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martes, 26 de octubre del 2021

Por unas horas realmente fuimos felices

"Las redes sociales son adictivas como un Xanax tecnológico y WhatsApp es el grillete moderno, es una forma de control efectiva en el capitalismo actual", opina Gabriel Otero.

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Por: Gabriel Otero


Para Aldair, Sofi, Steph, Yu

 y el profesor Gerardo

Grabábamos los talleres de pintura para la programación de octubre, la locación era el tronco hueco de un ahuehuete caído. Si el árbol era imponente muerto, en vida debió hacerles cosquillas a las nubes.

Yu escaló el tronco de más de tres metros con su presteza juvenil, cámara en mano buscaba una toma cenital jamás lograda en nuestras filmaciones, una grúa era impensable para lo limitado de nuestro equipamiento. Sofi, la creativa, tenía una idea clara de lo que quería, el profesor Gerardo debía emerger entre las sombras para pintar sus trazos macabros.

Steph dirigía, su mirada crítica siempre ha sido un componente fundamental en nuestros experimentos visuales y el rigor que la calidad exige. Aldair cantaba la claqueta, se escuchaba el tres, dos, uno y acción para después ubicarse detrás de cámaras.

Yo tomaba fotografías de ellos concentrados, de inmediato intenté subir en mi muro de Facebook una instantánea del equipo de producción y otra del story board del profesor Gerardo, eran las 11:00 de la mañana.

Los guiones de dibujos son clarificadores y maravillosos, aunque por facilidad y vocación prefiero escribirlos, son ejercicios de la palabra unida a la imagen y el resultado suele ser bastante satisfactorio. 

Vi la pantalla del móvil y las fotografías no se cargaban, me pareció raro, mi extrañeza creció al no recibir mensajes de WhatsApp, algo pasaba, la señal es deficiente en algunas partes del bosque.

Regresé a una edificación cercana a verificar que todo estuviese en orden, y efectivamente, el teléfono y el internet funcionaban. Caminé y me reencontré con el equipo de producción. Estaban en pausa y vi a Steph con el celular “se cayeron WhatsApp, Instagram y Facebook” me dijo, “pero todos nos mudamos a Telegram” reafirmó con un gesto.

Las redes sociales son adictivas como un Xanax tecnológico y WhatsApp es el grillete moderno, es una forma de control efectiva en el capitalismo actual.  Es la comunicación plana con emoticones, lo único gracioso es el universo de memes utilizado como artillería de respuestas para toda ocasión.

WhatsApp también tiene su lado amable, reduce las distancias físicas y comunica en tiempo real, se pueden mandar videos, fotografías, y mensajes de voz, es una gran ventaja hablar con mi hermano en Barcelona y escribirle a mi hermana en San Salvador, pero no en un lunes en el que todo Chapultepec parecía nuestro.  

Y la grabación continuaba, el profesor Gerardo manipulaba con destreza los pinceles, plasmaba seres oníricos amorfos con tintes rojos y negros, era la hipnosis de sus dedos mientras explicaba sus técnicas.

Nadie nos interrumpió durante esa mañana y parte de la tarde, ningún mensaje laboral transgredió la intimidad creadora, los celulares sirvieron para lo que fueron hechos, salvo para un par de tomas fotográficas y algunos audios.

A las tres, Sofi cerró la sesión corriendo con la cámara hacia el suelo para simular una persecución y por unas horas sin redes sociales de por medio fuimos realmente felices.

A veces la tecnología tiene matices delirantes.

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Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.
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