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martes, 27 de julio del 2021

Jorge Dalton

A Los íngeles llegó con un hermoso cargamento de imágenes, que se escurrí­an de la maleta y se lanzaban a los ojos de los espectadores. Los que estábamos en la sala, fuimos testigos de dos prodigios, nacidos de dos almas audaces que, contra viento y marea, desentierran tesoros de las entrañas de un paí­s que pareciera que no cree ni en él mismo.

Pero esas imágenes lo desmienten. Me refiero a “El cuarto de los huesos”, de Marcela Zamora y “En un rincón del alma”, de Jorge Dalton. De Marcela, ya me ocuparé en otro artí­culo, que hay mucho que decir. Pero es de Jorge que quiero hablar. Hace ya más de veinte años que lo conocí­, a través de su pelí­cula “Herido de sombra”, que me impactó agradablemente. Pero no esperaba la sorpresa de su nueva pelí­cula, la que solo puedo definir como alucinante, iconoclasta, provocadora.

Dice lo que se tiene que decir, con el salvoconducto que le da la voz de Eliseo Alberto (“Caracol Beach”) aunque no le sirve de parapeto, porque las imágenes son iluminadoras con el texto y van más allá, hasta el compromiso de asumir las palabras del poeta como propias.

Son palabras de un sabio, que pudo ver la vida con todos sus matices, pudo aquilatar la historia de su amada Cuba, con sus grandezas y debilidades, enfrentar la saga cubana con los ojos bien abiertos, la balanza de la razón bien calibrada, y el corazón enarbolando una pancarta que dice: “amor no quita conocimiento”. Se percibe, en su voz, la enfermedad que progresaba, castigando su cuerpo, cada dí­a más. Pero al adentrar en el tema, le brota una fuerza indómita, que convierte las palabras en riendas para caballos. Cuenta su historia sin pausa ni vacilación, sube el ritmo como que leyera una partitura musical, con dinámicas poderosas, fraseos, finales rotundos, todo un concierto para sabio e imágenes.

La gramática visual de Jorge, se integra perfectamente en aquella voz. No solo ilustra; desafí­a. Nos envuelve y arrastra como un torbellino para, al final, dejarnos sorprendidos y con una multitud de preguntas. “En un rincón del alma”, una voz necesaria, unas imágenes urgentes; en sí­ntesis, un cine imprescindible, sobre todo en estos momentos en que estamos viviendo la decadencia de todos los sistemas mundiales, lo que se convierte en la gran oportunidad de hacer un barrido de todo lo podrido que ha llevado al fracaso las buenas intenciones, y crear algo nuevo. Los que pasamos de los sesenta, tuvimos la dicha de ver el surgimiento de una época de ilusiones revolucionarias, su concreción en la mitad del mundo y su estrepitosa caí­da.

No son los sueños ni las ilusiones revolucionarias los equivocados. Y revivirlos renovados, es nuestra tarea actual.

Es por demás, no puedo dejar de tocar el punto de que Jorge es hijo del poeta, aunque él reclama su propia personalidad, y hace bien. Pero en esa obra, así­ como en todas las demás, velis nolis, se ve el ADN poético.

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