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domingo, 24 de octubre del 2021

Historia de una elección

Los tiempos han cambiado, para hacer polí­tica ya no se requiere lo mismo, las nuevas generaciones ya nacen inmersas en crisis de credibilidad del sistema y no compran fácilmente los ataques

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El paí­s llevaba décadas de malos gobiernos a pesar de la alternancia, no sólo habí­a crecido la pobreza que alcanzaba a más de la mitad de la población y generaba regiones olvidadas con desarrollos más parecidos al siglo XIX que al XXI; también la inseguridad estaba en niveles tan altos que los ciudadanos se veí­an obligados a armarse, defenderse entre ellos y evitar circular por carreteras o pasear por los bellos lugares del paí­s.

Se pueden mencionar muchos problemas como el deterioro ecológico, la concentración del poder polí­tico y económico, y muchos otros, pero hubo uno que potenció a todos los demás y que fue una creciente corrupción que no era nueva pero que cada vez se hizo más evidente, más impune, y que fue claramente identificada por la población como la culpable de todos sus problemas y de las malas condiciones de vida.

A partir de ese momento, la clase polí­tica (sin importar el partido), los empresarios, los medios de comunicación, el Poder Judicial, los policí­as y a veces hasta las Fuerzas Armadas e Iglesia fueron colocadas en el mismo costal, todos eran parte del sistema y todas eran responsables en mayor o menor medida de la corrupción y problemas que cada ciudadano, que cada familia, que cada escuela, que cada pueblo, que cada migrante viví­a, la historia estaba lista para ser contada: este paí­s tení­a muy claro el problema (corrupción-impunidad-mal gobierno), sabí­a cuál era el villano (el sistema completo) y soñaba con la solución (cambiarlos a todos, modificar radicalmente todo), les faltaba el héroe que los llamara a la acción, faltaba ese personaje de toda gesta heroica que encabezara un movimiento para llegar con él al final feliz que se visualizaba.

En ese momento surge un personaje “sin padrino polí­tico” que busca primero hacer su carrera amparado en partidos de izquierda, porque parecí­a el camino más limpio para llegar; después de unos años. Llega incluso a gobernar la capital del paí­s y hacerse de una gran popularidad nacional que lo hace entender que va por el camino correcto y que ahí­ puede fincar una candidatura y un triunfo presidencial, pero el partido de izquierda que lo postula lo ve como un advenedizo, no pertenece a la casta divina y poco a poco se van distanciando hasta que se separa o lo separan “”como quiera leerse”” y decide crear su propio partido, un partido emergente que como todos los que surgen nacen “chiquitos” sin recursos ni estructura, partidos ligados inevitablemente al personaje, hasta es difí­cil llamarles partidos porque les falta una definición clara de su estructura y que, por ende, deben ser considerados más como “movimiento” y sí­, así­ se concebí­a.

Pero resulta que el sistema no serí­a villano si se deja vencer fácil y además que la gesta perderí­a mucho de su interés si ese sistema se rindiera a la primera dificultad, así­ que vemos cómo la pelea se torna desigual, los elementos del sistema se activan, el Poder Judicial le impone restricciones, los empresarios aportan recursos y estrategias de comunicación para desprestigiarlo hasta meterse con su familia o su religión, muchos “intelectuales” hacen ver sus defectos sin mencionar sus atributos, quiero creer que por pensarlo individualmente y no como una estrategia de grupo, los medios no se abren fácilmente y cuando se menciona su nombre se hace más en forma negativa. Parecí­a guión de una pelí­cula y visto en retrospectiva ayudaban a engrandecer la figura de ese potencial candidato.

Los tiempos han cambiado, para hacer polí­tica ya no se requiere lo mismo, las nuevas generaciones ya nacen inmersas en crisis de credibilidad del sistema y no compran fácilmente los ataques, el paí­s ha sufrido décadas de emigración debido a malos gobiernos y esos migrantes ubicados sobre todo en EU tienen otra información y la transmiten a los habitantes del paí­s, pero sobre todo aparece un canal de comunicación y un medio para su recepción, me refiero a las redes sociales y a los teléfonos inteligentes, los cuales han proliferado, sí­ es cierto, motivados por el sistema al que se ataca, pero que lo hizo pensando en razones comerciales. El escenario estaba puesto entonces, el “héroe” de esta historia por fin tení­a el arma que requerí­a, las redes sociales. El sistema, pues, al expulsarlo y tratar de destruirlo, construyó y fortaleció a un candidato y le dio además el arma para combatirlo.

La campaña entonces parecí­a una lucha entre David y Goliat, o mejor dicho, en la suma de Davids encabezados por el candidato contra un Goliat poderoso, y así­ fue, dura, larga pelea, llena de mentiras, las redes eran la honda de Goliat y se daban golpes certeros que poco a poco fueron mermando la fuerza de Goliat hasta hacerlo caer como hace años no se veí­a. Todos los partidos juntos, es decir, todo el sistema, no pudieron tener los votos suficientes para vencer al protagonista, obtiene 53% de los votos y su triunfo llega a todos los rincones del paí­s, no importaba si eran regiones de izquierda ni de derecha, no era cosa de la geometrí­a polí­tica, a todos les ganó, el grito del paí­s fue unánime ¡queremos cambio!

Perdón, si estabas pensando en tu paí­s, lo siento, yo siempre me estuve refiriendo a un paí­s en el que he pasado mucho tiempo desde hace años, El Salvador, y el personaje evidentemente es Nayib Bukele, aunque la historia podrí­a acomodarse a muchos lugares.

Sobre el autor: https://www.etcetera.com.mx/author/roy-campos/

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