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martes, 28 de septiembre del 2021

El factor Bitcoin

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Después de conocer la propuesta del Gobierno de implementar el Bitcoin como moneda de curso legal, no paso mucho tiempo para que una propuesta de ley pasara a la Asamblea Legislativa a discusión, y luego –en serio- no paso tampoco mucho tiempo para que la misma se volviera Ley de la República. Ante esta nueva realidad que tendrá impactos trascendentales para el futuro de la sociedad salvadoreña propongo un escrito de seguimiento sobre este tema y en el que intento abordar algunos de los argumentos que se emplean en contra del Bitcoin.

El primero, y uno de los argumentos más fuertes que se esgrime contra el uso del Bitcoin como moneda es el de la alta volatilidad del activo, de rigor, esto es completamente cierto: en realidad es el algo evidente y puede ser apreciado a simple vista. Sin embargo, hay que diferenciar lo que es el sentido de la volatilidad como medio de intercambio y como  depósito de valor. La tecnología lightning que pretende ser implementada a escala nacional en El Salvador y que opera en la segunda capa del Bitcoin, pretende permitir realizar instantáneamente las transacciones entre personas: esto resuelve el asunto de la volatilidad en el intercambio o envío de remesas. No obstante, alguien que quiera guardar sus ahorros en Bitcoin debe comprender que acá si existe un factor de volatilidad alto: puede irse a la cama con 100 dólares en su billetera y amanecer con 50, y luego obtener 2000 en la tarde. No obstante esta diferencia, para alguien que no quiera arriesgarse o, peor, alguien que no logra ver la diferencia es mejor abstenerse de entrar en el Bitcoin. De ahí que la importancia de la opción de pasarse del dólar al Bitcoin, y viceversa, es una provisión de la Ley (por ahora).

Otro de los argumentos más fuertes es el factor de la imposición de la Ley Bitcoin. Definitivamente esto es algo que hasta a los bitcoiners más “maximalistas” ha dejado perturbados, la idea de que todo comercio esté obligado a aceptar el Bitcoin no sólo contraviene el espíritu de libre elección y de libre mercado que subyace a la ideología Bitcoin, sino que, parcialmente, transfiere el riesgo especulativo a agentes económicos que no deberían estar obligados a asumirlo.  Para el caso, para los conocedores del Bitcoin se recomienda trasladar sólo parte de aquel flujo de caja positivo de empresas o individuos, ya que, ir más allá de esto puede interferir con el pago de nómina, pago de servicios básicos o de cuestiones fundamentales en caso el precio del Bitcoin caiga; de ahí que el Gobierno no piensa convertir parte de sus reservas  Bitcoin (por ahora).

Todas estas preocupaciones son válidas, y en rigor no amerita discutirlas porque no hay discusión: tienen razón. Sin embargo, es necesario diferenciar elementos para poder realizar una crítica constructiva. Una cosa es la forma tecnológica y monetaria del instrumento y otra la forma en la que el instrumento está siendo implementado. En sentido estricto, la forma de la implementación no es asunto del Bitcoin, eso es resultado del balance político que la población salvadoreña ha decidido. Las consecuencias, buenas o malas, de este balance deberá asumirlos la población que ha definido voluntaria y conscientemente su futuro.

Pero, si a este punto nos referimos, a la cuestión del balance político, existen dos riesgos mayores de lo que se ha mencionado: el primero es la posibilidad real de que los grupos e individuos cercanos al poder político estén tentados, tanto ayer como hoy, de apropiarse indebidamente los activos del común de la población, en este caso, el Bitcoin que una vez ingresado a los instrumentos dispuestos por el Gobierno se vuelven propiedad soberana del pueblo. En particular, esto se hace plausible en virtud de la poca transparencia con la que se manejan los mecanismos institucionales. Sin embargo, a diferencia del tiempo de la privatización, cuando los cercanos al Gobierno de ARENA hicieron sus fortunas de la privatización del sistema financiero, y del tiempo de Saca y Funes cuando a base de contratos desviaron cuantiosas fortunas individuales, el uso del Bitcoin como activo de enriquecimiento indebido tiene una falla crítica en su diseño: toda transacción en la red es pública y abierta a la fiscalización criptográfica. Existen formas de evitar el rastreo, las cuales no mencionaré aquí, pero al final una investigación profunda de los bloques y de las billeteras sobre información que es de libre acceso y no sujeta a alteraciones es capaz de revelar los destinos de las Bitcoin “pérdidas”. El Bitcoin, como el internet, deja una huella digital eterna a diferencia del dinero físico que es completamente fungible y anónimo.   

El segundo riesgo es el tipo de actitud que asumirán las naciones más poderosas del mundo frente a sus tratos con El Salvador, incluido el que es ahora un aliado importante: China. Estas naciones ven, sin excepción, en Bitcoin un escozor molesto en su costado, y a medida los bloques hegemónicos enfilan sus estrategias para el control del sistema de pagos mundial, la llegada de las Monedas Digitales propiedad de Bancos Centrales (CBDC, e, ingles) entrarán en un conflicto muy fuerte con el Bitcoin. Algunos rasgos de este enfrentamiento pueden apreciarse en las declaraciones el FMI frente a su política de préstamos y el Banco de Pagos Internacionales frente a los futuros reglamentos surgidos de Basilea. Y estas monedas –CBDC- tienen una característica perturbadora: la posibilidad de ser rastreadas y controladas por un ente centralizado. Si en algún momento el Bitcoin pasa de ser una molestia a una amenaza, monetaria, fiscal, legal o política, los CBDC pueden estar sujetos a restricciones en su uso, y posiblemente cortar la convertibilidad con el Bitcoin de forma pre-programada.

Por lo pronto, todo esto es un riesgo y no una realidad pero adoptar una posición reaccionaria para la sociedad salvadoreña ya no es una opción. A la sociedad civil, a la academia, a los centros de investigación, periódicos, les queda poco tiempo: deben apropiarse cognitiva y materialmente de la tecnología criptográfica que sostiene el blockchain para comprender los términos de la lucha en el mundo nuevo, un mundo transformado por el factor Bitcoin.

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José E. Montoya Martínez
Profesor de Universidad de El Salvador e investigador de temas económicos y educativos. Columnista y analista de ContraPunto
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