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martes, 07 de diciembre del 2021

Por nuestro derecho al agua

Retos y oportunidad del subsector agua potable y saneamiento en El Salvador

El 27 de noviembre Enlaces de las Asociaciones de Consumidores y Consumidoras de El Salvador –ENLACES y el Centro para la Defensa del Consumidor –CDC presentó, en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” –UCA, el estudio “Análisis y propuestas del Sub Sector Agua Potable y Saneamiento” en el foro “Por una mejora en el acceso y calidad del servicio de agua potable y saneamiento”, en el cual presenté los retos y oportunidades para la institucionalidad del subsector.

Previo a desarrollar los retos y oportunidades, destaco la importancia de generar estudios basados en la evidencia que propicien el debate en la ciudadaní­a, para que incidan en polí­ticas públicas destinadas a reducir las desigualdades. Organizaciones como Oxfam han insistido que la base para avanzar hacia el desarrollo humano es una interacción virtuosa entre una ciudadaní­a activa que participa, propone y vigila, y las instituciones del Estado responsables, transparentes y abiertas al diálogo con todos los diversos sectores de la sociedad.

Para analizar los retos y las oportunidades para la institucionalidad del subsector, es menester hablar del contexto en el cual se desarrolla: Según la Organización de Naciones Unidas –ONU “la escasez de agua afecta a más del 40 por ciento de la población mundial, una cifra alarmante que crece con el aumento de las temperaturas globales producto del cambio climático. Aunque 2.100 millones de personas han conseguido acceso a mejores condiciones de agua y saneamiento desde 1990, la decreciente disponibilidad de agua potable de calidad es un problema importante que aqueja a todos los continentes. En 2011, 41 paí­ses experimentaban estrés hí­drico; 10 de ellos estaban a punto de agotar su suministro de agua dulce renovable y ahora dependen de fuentes alternativas. El aumento de las sequí­as y la desertificación ya está empeorando estas tendencias. Se estima que al menos una de cada cuatro personas se verá afectada por escasez recurrente de agua para 2050. Con el fin de garantizar el acceso universal al agua potable segura y asequible para todos y todas en 2030, es necesario realizar inversiones adecuadas en infraestructura, proporcionar instalaciones sanitarias y fomentar prácticas de higiene en todos los niveles. Si queremos mitigar la escasez de agua, es fundamental proteger y recuperar los ecosistemas relacionados con este recurso, como los bosques, montañas, humedales y rí­os. También se requiere más cooperación internacional para estimular la eficiencia hí­drica y apoyar tecnologí­as de tratamiento en los paí­ses en desarrollo”, sin embargo los avances son lentos y necesitan mayor

Según la CONASAV “las aguas superficiales como subterráneas han sufrido un fuerte deterioro. Los acuí­feros de San Salvador y de la planicie costera central han sido sobreexplotados. Algunos acuí­feros de la zona costera occidental se encuentran salinizados, producto del mal manejo, lo que ha provocado su abandono; en tanto, su sobreexplotación ha obligado a perforar pozos a mayor profundidad.

En la polí­tica nacional del medio ambiente del año 2012, ya se menciona que “aunque la precipitación anual supone una importante oferta hí­drica, la disponibilidad real de agua es baja y escasea a nivel local debido a la pérdida de la capacidad de regulación e infiltración del agua, el grave deterioro de la calidad del agua y la creciente variabilidad climática, que ha derivado en grandes cambios en la distribución espacial y temporal de las lluvias”. Una fortaleza se ha convertido en amenaza.

Estudios de calidad de agua realizados por el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador –MARN muestran que de 55 rí­os monitoreados en el paí­s, ninguno tiene una calidad excelente. El 73% estaba en condiciones “regulares”, el 17% en “malas” y el 5% en “pésimas” y su deterioro continúa. Su caudal se pierde sobre todo en la época seca, especialmente en la zona norte del paí­s, la cual depende de zonas transfronterizas.

Según el MARN, en el írea Metropolitana de San Salvador –AMSS se descargan 3.56 metros cúbicos de aguas residuales por segundo. La Administradora Nacional de Acueductos y Alcantarillados -ANDA solo gestiona los sistemas de alcantarillado del 28.24% de los municipios, y la cobertura en el tratamiento de aguas residuales es aproximadamente del 10%. Por esa razón, el recurso hí­drico está siendo impactando en cuanto a cantidad y calidad, reduciéndose las oportunidades de utilización segura para diferentes actividades. De las 10 regiones hidrográficas, al menos 8 presentan altas concentraciones de coliformes fecales y fenoles.

