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miércoles, 04 de agosto del 2021

Dos letras

“Toda persona tiene derecho a la vida…” Así­ inicia el segundo artí­culo constitucional salvadoreño, dentro del cual también se garantiza a toda la población su derecho al honor. No hay dónde perderse o, más bien, no deberí­a haberlo. Pero acá, la Carta Magna no alcanza a ser más que un borrador mí­nimo de aspiraciones y mandamientos que solamente deben respetar quienes menos tienen: las mayorí­as populares. Entre quienes tienen todo, minorí­a privilegiada, ¿por qué y para qué? La impunidad imperante lo permite. Que conste: entre esta última categorí­a hay gente buena; con “categorí­a”, entendida esta como dignidad propia por ser respetuosa de la del resto.

¿Por qué citar esos preceptos constitucionales? Porque esta presunta reflexión, la provocó un hecho que ha sido noticia impactante y generó abundantes comentarios. Un abogado, empleado de la Corte Suprema de Justicia, murió atropellado este viernes 27 de enero. Temeraria e inmediatamente, sin información ni reflexión, el encargado de las comunicaciones presidenciales ‒Eugenio Chicas, alias “Marquitos” durante la guerra‒ se lanzó al ruedo y salió al “quite” afirmando que la ví­ctima era… “indigente”.

Es entendible que haya dado la cara y hablado, pues el vehí­culo y el motorista responsable del percance son parte del stock del Ejecutivo; pero lo hubiera hecho con inteligencia, decoro y ‒principalmente‒ verdad. Además, oficioso señor Chicas, ¿acaso un indigente no es gente? ¡Ay, ay, ay! ¿De qué madera hicieron a quienes han conducido este paí­s desde hace 25 años? Son la encarnación del “Malamén”, que no es un villano de pelí­cula; quien reza el padrenuestro, ruega a Dios que nos libre de eso.

A estas alturas, se conoce ampliamente la denuncia de la esposa del fallecido. Este, José Rafael Zelaya González de 58, salió del campo a la ciudad y se licenció en Derecho; fue el único profesional de entre 8 hermanos. Asimismo, son muchos los comentarios llenos de indignación que ha generado el hecho en su conjunto, desde las sospechas de haber sido manipulada la escena del accidente hasta las declaraciones del vocero oficial de Casa Presidencial. No es necesario repetir, pues, lo que ya se dijo.

Mejor recordar unas lí­neas del reciente mensaje del papa Francisco, ese que celebra su cumpleaños con indigentes, para la 50 jornada mundial de las comunicaciones sociales. El Pontí­fice llamó a quienes “tienen responsabilidades institucionales, polí­ticas y de formar la opinión pública”, a estar “siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores”.

¡Qué oportunas e iluminadoras! Chicas insinuó además que el error fue del muerto, por no haber cruzado la calle por una pasarela que ‒según se ha dicho‒ no existí­a. ¿Cuántas de sus declaraciones anteriores sobre, por ejemplo, los “logros” oficiales habrán estado reñidas con lo que el obispo de Roma predica? “Marquitos” no es indigente, pero está cerca. Dos letras lo separan. Actuó y se mostró, al menos en este caso, como un indecente. Por eso, la familia de la ví­ctima no lo disculpó.

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