miércoles, 11 de mayo del 2022
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Ni Putin ni Zelenski* *Apología de la paz*

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"Bases militares de EEUU y La OTAN vienen cercando a Rusia en sus fronteras. Zelinski arma a la población civil; pide aviones, tanques y armas para “defender” a su país; y solicita el ingreso inmediato a la Unión Europea": Por Faber Cuervo Economista

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Por Faber Cuervo Economista

–Universidad de Antioquia-.

Provocaron tanto hasta que lo lograron. Poderosos gobiernos de Occidente acosaron, acusaron y acorralaron al Oso Siberiano. Lo enfurecieron, ahora esgrime sus zarpas. Lo empujaron hacia la guerra. Ahí la tienen de nuevo, como si ella fuera una necesidad de la humanidad. Como si hiciera falta otra diversión en los canales televisivos: más morbo, pánico, discursos de odio. La verdad es que sí necesitan la guerra para mover la economía, para ajustar el orden mundial, para vender armas y sumar alianzas.

Volodímir Zelenski y Vladimir Putin, presidentes de Ucrania y Rusia, son los protagonistas de esta novela con un reparto extenso. Un ex comediante muy coqueto con la Unión Europea y la OTAN. Y un practicante de artes marciales, conservador y muy crítico con los errores políticos de sus antecesores. Ambos son descendientes de los pueblos eslavos orientales, de una tradición cultural rica en historia, arte, literatura, arquitectura, música: la fenecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS-.

Por lo tanto, herederos del primer país donde se ensayó otro sistema económico político que pretendió sustituir al capitalismo. Zelenski, dirige a Ucrania, un país hermoso, con ciudades de magnifica arquitectura, cuya capital Kiev es más antigua que Moscú, la capital de la Federación Rusa. El territorio de Ucrania tiene mucha historia, cultura y arte. País generoso con los inmigrantes; muchos profesionales extranjeros trabajan allí; alberga estudiantes de distintos continentes. Es potencia agrícola. Dispone de energía nuclear. No aplaudimos ni al agresor, ni al agredido en este conflicto, tampoco las acciones que atizan más la guerra Rusia – Ucrania.

No les importa la vida de sus pueblos. Condenamos los ataques de Rusia porque mueren civiles y militares de ambos países. Deben detenerse los ataques, sentarse todos los involucrados, entre ellos los actores secundarios (gobiernos de EEUU y Europa), para aclarar qué quiere cada uno, e impedir un escalamiento hacia una Guerra Mundial. Putin justifica su agresión con razones de defensa y seguridad.

Los EEUU y sus aliados de la OTAN dicen que es un ataque no provocado. La verdad que empieza a conocer el mundo es que esa invasión sí fue provocada. Bases militares de EEUU y La OTAN vienen cercando a Rusia en sus fronteras. Bases de EEUU son desplegadas en Asia Meridional, en el sudeste asiático, en el litoral Pacífico, en Latinoamérica. 750 bases a miles de kilómetros de EEUU… ¿fines defensivos? Y el periodismo occidental grita: “Putin es una amenaza para el mundo”.

Pero nada dice de aquellas bases que intimidan países y continentes. Es que también existen invasiones de primera, segunda y tercera categoría. Las de tercera son invisibles para Occidente (Vietnam, Yugoeslavia, Afganistán, Irak, libia, siria); mientras que las de primera (Ucrania) hacen elevar el grito a los cielos. Y se devela que la atención a lofatas refugiados depende de su color de piel, y del Ingreso Per Cápita de sus países de origen.

Los ucranianos son recibidos con todas las garantías por Polonia, Hungría y Rumania, países que tienen guardas fronterizos que impiden la entrada de inmigrantes africanos y asiáticos, acosados por la miseria y el hambre.

El presidente de Ucrania prestó su país para jugar a los intereses expansionistas de Occidente, sabiendo el riesgo que corría dado el compromiso de la OTAN de no involucrarse en los países limítrofes con Rusia. Ucrania estaba en el camino de adherirse a la Unión Europea y la OTAN, lo cual pondría los misiles de la alianza occidental a cinco minutos de Moscú, amenazando la integridad de la Federación Rusa. Zelinski también permitió la violación de los derechos humanos, la persecución y matanza de la comunidad ruso parlante, habitantes de la región del Donbas en el suroeste del país. Su cercanía a Europa y hostilidad hacia Rusia, permitió que fuera utilizado para crear esta guerra entre hermanos. Ucrania era una de las repúblicas soviéticas disgregadas en 1991. Ahora, hundido su país en una carnicería y destrucción, posa de héroe, y los dirigentes de Europa lo ponen como ejemplo a seguir.

Zelinski arma a la población civil; pide aviones, tanques y armas para “defender” a su país; y solicita el ingreso inmediato a la Unión Europea; también pide dejar de importar crudo de Rusia y endurecer las sanciones económicas contra este país. Es decir, echa más leña a ese fogón que humea en el bello país ucraniano. Sigue el libreto de la guerra en la que venía empeñado con sus socios occidentales. No le importa sacrificar a su pueblo, no le importa que ese conflicto escale a una guerra orbital. El comportamiento de este presidente no puede ser ejemplo, máxime que la contención de Rusia a tantas provocaciones durante más de 20 años, era la crónica de una guerra anunciada. Europa no ha valorado a Rusia, país que se ha comportado más como un socio económico europeo proveedor de hidrocarburos, y no como una amenaza para su seguridad.

