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"No menos erróneo sería suponer que un examen crítico del camino seguido hasta ahora por la Revolución Rusa debilitaría el respeto hacia ella o la fuerza de atracción que ejerce su ejemplo [...]": Rosa Luxemburgo.

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Por Wilmar Harley Castillo Amorocho


No menos erróneo sería suponer que un examen crítico del camino seguido hasta ahora por la Revolución Rusa debilitaría el respeto hacia ella o la fuerza de atracción que ejerce su ejemplo […]

La revolución rusa. Rosa Luxemburgo


Al principio era escéptico cuando escuchaba la frase “las cosas pasan por algo”. Porque la presunción del azar me generaba, y genera, malestar, pues en la historia de la humanidad, nada ha pasado por asunto del azar. Ahora encuentro otro sentido a esa frase, ya que ciertos autores/as han llegado a mis manos en momentos oportunos para encontrar elementos políticos y teóricos que ayudan a agudizar el olfato y la vista en estos tiempos de cambios. Aunque ya había escrito sobre ella, Rosa Luxemburgo volvió a aparecer como caída del cielo.

Las palabras de Rosa en sus textos La Revolución rusa, la mujer trabajadora y ¿Reforma o Revolución?, son una crema de eucalipto frotada en el músculo lastimado. En estos días de puyas, denuncias, críticas entre diferentes actores del campo izquierdoso del progresismo colombiano incluyendo a quienes se encuentran en puestos de representación pública (1), han aparecido posiciones encontradas, ricas en argumentación y sentimiento para meterlas en la mochila de la reflexión, como parte del momento histórico que pasamos en esta nación tropical. Siempre con el ánimo de mejorar de manera colectiva.

La crítica hacía cualquier componente (organización social, partido político, ley, institución, práctica cotidiana, problemática, sujeto específico, etc.) en un proyecto de sociedad-otra, no se traduce automáticamente en ataques destructivos, ni anti-revolucionarios, por algo el principio de la crítica-autocrítica está presente en la construcción del proyecto de sociedad-otra, para ir corrigiendo los errores que se van cometiendo en el fatigoso y hasta misterioso caminar revolucionario. Porque somos humanos y como tales cometemos faltas, no hay ser vivo perfecto, además aquella sociedad-otra, se compone de un 30% del sistema-mundo a desaparecer y el resto lo conforma la creación vital naciente.

En este sentido, si entre el diverso campo de la izquierda y del progresismo aparecen críticas, parten de la voluntad de construir bien lo que colectivamente asumimos como proyecto de sociedad, no es para dañar o destruir la imagen de alguien. Si este llega a ser el caso, demostrado con investigación exhaustiva, créame que el responsable de los ataques destructivos responde a los intereses de los ricos que están buscando siempre la caída del proyecto de sociedad-otra que nace sobre la destrucción de sus privilegios de clase. No se puede tampoco tomar una posición ambivalente de diálogo que vaya de la mano con la amenaza, porque esta última impacta más rápido en el sujeto que hace la crítica y se estaría al frente de una coerción y no de la resolución del conflicto, en cambio el diálogo es un método demorado pero seguro, que a largo plazo garantiza la consecución de una subjetividad popular que ve en el otro/a un hermano/a y no a un enemigo.

En nuestro contexto colombiano, cimentado por una historia de violencias contra los sectores subalternos a cargo de la clase adinerada, será largo y pedregoso el proceso integral que sepulte los siglos de desconfianza, revanchismo y soberbia impuestos por esa clase adinerada, que entre otras cosas se caracteriza por las prácticas de veneración individual, el asalto de lo público para satisfacer sus intereses privados, a tener la familia moderna (heterosexual, blanca, patriarcal) y la iglesia como el sentido de vida.

El escenario donde surge el conflicto que motiva este artículo es el de las redes sociales. Este espacio virtual ha impuesto entre los/as navegantes la emotividad por encima del análisis crítico, soportado en opiniones cortas y fugaces que no dejan margen a la reflexión serena que a su vez permita establecer puentes respetuosos y constructivos, es así como los mensajes de apoyo para las partes en contienda de un conflicto publicado en redes, muestran a dos barras enfrentadas que aplauden y arengan. Sin embargo, cuando uno de los protagonistas del conflicto está en un cargo público (congresista en este caso) equilibra a su favor las relaciones de poder y por ende opaca los argumentos de la contraparte, que no cuenta con una posición pública similar que le permita equilibrar la balanza. Es la pelea de David contra Goliad, pero sin cauchera.

