ese año, Mauricio Arriaza Chicas ‒director general de la Policía Nacional Civil‒ declaró que el anterior había sido el más seguro “gracias al Plan Control Territorial”. Pero ese baño de sangre reveló lo falso de eso. Fue así que, a partir de entonces, implantaron el régimen de excepción contemplado en el artículo 29 de nuestra Constitución y va para largo. 

A mediados de diciembre del 2022, Rodolfo Delgado –fiscal general nombrado por Nayib Bukele a través de su bancada y demás comparsas legislativas– certificó que las personas detenidas durante los entonces ocho meses y medio de vigencia del citado régimen superaban las sesenta mil; de estas poco más de dos mil habían sido liberadas, según la también impuesta procuradora para la defensa de los derechos humanos.

Eso declaró Raquel Caballero de Guevara, quien también sostuvo que se crearían mesas de trabajo integradas por –además de la languidecida “defensoría del pueblo”‒ la corporación policial y el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública junto a la Fiscalía General de la República; agregó que procesarían a los funcionarios que violen derechos humanos. No tengo porqué creerle a esta burócrata reciclada; menos al verla sentada y sometida ante Bukele ‒al lado de Osíris Luna entre puros hombres policías, soldados y fiscales‒ un día después de haber sido nombrada para ocupar de nuevo el cargo.

En lo que sí creo es en la lucha popular. Cerrar el año con la captura de la “novia de Soyapango” –impresentable alcaldesa hasta hace unos días– es muestra de que su impulso resuelto y corajudo puede provocar cambios necesarios, que no es algo imposible y que debemos comenzar a forjar un movimiento de víctimas demandantes que dé vida al sujeto social capaz de derrotar a su enemigo. Porque enemigo, según la Real Academia Española, es quien se opone a alguien o a algo. Lo son, entonces, los que le niegan al pueblo el bien común. Que ahora no se dé cuenta mucha gente, nos indica por dónde debemos empezar: por abrirle los ojos a esa que no ve la realidad real. Para ello tenemos una gran aliada –precisamente esa realidad real– que poco a poco se encargará de que entienda lo que debe entender, para que aprenda a reconocer quién le quiere servir y quién la quiere joder.

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Benjamín Cuéllar Martínez
Benjamín Cuéllar Martínez
Salvadoreño. Fundador del Laboratorio de Investigación y Acción Social contra la Impunidad, así como de Víctimas Demandantes (VIDAS). Columnista de ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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