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martes, 28 de septiembre del 2021

En junio, tomá tu “limonadita”

El fundador de la organización VIDAS y columnista de ContraPunto, Benjamín Cuéllar, comparte un interesante análisis sobre los procesos reivindicativos de la labor docente en El Salvador.

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“Tanto daño y dolor de 12 años de guerra y se pudo arreglar si Shafick y d’Aubisson se hubieran ido a tomar una limonadita”. Con sus errores, cito literalmente el tuit del diputado Christian Guevara publicado el recién pasado viernes 18 de junio. Lo hago con la indignación propia de alguien que durante décadas ha acompañado a víctimas sobrevivientes de graves violaciones de derechos humanos, crímenes de guerra y delitos contra la humanidad que ocurrieron en nuestro país antes de ese período y durante el mismo; también a madres, padres, hermanas, hermanos, hijas e hijos de víctimas ejecutadas o desaparecidas por ambos bandos.

Lo hago además en nombre de las hijas y el hijo de Patricia Emilie Cuéllar Sandoval, mi prima, desaparecida por agentes gubernamentales el 28 de julio de 1982. Lo hago porque en la madrugada del siguiente día, otros esbirros secuestraron a su padre, Mauricio Cuéllar Cuéllar, y a Julia Orbelina Pérez; ella ni siquiera tenía dos meses de trabajar en casa del tío Mauricio, quien al momento de su detención ilegal era gerente general de una importante gremial empresarial: la Asociación Salvadoreña de Industriales.

Lo hago porque este domingo 20 de junio, dos días después del inaceptable mensaje de Guevara, se conmemoraron 42 años de la ejecución del padre Rafael Palacios. El jefe de bancada del partido presidencial debería saber que ese crimen se cometió antes de que la Fuerza Armada diera de baja al mayor Roberto d’Aubuisson y mucho antes de que Shafick Handal, secretario general del Partido Comunista Salvadoreño, aceptara sumarse a la lucha armada impulsada desde inicios de la década de 1970. Otros curas fueron ejecutados sin que hubiese iniciado aún el conflicto bélico; también, señor Guevara, guardias nacionales violaron sexualmente y asesinaron a cuatro religiosas estadounidenses en la víspera de que estallara la guerra

Lo hago porque, si no sabía, el lunes 21 de junio de 1965 marcharon por las calles capitalinas más de diez mil maestras y maestros protestando contra la aprobación de un sistema nacional de retiro abusivo; además porque el 22 de junio se rinde homenaje al profesorado nacional. Y si también es ignorante al respecto, diputado, nuestro magisterio fue reprimido sistemática y brutalmente por el régimen. Me exacerba tan grotesca insolencia y más atrevida ligereza al recordar la desaparición forzada de Pedro Bran, menudo profesor del Externado de San José y gran secretario general de la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños “ANDES 21 de junio”.

El señor Guevara seguramente ignora también otro par de desapariciones ocurridas en Estanzuelas, municipio de Suchitoto: las de los hermanos Daniel y Antonio Isabel Acosta, agricultores de más de cincuenta años de edad. El primero fue privado de libertad el 24 de junio de 1982; el segundo, al día siguiente. No se los llevaron agentes estatales sino miembros del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, uno de los cinco grupos guerrilleros integrantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.

Estos últimos hechos sí ocurrieron cuando ya tenía más de un año de haber iniciado la guerra que, según el legislador en cuestión, se pudo haber “arreglado” si el “comunista” mayor y el fundador de Alianza Republicana Nacionalista ‒el partido ARENA‒ se hubiesen tomado “una limonadita”.

No me queda nada claro qué quiso decir con eso de “arreglado”. Lo que sí está claro es que esa confrontación bélica que ciertamente causó inmenso daño e inconmensurable dolor, se pudo haber evitado si no se hubiera arruinado todavía más la existencia de la población nonualca que ‒siguiendo a su líder Anastasio Aquino‒ se rebeló en 1833 contra la injusticia; si se hubiera escuchado el clamor urgido de las poblaciones originarias que se alzaron desesperadas y mal armadas en 1932; si tras la caída de la dictadura de Hernández Martínez, la democratización hubiera sido prioridad en la agenda nacional; si la Fuerza Armada y sus amos no se hubieran robado las elecciones en 1972 y 1977; si se hubiera hecho realidad la proclama golpista del 15 de octubre de 1979; si, en lugar de asesinarlo, se hubiera escuchado al arzobispo Romero; si…

El 20 de junio también se conmemoró el día mundial del refugiado. Y como ocurrió antes, durante y después de esa guerra, de este país la gente a huido buscando refugio legal o de hecho en otras tierras. Eso no ha parado ni parará con “limonaditas” o quitando una foto de uno para poner la de otro en los pasillos legislativos. Pero así estamos. Con un jefe de la fracción “bukelista” básico y simplista, retorciendo una historia de exclusión económica, social y política cuyas víctimas principales ‒las mayorías populares‒ han sido constantemente rebeldes. Solo falta que lo comprueben. Mientras tanto sigan creyendo que están lanzando dardos, cuando lo que están aventando es un bumerán.

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Benjamín Cuéllar
Salvadoreño, Fundador del Laboratorio de Investigación y Acción Social contra la Impunidad, así como de Víctimas Demandantes (VIDAS). Columnista de ContraPunto
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