sábado, 29 de enero del 2022

Los Acuerdos de Paz de El Salvador 30 años después

"Los Acuerdos de Paz fueron técnicamente muy bien elaborados por especialistas de la ONU, con el propósito de sentar las bases para construir un nuevo país, con las reformas constitucionales adecuadas", dice Oscar Peñate.

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Por: Oscar Martínez Peñate

Los Acuerdos de Paz que le pusieron fin al conflicto armado de El Salvador (1980-1992) se firmaron el 16 de enero de 1992, el costo humano fue aproximadamente 80 mil muertos, un millón y medio de personas que buscaron refugio en EE.UU., Canadá, Australia, España, Italia, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, etc., miles de presos políticos, perseguidos, torturados, crímenes de lesa humanidad, etc.

En El Salvador, el 31 de enero de 1991, fue una fiesta de fin de año especial para la ciudadanía de este país centroamericano, porque además celebraron eufóricamente el fin de la guerra fratricida, los abrazos de fin de año de alegría y con lágrimas de felicidad, porque realmente, no fueron 12 años de guerra sino que dos décadas (1970-1992) de represión y guerra de guerrillas. Las expectativas de la población fue que se inauguraba la construcción de un país democrático, donde obviamente, habría la oportunidad de terminar con los vicios de las dictaduras militares y civiles del pasado.

Los Acuerdos de Paz fueron técnicamente muy bien elaborados por especialistas de la Organización de las Naciones Unidas –ONU-, con el propósito de sentar las bases para construir un nuevo país, con las reformas constitucionales adecuadas para tale efecto, asimismo, se reformaron o modernizaron algunas instituciones del Estado, y también se crearon otras, para que hubiera un poder político que desde el gobierno ejecutara el Acuerdo de Paz, con la participación del sector económico, dirigentes del movimiento social y comandantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional –FMLN-, bajo la supervisión de la ONU.

No obstante la observación de la ONU in situ, los Acuerdos de Paz fueron saboteados desde el inicio por el partido en el gobierno que era Alianza Republicana Nacionalista –ARENA-, primero en la presidencia de Alfredo Cristiani (1989-1994) y luego por Armando Calderón Sol (1994-1999), bajo la dirección y acompañamiento de la oligarquía salvadoreña, mientras esta situación ocurría, los comandantes del FMLN estaban concentrados y ocupados plenamente en cómo convertirse en diputados y alcaldes, el decir, para el FMLN los Acuerdos de Paz no eran importantes.

Sin embargo, los firmantes de los Acuerdos de Paz del FMLN y ARENA tienen 30 años de estar dando la impresión que son los nuevos próceres de la patria y por lo tanto se les debe guardar agradecimiento y admiración. Los Acuerdos de Paz no fueron elaborados por las fuerzas beligerantes de El Salvador, sino que por los especialistas de la ONU, y tampoco los comandantes del FMLN y los dirigentes de ARENA lo hicieron voluntariamente fueron literalmente obligados por la Administración de los EE.UU, Rusia y la comunidad internacional.

Los únicos y exclusivos beneficiados política y económicamente de los Acuerdos de Paz fueron la dirigencia de ARENA, la oligarquía y la comandancia del FMLN, o sea, que los Acuerdos fueron el negocio del siglo XX de ARENA-FMLN, pero la carne de cañón constituida por los pobres que formaron parte de los efectivos militares de la Fuerza Armada de El Salvador y de la guerrilla del FMLN, quedaron marginados y pobres. A tres décadas de finalizado el conflicto armado los enemigos irreconciliables ARENA y FMLN terminaron de hecho, siendo la misma cosa, ambos de derecha y corruptos.

Por rigor histórico, es de reconocer que la gesta popular y guerrillera contra la dictadura militar de la derecha fue heroica, digna de reconocer y valorar, miles de combatientes murieron con el fusil en mano peleando sinceramente por un país democrático libre de corrupción, asimismo, los miles de sindicalistas y agremiados miembros del movimiento social salvadoreño, de igual forma, a los miles de profesionales y cientos de intelectuales de aquella época.

Se le agradece a la nueva Asamblea Legislativa que haya declarado el 16 de enero, Día Nacional de las Víctimas del Conflicto Armado.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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Oscar A. Martínez Peñate
Escritor, politólogo y analista de la realidad nacional salvadoreña y centroamericana
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