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sábado, 15 de mayo del 2021

La Primera Línea, primer producto de importación

Iniciamos este 2020 con bastante agitación en Colombia, de cara a las tensiones con naciones como Venezuela y el resto de países de Nuestra América con acontecimientos como la visita del Secretario de Estado de EE.UU, Mike Pompeo. Su reunión con el sub-presidente Duque; en el marco del III Conferencia Ministerial Hemisférica de Lucha contra el Terrorismo donde se continua la política internacional de señalar con terrorismo cualquier expresión alternativa de sociedad.

El recibimiento de Guaidó y apoyo a su deslegitimada causa por parte del régimen colombiano, ahonda la tensión con el vecino país reafirmando el papel policíaco que tiene la burguesía criolla en el continente. El asesinato de 20 líderes sociales en estos primeros días del año también sacude la cotidianidad del territorio. Dos caras de la misma moneda de la crisis social, ambiental, económica e ideológica sufrida en estos días. En este conflictivo contexto viene tomando forma una alternativa de protección y denuncia, en las ciudades y cuyos protagonistas son los y las jóvenes.

La Primera Línea (1L), conocida en Chile es el cuerpo que protege la protesta de los ataques de la Policía. Se importó la idea en el marco del paro nacional iniciado el pasado 21 de noviembre. Se implementan cascos, escudos, codilleras, rodilleras, botas, guantes, máscaras antigases, gafas protectoras y demás elementos que protejan el cuerpo (se utilizan las dotaciones para trabajos pesados en este uniforme popular). Esto se acompaña con mensajes de resistencia, lucha estudiantil, vivas al paro nacional y algo que llama la atención es el uso del símbolo de la Resistencia de las últimas películas de las Guerras de las Galaxias en escudos y redes sociales.

En la Italia de los 90´s, surgió un movimiento similar a la 1L cuya distinción eran overoles blancos. Estuvo conformado por los trabajadores informales y desocupados que por su condición de exclusión se organizaron en este cuerpo de protección con estos overoles, representándose como aquellos fantasmas del sistema capitalista que desde las sombras retumban la cotidianidad con el blanco y sus exigencias sociales, económicas, culturales y políticas dentro del marco de la Renta Universal de la Ciudadanía[1]. A partir de esta década los Tute Bianche hicieron historia.

Un profe amigo me mostró esta experiencia, diciendo que los Tute Bianche son la raíz de la 1L que conocemos actualmente. Cierto o no, es una propuesta que debe estudiarse con los ojos de Nuestra América para encontrar ese algo que ayude a fortalecer la apuesta de auto-protección urbana-popular aún incipiente tanto en movilización y crecimiento como es la naciente 1L colombiana. Los fantasmas blancos italianos, vieron el campo de la comunicación como un escenario de disputa y por ende, se tomaron espacios teatrales, medios de información para no solo denunciar las injusticias del modelo económico sino también incursionar en estos escenarios mediáticos por su naturaleza excluyente con el pueblo, y para quienes el derecho a la comunicación está limitada por la plata que se tenga para acceder a ellos y por constituir la gama de actores que sostienen ideológicamente el modelo hegemónico. Nuestra 1L ya ha ganado terreno en este tema, posicionándose en medios de información, redes sociales y opinión pública con sus símbolos y razones de creación; por supuesto esto ha sido blanco de ataques de autoridades y medios privados dentro de la campaña de estigmatización contra cualquier foco de resistencia y alternativa social, por medio de la capucha como sinónimo de “vandalismo” y por ende mostrados como actores apolíticos que solo buscan destruir las instituciones y vulnerar los derechos de las personas que no protestan.

Por lo menos se ha cumplido la tarea de poner a hablar a la gente de ellos, sea para bien o para mal. Sin embargo, en la calle la cosa tiene otro resultado en parte por lo precoz de esta propuesta organizativa y el contexto ideológico que ha sufrido el movimiento estudiantil universitario después del paro nacional del 2011 que tuvo su pico alto en movilización y luego, el descenso de ese pico cobija las generaciones que decidieron alzar un escudo de madera.

Aún prevalece la falta de preparación para defenderse de la Policía (específicamente del Escuadrón Móvil Antidisturbios –ESMAD-) no en el sentido de igualar las armas que usa la institución, sino en aplicación de movimientos tácticos organizados en el escenario urbano, temple ideológico para no salir corriendo con los gases e identificación de escenarios donde se expresa las actuales contradicciones del modelo capitalista para ir y tomarlos u ocuparlos.

Las calles, avenidas, transversales y figura de cuadricula de la ciudad junto a demás factores de movilidad, le imprimen una dinámica propia que exige su estudio para el despliegue consecuente de la protesta; al igual que el estudio de las tácticas del ESMAD que se mueve en el contexto urbano. Seguido a esto, el miedo infundado por el ESMAD con sus armas y sola presencia en las personas hace que el correr y gritarles groserías sea la más eficaz forma de enfrentarlos, mientras se tiran piedras desde donde se pueda y no bajo un sentido táctico. Por eso, es común ver que se corre más con la presencia del gas lacrimógeno que las piedras que se usan para defenderse, provocando que la Policía dirija a la masa de gente hacia un cuello de botella es fácil capturarlos y de paso disuelve la protesta.

La tercera idea expuesta sobre la toma de espacios físicos que representen las actuales contradicciones del capital, es personal y no es exclusivo de la 1L sino va para el resto del movimiento social. La llegada a una emisora nacional, canal nacional, obra de teatro o visita a un ministerio con las denuncias y propuestas políticas del actor movilizado, refleja que se está analizando los movimientos del capital y sus referentes principales.

Esta pequeña reflexión sobre el actuar de la 1L colombiana y su papel en el Paro nacional que viene retomándose en el país, no es para menospreciar el esfuerzo de estos jóvenes por seguir posicionando la protesta social, por el contrario, es un acto de reconocimiento de su valentía. Además, no desconozco lo prematuro de esta propuesta en el país y más cuando el movimiento estudiantil colombiano dejó durante años los procesos organizativos que pelean directamente contra la Policía.

Si es necesario ver que falencias se van teniendo para solucionarlas en el camino, fortalecer estas apuestas de autoprotección que retoma el movimiento social latinoamericano y por supuesto se proyecte la articulación internacional para que la historia no los recuerde como episodios esporádicos de protesta de grupos afiebrados de jóvenes

Wilmar Harley Castillo
Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto

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