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viernes, 14 de mayo del 2021

Movimiento pendular

La violencia desatada recientemente en el Cono Sur, tanto la real como la mediática, es además consistente con un fenómeno conocido y que es el hastío que el modelo ocasiona en la población, no importando su orientación política. 

Vemos por ejemplo en la Bolivia del presidente Morales, y luego del evento electoral presidencial reciente, como las cadenas noticiosas de factura derechista, sobre dimensionan las acusaciones por supuesto fraude electoral que realizan descalificando al proceso, sin presentar pruebas, y luego de hacerse públicos los resultados en los que el oficialismo supera hasta por 10 puntos a su más cercano seguidor, lo que ha derivado en focos específicos de violencia, que los medios en cuestión presentan como extendidos. 

Por otro lado, concreta en cambio es la violencia desatada en el Chile de Piñera, donde las fuerzas de seguridad de han cebado cobrando la vida de hasta 17 chilenos – INFOBAE -, degenerado en violencia callejera, detenciones(3200 al martes 22 según la misma fuente) y saqueos, derivado por el cansancio acumulativo que la población ha arrastrado, por los excesos del modelo que la empobrece, mientras en cambio enriquece desmedidamente al 1% de la población, que además se ampara en el esquema político militar vigente desde el régimen pinochetista, y que sanciona cualquier expresión de disidencia como insurreccional, y tratada como tal, anulando por defecto los espacios democráticos, evidenciando la sombra de la dictadura vigente aún en la práctica de lo cotidiano. 

Argentina y Ecuador como Brasil, son otros ejemplo del agotamiento por el modelo que la población expresa, donde en el primer caso, la pobreza se ha disparado a partir de la caída del nivel de vida de los argentinos, derivado de las medidas económicas aplicadas desde el gobierno de Macri, que derivó casi de inmediato en una contracción económica por el sobre endeudamiento que supuso, y que produjo un paro laboral de hasta el 10,6%, es decir, 1,44 millones de personas [la más alta en los últimos 13 años, de acuerdo con el FMI], y que son consistentes con la aplicación irrestricta de parte del gobierno de Macri, de las recetas del mismo organismo. 

El caso ecuatoriano es más conocido, derivando del paquete de medidas que el FMI impuso, y que provocará de parte de la población la reacción que conocemos, al negarle en un primer momento el gobierno los espacios de dialogo que demandará. 

Brasil es el caso más agudo, pues los espacios de dialogo se encuentran cerrados desde el gobierno, que se reconoce revisionista a la vez que negacionista de las acciones ilegales imputables a los regímenes militares pasados, a los que emula, negando por principio la existencia de la oposición, a la que paradójicamente, además identifica como “amenaza exógena”. 

Los 4 países han respondido más o menos igual, anunciando medidas de distensión económicas, que sin embargo no resuelven la problemática pues es estructural, lo que supondría la revisión y remoción del modelo, lo que sencillamente no se encuentran comprometidos en hacer, por lo que la violencia, muy seguramente, continuará. 

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