Menos mal aparecen sujetos que exponen sus argumentos para que la reflexión serena no desaparezca totalmente de las redes sociales, expandiendo el escenario con elementos que ayudan a construir una visión integral e integradora de los hechos sociales y de los conflictos. Si al final no se quiere perder de vista los acuerdos y bienestar común, no se pueden reproducir las relaciones de poder desiguales en un conflicto desatado al interior de los sectores que soñamos con un mundo diferente.

Algo de lo que ya se ha escrito en artículos anteriores, es la reproducción del trabajo intelectual y práctico traducido en el papel de los compañeros/as congresistas y quienes no lo son respectivamente. Aún se legitima un aura de superioridad en ese sector político que los prioriza en las agendas de trabajo que comparten con los sectores subalternos y también en las agendas de disputa de sentido en donde no son la única voz; se olvida que responden a una de las reglas de juego de la democracia burguesa, que se refiere al pequeño grupo de personas encargadas de legislar y efectuar el control político hacía el gobierno nacional, el Estado y el conjunto de la sociedad, en representación de las mayorías subalternas, cuyo efecto nocivo es marchitar la capacidad creadora, crítica e intelectual orgánica de estas mayorías. Este rasgo de la democracia colombiana vigente se olvida por el ruido de los aplausos dirigidos a los/as congresistas y demás representantes elegidos por el voto.

Rosa criticó esta división de trabajo a Lenin y a Trosky en el proceso revolucionario soviético, porque el ultracentralismo de Lenin en Un paso adelante, dos atrás excluye a las mayorías trabajadoras del rol de pensar y los relega a la función de ser “educadas” para que “apliquen” fórmulas construidas por seres que si piensan, ajenos a la realidad popular. Aunque Lenin hizo su autocrítica de esta y otras posturas en la última etapa de su vida, las siguientes generaciones de revolucionarios/as tallaron en piedra sus ideas y muchos/as fueron, y seguimos, descalabrados/as por ese pesado material. Para no llegar al mismo error de los bolcheviques de asfixiar la participación integral del pueblo en la sociedad soviética, podríamos empezar a sembrar ese rasgo participativo y creador en las comunidades donde echamos raíces para que erradiquemos la democracia burguesa y germine otro tipo de democracia.

En esa otra democracia imagino a las asambleas por barrios y veredas como nucleo vital para crear y desarrollar los planes de vida, políticas públicas, un proyecto de nación popular a la colombiana, cuyos seguimientos también se hacen con la participación de las gentes, a lo cual debe responder otro tipo de institucionalidad, otro tipo de Estado, otro tipo de contrato social donde el poder popular sea el marco referencial. Por eso la lucha social de las comunidades no puede estar por debajo de la labor de unos cuantos funcionarios elegidos por el voto, así compartan los intereses populares o provengan de la lucha social.

Este conflicto que ha sacudido al diverso sector de la izquierda y el progresismo colombiano, aparece en un momento importante de nuestra historia nacional y continental debido a los fuertes cambios que se viven y aquellos que se asoman en el horizonte de la humanidad, ya que soy un convencido del cambio de periodo histórico que estamos viviendo en estos primeros años del siglo XXI, donde emergen paradigmas, nuevos actores políticos, debates profundos en diferentes sectores sociales como la academía, la ciencia, el movimiento social (o sociedades-otras en movimiento), entre otros, que son eco de formas de vida nacidas en lo profundo de la tierra y ya están brotando sus tallos y flores.

Es así como las reflexiones sobre las subjetividades emergentes, el modelo económico, el modelo de sociedad, la forma de vivir en el territorio, las formas de construir territorialidad, están presentes en el conflicto mencionado porque no está desconectado de las reflexiones de este periodo histórico y por ende permite alimentar las alternativas de vida que construimos y pensamos los sectores subalternos, que incluye inherentemente las maneras que construiremos o reproduciremos de solucionar los conflictos. Gracias una vez más a Rosa Luxemburgo, por picarnos la lengua y obligarnos a usar más el cerebro.


NOTAS

1- La congresista Martha Alfonzo de la bancada del Pacto Histórico que está de lado del gobierno nacional encabezado por la vicepresidenta Francia Marquez y el presidente Gustavo Petro, fue denunciada por una señorita que estuvo en su campaña electoral. En este link encuentra la denuncia: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=pfbid0xP8MCTVEciZZVu1MgL3kvwfPnFQcygLFnjkAtANBKTUjwxCeDkNGpKLkrCkMSf4al&id=100009291701037

Respuesta de Martha Alfonso: https://www.facebook.com/MarthaAlfonsoJ/posts/pfbid037t6EYTaxy8xK7QkdnUYtaQHhz5ntyEiksVLYxDhmziMpktHReoqFssxu83gzHt5Wl

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Wilmar Harley Castillo
Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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