Hoy no habría guerra en Ucrania si este país hubiera cumplido el Protocolo de Minsk -2014- , en el que se comprometía a no perseguir a la comunidad parlante rusa de la región del Donbas. Si no hubiera masacrado ciudadanos de Luhansk y Donetsk. Si el gobierno de Ucrania junto con el de EEUU hubieran votado contra la resolución antinazi promovida por la ONU en 2021. No habría guerra si EEUU y su instrumento la OTAN, hubiesen cumplido con los acuerdos post caída de la antigua URSS, en que se comprometían a no avanzar sus bases militares hacia el este de Europa. No la habría si hubieran escuchado los reclamos de Rusia durante décadas.

No la habría si EEUU no hubiera minado a Europa con armas nucleares que amenazan la paz mundial. No la habría si la OTAN fuera una organización defensiva y no expansiva para intimidar supuestos enemigos, invadir países, matar sus presidentes, saquear sus recursos naturales. No la habría si la humanidad estuviera mejor informada, si los medios de comunicación no callaran ante las atrocidades y crímenes de una OTAN imperialista.

Italia y Alemania envían armas a Ucrania. No han aprendido de su propia historia. Vivieron en su territorio dos conflagraciones pavorosas. ¿Por qué se dejan arrastrar a nuevas aventuras bélicas? ¿Cómo permiten ser instrumentos de una superpotencia que los usa para desestabilizar, invadir y robar países? Si Europa es la cuna de valores como la fraternidad, la igualdad y la libertad. Dicen ayudar al pueblo de Ucrania; sin embargo, lo arrojan a la hoguera. No han dejado su mentalidad colonialista. Apoyaron invasiones a pueblos indefensos a los que la “Comunidad Internacional” ignoró.

Pueblos de tercera que tenían materias primas. Ahora, despotrican de los bombardeos de Rusia sobre Ucrania; nunca condenaron los bombardeos sobre Irak, Libia, Siria, y los palestinos. ¿En qué ha evolucionado la humanidad? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? Si seguimos aplaudiendo la aniquilación de la vida que es sagrada. Si matamos la esperanza, la inocencia. ¿En qué se diferencia el presente instrumentalizador de hoy con respecto al pasado colonialista?

Los gobiernos del mundo apoyan a Ucrania o a Rusia. Lo hacen por cálculo político y económico, no por defender la vida de los pueblos. La paz no es tan rentable como la guerra. Occidente capitalista, desbordada en codicia, le ha apostado a la rentabilidad de la guerra, al acaparamiento de recursos naturales, al cambio climático, a la imposición de mercados y venta de armas en países destruidos. Esa lógica opera en los bloques que se disputan la supremacía económica. El capitalismo imperante va de guerra en guerra destruyendo los tejidos sociales de los pueblos. El régimen mundial de competencia y rapacidad construyen sigilosamente tentaciones para la confrontación.

La guerra siempre estará a punto de saltar en el borde de cualquier noche. Las luchas imperiales están más vivas que hace 2.000 años. La debacle duerme en las entrañas del sistema capitalista. La unión no existe en ningún continente. Europa no es la Unión Europea sino la Desintegración Europea. Sólo la une el intercambio comercial, el turismo cultural, la alianza militar (OTAN). Con el conflicto en Ucrania varios de sus políticos empiezan a reaccionar y a culparse los unos a los otros por dejarse dominar de EEUU

Si Rusia logra sus objetivos en Ucrania, nace un nuevo orden mundial en forma de reequilibrio geopolítico. Ya los EEUU y la OTAN no podrán seguir su voracidad hacia el Oriente. EEUU tendrá una contención en su manía de fabricar guerras en territorios lejanos, evitando que ocurran en su propio suelo. Les quedara más difícil crear guerras para vender armas, y una vez logrado que se maten entre otros, entrar para “salvar” esos países. Pocos creerán la acusación eterna de que Rusia es el agresor. Rusia es otro país capitalista, gran competidor de los países capitalistas de Occidente.

Cuando era comunista hizo un gran sacrificio que salvó a la humanidad de una pesadilla. Fueron los rusos los que doblegaron a Hitler. Esa hazaña costó la vida de 20 millones de soviéticos. Putin dice que no quiere repetir el error de dejarle coger ventaja a un nuevo Hitler. Indudablemente, la motivación principal del actual asalto ruso sería adelantarse a una amenaza que implica la instalación de bases de la OTAN en Ucrania; pero, no se descartan otros planes como la salida del presidente Zelenski, la anexión de territorio, el control de centrales nucleares.

