sábado, 29 de enero del 2022

La fotografía callejera made in Sur

"La fotografía callejera made in Sur" es el título de la reflexión de Wlmar Harley Castillo para explicar la importancia de la fotografía latinoamericana.

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Por: Wilmar Harley Castillo Amorocho


Las pasiones dan sentido a la vida, son un escape a la agobiante lucha de clases que asfixia en ciertos momentos exigiendo un momento de oxigenación, ayudan a despejar la mente para retomar la toma de decisiones o simplemente estas pasiones conforman el tiempo de ocio digno al cual tenemos derecho. Aunque la fotografía ya fue tema de un artículo para este medio, quisiera compartirle otra perspectiva, esta vez de la mano de gente experta que dedicó su vida a la fotografía tomada en la calle.

Bueno, empiezo por recomendar el documental “Everybody Street” (o [email protected] a la calle) de Cheryl Dunn, quién graba y escucha a un grupo de fotógrafos/as referentes de la fotografía callejera en la ciudad de New York, donde sus habitantes, paisaje y cultura urbana han sido capturados en la historia por los protagonistas, quiénes también cuentan porqué y cómo empezaron con la fotografía en esta selva de cemento[1]. A diferencia de los artículos donde spoileo las cintas que comparto, aquí expondré algunas enseñanzas de los protagonistas del documental, que debo reconocer me sorprendió por la empatía con la clase popular y el sentido crítico de su trabajo (aunque puede haber riesgos de spoiler).

La primera enseñanza que reiteran varios fotógrafos/as es que la foto es pensada hacía el futuro, para que las siguientes generaciones conozcan qué paso en el periodo que fue capturada esa imagen, tiene un sentido histórico. Además, uno dijo que las personas van y vienen, pero la fotografía se queda. Me recuerda mucho el documental chileno “La ciudad de los fotógrafos” de Sebastián Moreno, porque allí uno de los argumentos fue preservar la memoria de las víctimas de la dictadura militar por medio de sus fotos, tanto por familiares como por los profesionales de la cámara, para los primeros significaba no olvidar a sus seres queridos e incluso su imagen impresa contribuía al duelo que se pasa cuando alguien ya no está sabiendo donde está su cuerpo o para aquellos/as que siguen ocultos sus restos, por los segundos, fue su aporte a la lucha contra ese régimen asesino.[2]

La segunda enseñanza es acerca de la cultura urbana que vive en las calles y andenes de una ciudad. La fotografía ayuda a comprender esta cultura en los rostros de las personas, en las fachadas, colores y formas que nos envuelven al caminar por el pavimento y aquí pego la tercera enseñanza pues en medio del ruido y movimiento caótico de la ciudad moderna, la fotografía capta la esencia de esa tormenta principalmente en lo gestos sorpresa que genera la cámara enfrente de sus caras. Dentro de la creación y destrucción de relaciones sociales constante de la ciudad moderna, la humanidad de los sujetos sigue presente como la pequeña llama de la vela puesta en dos machetes en cruz que mamá y papá ponen cuando arrecia el aguacero.

En la cuarta enseñanza se deja ver el arrojo del oficio, pues la cámara permite ingresar a lugares privados, ocultos del público, siendo este objeto una llave que abre puertas a eso desconocido o por lo menos a aquello que de lo que se es consciente que existe, pero nuestros sentidos no han palpado aún. Gracias a este rasgo del oficio vemos en la cinta fotos de pandilleros con sus armas, adictos enchutándose, familias empobrecidas en sus baños y cocinas; la herramienta de fotos hizo la pregunta, las personas respondieron afirmativamente, trayendo en esa afirmación una especie de vínculo con contenido de confianza y honestidad. Pero claro está, que la cámara por sí sola no hizo todo el trabajo, la humildad y honestidad del fotógrafo/a también pone su grano de arena para lograr la introducción al mundo que yace detrás de cuatro paredes.

Sin querer enredarlo con las cataratas de argumentos que tiran hacía lo bueno y malo en el conflicto entre fotografía análoga y digital, me gustó una salida coherente en el carácter histórico y artístico de la fotografía compartido en el documental, que se centra en sus componentes y lenguaje simbólico (parte artística) junto a la historia que se narra (pensada hacía el futuro) al margen de si reveló la foto en un cuarto oscuro o bajo edición digital en el programa GIMP o Photoshop. Esto exige para una u otra forma de fotografiar, agudeza y sensibilidad que evite perder el momento exacto con su mensaje específico que resaltará entre las millones de imágenes producidas y desechadas en la internet. Me pareció una enseñanza que ayuda a despejar dudas en nuestros días de redes sociales, imaginarios erróneos sobre el aparato “adecuado” para tomar fotos y que sostiene el sentido de la fotografía en la sociedad donde impusieron la imagen-panóptico.

Por último, me llamó la atención el rasgo común de los/as protagonistas de tener como sujetos de sus fotos a los sectores empobrecidos de su barrio y alrededores. Desde su forma de apropiar el espacio público abandonado, sus apartamentos, sitios de trabajo, sentados en la acera y protestando, se distinguían las heridas y cicatrices del verdadero trato del sueño americano. En efecto, el contexto histórico donde empezaron estos/as profesionales fue a partir de la mitad del siglo XX, periodo convulsionado por diversos conflictos que marcaron esa generación en Estados Unidos y en el resto del mundo, además la procedencia migrante de algunos/as también los empujó a vivir en los territorios marginados de New York y por supuesto la rebeldía propia de su juventud fue canalizada a través del lente de una cámara fotográfica que contribuyó a la crítica sin tapujos del estilo de vida gringo.

En el norte también hay un Sur con su discurso, lenguaje propio, relaciones sociales, prácticas culturales, símbolos y demás componentes que crean un mundo particular siempre en conflicto con otros mundos, pero la diferencia está en hacía dónde y cómo llevamos esos conflictos entre los paisanos/as del Sur mundial. La fotografía como en este y en otros largometrajes que he visto resaltan su parte artística e histórica que deben caminar juntas en espiral ascendente en un contexto socioeconómico, político y cultural particular, es decir, siempre Nuestroamericano.


[1] https://www.elquintopoder.cl/video/everybody-street-documental/ aquí puede ver el documental con subtítulos en español.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=jhPuJY_D-nk aquí puede disfrutar de este documental.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto
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