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jueves, 05 de agosto del 2021

Nuestro día de la raza

El día de la raza en nuestro país debería celebrarse el 22 de enero, fecha del calendario occidental donde se registra la última batalla que dieron los indígenas, contra el régimen criollo que los oprimía, para preservar sus escasos bienes y los restos maltrechos de su cultura. Esa última batalla no la dieron contra los españoles sino que contra los blancos y mestizos que relevaron a los españoles en el dominio de estas tierras. No fue un español, sino que un mestizo –el general Martínez– quien lideró la última batalla de la conquista contra los nativos.
Como ya se sabe, nuestras representaciones de esa historia –la del 22 de enero de aquel año– son un turbio y sangrón baile de máscaras. El mestizo que aplastó a los indígenas patrocinó, con ayuda de los discípulos perdidos de Masferrer, una ideología nacional popular (copiada de la revolución mexicana) donde los mismos indígenas que acababan de ser masacrados eran parte sustancial de “la identidad iconográfica nacional”.
Esta sangrante disociación entre la realidad y la ideología populista que hacía de los nativos una vigorosa señal de identidad instaló la hipocresía como verdadero rasgo identitario de los salvadoreños. Así es como condenamos la conquista española al mismo tiempo que desvalorizamos a los indígenas de carne y hueso que sobrevivieron a la masacre del 22 de enero de aquel año.
Actualmente, suavizado en sus asperezas y debidamente modernizado, el racismo colonial español goza de buena salud entre los blancos y mestizos que dominan las jerarquías y los destinos de nuestra sociedad.

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