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miércoles, 04 de agosto del 2021

El profe fue trasladado a otra celda

El Profe continuaba como preso polí­tico en Arica, Chile, después del golpe de estado contra Salvador Allende. Junto con otros cinco presos, habí­an definido un conjunto de reivindicaciones bajo el fundamento que eran prisioneros de guerra; habí­an quedado de reunirse el dí­a siguiente, para analizar la forma de comunicar esas peticiones al militar de mayor rango, en funciones de mando, en esas instalaciones penitenciarias.

Al dí­a siguiente, cuando el Profe se estaba lavando la cara y los sobacos, forma común de aseo personal diario, según la costumbre en Chile, llegaron dos soldados y un cabo, lo agarraron y lo llevaron a otra celda de reos polí­ticos.

Allí­ se encontró a dos de sus alumnos de la Universidad: uno muy pobre,  alto dirigente de la Juventud Comunista local, que estaba gozando de una beca para estudiar Contadurí­a; el otro, un joven de clase media acomodada, del partido socialista, sobrino del Rey de la Coca de Arica, que estudiaba Administración de Empresas. Ellos fueron apresados  cinco dí­as después del golpe, se pusieron muy contentos de ver que el Profe estaba vivo, se habí­a corrido la especie de que habí­a sido fusilado; cada uno de ellos habí­a ido a la casa del Profe para ver cómo estaba su esposa y sus hijos,  no los dejaron acercarse a la casa los soldados que la custodiaban, pero su esposa se dio cuenta y los saludó con una sonrisa desde la puerta,  moviendo su boca sin emitir sonido les dijo: “no se preocupen”. Ellos se habí­an comunicado con aproximadamente quince alumnos de las asignaturas que el Profe impartí­a, cuyas familias viví­an en la ciudad, ya que el resto se habí­a regresado a su domicilio en todo el territorio chileno, tomando en cuenta que la Universidad habí­a sido intervenida  militarmente y se habí­an suspendido las clases hasta nuevo aviso; dijeron que  dos de esos alumnos habí­an logrado hablar con la esposa del Profe y ella les dijo que estaba recibiendo apoyo de su madre, quien habí­a viajado desde Santiago, cuando los militares lo permitieron.

El Profe los puso en antecedentes sobre:  las reivindicaciones que se pretendí­a hacer llegar a los altos jefes militares de la región de Arica;  los problemas personales  entre los presos polí­ticos;  los llantos colectivos, bastantes frecuentes durante la noche; los gritos de las compañeras detenidas en otra ala del edificio; los parientes que suben a un cerro cercano para verlos, cuando los sacan a asolear al patio; los gusanos, gorgojos y otros insectos que salen en la comida; el alumbre que le ponen los militares al te, para mantenerlos sin animo y como cansados; los castigos a que han sometido a varios de los compañeros; así­ como sobre los presos desconocidos que tienen confinados en las celdas de castigo. Los muchachos le dijeron que allí­ en la celda la situación era similar.

Como a las diez de la noche, sacaron a todos los presos polí­ticos de sus celdas y les ordenaron que se formaran militarmente en el patio. Un capitán del ejército dijo que era muy bueno que se consideraran como prisioneros de guerra, ya que cada uno serí­a juzgado en un tribunal militar, por sus crí­menes de guerra.

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