En mayo de 2016, el Relator Especial de la ONU sobre el Derecho Humano al Agua Potable y Saneamiento señaló en su informe que “más de 600 mil personas en El Salvador no tienen acceso a ningún tipo de servicio de agua potable y saneamiento, ni siquiera a través de la recolección de aguas lluvias. Además, más de un millón de personas solo tienen acceso a un servicio deficiente de agua, donde no se garantiza su potabilidad. En la zona rural, la situación es aún más crí­tica. Mientras que el 34% de los hogares rurales tienen acceso a agua potable, en el área urbana es más del 90%”.

El tiempo diario de recolección de agua aumentó en media hora en promedio, en comparación a un año sin sequí­a, siendo la mujer sola o acompañada de un niño o niña quienes tienen la responsabilidad en el 90% de los hogares. Al tener que almacenar el agua (en pilas, barriles…), esta situación produce otros problemas como el aumento de la proliferación del zancudo en un 47%.

Según opiniones expertas, El Salvador se encuentra cercano al estrés hí­drico. Pero este estrés hí­drico no está determinado por la ausencia de agua, sino por su uso inadecuado e indebido, por la falta de inversiones para su protección, por el trato desigual a su acceso, por una gestión poco eficiente y por la falta de legislación que regule su uso. En sí­ntesis, el estrés hí­drico no resulta de la falta de agua sino del uso exclusivo y excluyente del agua.

La actual composición de la prestación del servicio de agua potable y saneamiento, en el ámbito nacional, es injusta; mientras en la ciudad el agua es subsidiada por el Estado a familias de altos ingresos, en las zonas rurales mujeres, niños y niñas "subsidian" con el tiempo dedicado a recolectar agua para sus familias, tiempo que deberí­an dedicar a estudiar y a la diversión, para su pleno desarrollo.

Otro reto es reconocer que el agua potable no es infinita y que su disponibilidad depende de decisiones polí­ticas. Latinoamérica es una región con escasez de agua en medio de la abundancia, El Salvador no es la excepción. Otro reto es reconocer constitucionalmente el agua como un derecho humano y no como una mercancí­a, y por tanto, la institucionalidad debe estar en consonancia con ello; la ONU en su resolución 64/292, del 28 de julio del 2010, reconoció explí­citamente: el Agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna y cada persona tiene el derecho a disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, fí­sicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico. Los Estados y organizaciones internacionales deben proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnologí­a para ayudar a los paí­ses, en particular a los paí­ses en ví­as de desarrollo, a proporcionarlo.

Otro reto es reconocer que las personas tienen derecho a ser escuchadas – alzar la voz para decidir. Una de las maneras más eficaces de combatir la pobreza es brindar apoyo a las personas vulnerables para que puedan participar en la toma de decisiones que les afectan, reclamar sus derechos y exigir aquello que justamente les corresponde. Esto requiere de un espacio seguro para poder expresarse, acceso a información fiable y la oportunidad de, junto a otras personas, hacerse oí­r. Las comunidades, sobre todo aquellas más vulnerables a la variabilidad climática, deben tener acceso a información sobre la gestión del agua en sus territorios y conocimientos de cómo enfrentar las afectaciones de estos desastres en caso de emergencias, así­ como gestionar el agua en el fortalecimiento de su resiliencia. Debe facilitarse el acceso a tecnologí­as que les permitan optimizar el recurso agua, mejorar el saneamiento, reciclar las aguas grises, reducir la escorrentí­a superficial.

La buena noticia es que se puede cambiar la tendencia y tenemos la gran oportunidad de conseguir, que hombres y mujeres gocemos del derecho al agua potable y al saneamiento para una vida digna, organizarse para participar en la toma de decisiones, elevando el derecho al agua y el saneamiento a un rango constitucional y que sea el Estado el rector y garante de este.

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Documentos consultados.
• CONASAV. Plan El Salvador sustentable, primera edición, marzo de 2018.
• Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, Rí­o de Janeiro en 2012.
• GOES. Polí­tica Nacional Del Medio Ambiente 2012, 30 de mayo de 2012.
• MARN. Estrategia Nacional de Saneamiento Ambiental 2013, 1 de junio 2013.
• MARN. Informe Nacional del Estado del Riesgo y las Vulnerabilidades 2017, octubre del 2017.
• OXFAM. Privilegios que niegan derechos, Desigualdad Extrema y Secuestro de la Democracia en América Latina y El Caribe, septiembre 2015.
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