La democracia, la libertad y la paz son los pilares de la estabilidad de las naciones. Sin ellas el mundo no camina con alegría. Cualquier atropello a ellas vulnera la tranquilidad regional y mundial. Quienes más han actuado contra la guerra son las personas, las víctimas y las organizaciones civiles que han denunciado oportunamente todos los acontecimientos que empujan a la guerra. Desde que existen armas nucleares, el mundo ha estado a un clik en un botón para convertirse en polvo radioactivo.

Y estos botones están a la mano de una única ideología que controla todo el orbe: la codicia capitalista. La representa EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, China, India, Paquistán, Irán, Corea del Norte. Los más poderosos de estos países son imperialistas. Biden representa el capitalismo corporativo multinacional, Putin el capitalismo oligarca ruso. En el mundo no existe ni comunismo ni socialismo. Sólo hay capitalismo.

El problema central de la humanidad va más allá de trilladas discusiones entre izquierda y derecha, entre capitalismo y comunismo (que no existe). El desafío consiste en cómo evitar que cualquier gobernante con poder nuclear le dé por hundir el botón. Aquí es donde aparecen los movimientos antiguerra. Se adelantan a cualquier suceso que pueda motivar al escalamiento del conflicto. Los pacifistas saben que cualquiera de ellos puede hundir el botón. Pero también saben que quienes más empujan en esa dirección son los EEUU, quien ha logrado integrar a 30 países en la OTAN, los controla y los arrastra a cometer provocaciones, invasiones, crímenes, saqueos de riquezas.

El mundo está lleno de hipocresía, ingenuidad, cobardía, complacencia, falsos pacifistas, injusticias, engaño, desinformación. El mundo indolente y desconocedor de la historia también es culpable de que estemos a puertas de una conflagración mundial. Pero la verdad empieza a emerger en las entrañas de los poderosos. El parlamentario alemán Petr Bystron acaba de decir a sus colegas en el Deutscher Bundestag que “Es la OTAN la que se acercó a las fronteras de Rusia, y ¿cuál es el precio de ello? Ahora, hombres y jóvenes mueren, ucranianos y rusos. Y en el plano geopolítico empujaron a Rusia a los brazos de China. Rusia siempre fue un gobierno europeo. Los rusos lo advirtieron hace 15 años en este lugar, en el Bundestag alemán.

En el 2007, Putin ofreció una arquitectura común de la seguridad en Europa, pero ustedes dijeron no. Ustedes ignoraron todas las advertencias, y el resultado de esto es una guerra en Europa y ustedes también son culpables”. En términos similares, se manifestó el candidato a la presidencia de Francia, Jean Luc Melenchon. Dijo que “desde el 2014 vengo repitiendo una y otra vez que Rusia no se dejará humillar durante mucho tiempo si seguimos empujando a la OTAN en sus fronteras, que es un peligro que nunca aceptarán. La postura política que me propongo encarnar si soy presidente de la República Francesa es el no alineamiento porque creo que es la condición para la paz. La OTAN es el campo de los derrotados, de los que no cumplen su palabra, que abandonan a la gente en el camino, ¡no se puede confiar en ellos!”

Se comprende la preocupación del político alemán, de que Rusia se vaya con China, porque eso significa que se separa la integración fluida de las economías europeas con Rusia. ¿Cómo no calcularon esto los gobiernos de la UE? ¿Cómo se dejan arrastrar a algo que era previsible y se podía neutralizar? El conflicto no sólo afecta económicamente a Rusia, a Europa también, y vaya de qué forma.

La gran mayoría de habitantes de Occidente sólo condenan al “demoníaco” Putin. Saludan las sanciones económicas, morales, deportivas, y las resoluciones de las Naciones Unidas. Llaman a apoyar militarmente a Ucrania. O sea, se hace apología de la guerra. El periodismo usa adjetivos calificativos, no contextualiza, alaba el heroísmo de Zelenski, el envío de armas, la formación de defensas civiles, las sanciones financieras a Rusia. Se demuestra una vez más, el fracaso de la razón, la subvaloración del periodismo preventivo. Se azuza la guerra, unos a favor de Occidente, otros a favor de Rusia.

La propaganda de los Miedos de Comunicación convirtió el periodismo en mercenarismo mediático, que alienta a los consumidores a alinearse con Zelenski y aislar a Putin. No hay que alinearse con ninguno. La alineación debe ser con la vida, la paz y la prosperidad de Ucrania y Rusia. El apoyo debe ser tanto a los ucranianos como a los rusos que se oponen a la guerra y se declaran en desobediencia civil. Los pueblos del mundo deberían apostar hacia un mundo sin OTAN, sin bases militares intimidantes, sin amenazas expansionistas de ningún país, sin chantajes de los ricos hacia los pobres, sin hambre, sin racismos ni xenofobias, en democracia y libertad. Ni ocupantes invasores, ni ejércitos agrediendo a su propio pueblo. Nada para la guerra, todo para la vida digna.

“No hay naciones. Sólo hay humanidad. Y si no llegamos a entender eso pronto, no habrá naciones, porque no habrá humanidad”, dijo alguna vez Isaac Asimov, ese gran escritor de ciencia ficción.

Faber Cuervo
Feber Cuervo: Economista y ensayista colombiano, especialista en temas medio-ambientales, y políticos.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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