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jueves, 17 de junio del 2021

La solidaridad es conservadora

En todos los países del mundo los gobernantes ante las tragedias dan la cara y se presentan en el sitio donde éstas ocurren, para manifestar su dolor por la pérdida de vidas y su solidaridad con las familias de las víctimas.

Asumen los riesgos de las posibles protestas y reclamos, pero en su condición de jefes de gobierno o de Estado, acuden al sitio. Es parte de su responsabilidad política hacerse presentes. No se esconden. No hacerlo implica altos costos políticos.

Hay, con todo, una excepción y es la del presidente de México, López Obrador que para no hacerse presente en la tragedia de la línea 12 del metro, pero tampoco en la de Tlahuelilpan y en cualquier otra que pueda ocurrir en su mandato, afirma: “No es mi estilo”.

En su particular visión se trata de un tema de “estilo” y no de empatía con los otros y del compromiso solidario como gobernante. Es, en todo caso, una visión que revela al hombre y al gobernante insensible, que evade el problema y no se compromete cuando más se le necesita. Su presencia es símbolo. Representa a la Nación.

En su estilo está, pues, el no solidarizarse con las víctimas y sus familias y verlo solo como algo de carácter burocrático, como lo dijo en la comparecencia mañanera del 7 de mayo: “Estoy al pendiente solidarizándome con las víctimas, me duele mucho, pero esto no es de ir a tomarse fotos”. Es de no presentarse en el lugar.

Para él todo los gobernantes en el mundo y de México que acudan al sitio de la tragedia, no importa sus posiciones políticas, muestra “un estilo demagógico, hipócrita. Eso tiene que ver con el conservadurismo”. Así, en su muy peculiar visión del mundo, que el gobernante se presente en el lugar de la tragedia es hipocresía y la solidaridad conservadora.

Si el presidente no quiere hacerse presente en el lugar de los hechos, porque en su concepción “eso tiene que ver con lo espectacular y lo que se hacía antes” bien podría acudir a los hospitales donde están las víctimas o ponerse de alguna manera, hay muchas, en contacto con sus familias. Eso tampoco lo hace.

Diversos analistas han escrito sobre la incapacidad que tiene el presidente de enfrenar en directo el dolor de las víctimas. Huye a su encuentro. No acepta reunirse, por ejemplo, con las madres de los desparecidos y con los colectivos feministas que representan a las víctimas del feminicidio. ¿Qué explica su actuación? ¿Es un problema de personalidad? ¿Es una particular valoración política?

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