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sábado, 24 de julio del 2021

Desacralizar la mezquita de Córdoba

Amparándose en unas normas franquistas y en una  reforma de Aznar, el obispado de Córdoba se apropió en el 2006 de la mezquita de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad, por el módico precio de 30 euros. Se producí­a así­ uno de los mayores –si no el mayor– pelotazos urbaní­sticos de nuestra historia. Dicha apropiación va acompañada de la explotación económica, por parte de la jerarquí­a católica, de uno de los monumentos turí­sticos más visitados de España, que devenga alrededor de 15 millones de euros de ingresos anuales que van a parar a las arcas eclesiásticas. Una cantidad que la Iglesia recaudaba en calidad de limosna y, por tanto, sin obligaciones tributarias. A esto cabe añadir que los gastos de mantenimiento y reparación han sido sufragados en su mayor parte por la Administración. ¿Cuál es el destino de esos ingresos? Es un misterio, pero no de la trascendencia divina sino de una operación mercantil que constituye la perversión de lo sagrado en grado sumo. ¡Corruptio optimi pésima!

Perversión del concilio Vaticano II

No contento con la apropiación del edificio y con los pingües beneficios que genera, el cabildo de Córdoba ha forzado la invasión católica del recinto, y en el anterior folleto de presentación hací­a una reescritura manipulada de la historia y mutaba el nombre de mezquita por el de «catedral de Córdoba, testigo vivo de nuestra Historia», con la siguiente explicación: «La catedral de Córdoba no es simplemente un monumento o un templo intercultural y tampoco una mezquita, sino la Iglesia madre de la Diócesis […]. El valor y la belleza de la catedral de Córdoba no residen en la grandiosidad de su arquitectura, sino en la sucesión apostólica del obispo». Una nueva perversión, esta vez, de la eclesiologí­a comunitaria del concilio Vaticano II.

La apropiación inconstitucional del lugar por la Iglesia católica está en las antí­podas del pluralismo religioso y cultural

Córdoba fue durante varios siglos ejemplo de convivencia intercultural, sí­mbolo de pluriverso religioso, testimonio de creatividad filosófica, manifestación de plurilingüismo y lugar de encuentro de saberes humanistas, filológicos, jurí­dicos, cientí­ficos y artí­sticos. Fue en esa ciudad donde se produjo el encuentro entre los grandes filósofos medievales Averroes (1127-1198) y Maimónides (1135-1204) y el diálogo entre la mí­stica (Ibn Arabi) y la filosofí­a (Averroes) y donde, en el último tercio del siglo XX, el filósofo Roger Garaudy desarrolló su propuesta de «diálogo de civilizaciones».

Martí­nez Montávez habla del islam, creo que muy certeramente, como nuestra «alteridentidad» que hemos de recuperar. Se trata de un paradigma –que mi amigo y colega el filósofo iraní­ Ramin Jahanbegloo en su libro Elogio de la diversidad llama «paradigma de Córdoba» (Arcadia, 2007)– a revindicar hoy, no sin desconocer, eso sí­, fenómenos disfuncionales importantes como la discriminación de las mujeres, el mantenimiento de la esclavitud y la imposición de tributos adicionales a judí­os y cristianos.

La mezquita es el monumento religioso más importante del islam occidental y el sí­mbolo más visible del islam de Al-Andalus. La apropiación claramente inconstitucional de la mezquita y su confesionalización por parte de la Iglesia católica está en las antí­podas del actual pluralismo religioso y cultural, constituye un mentí­s a la historia y es contraria al espí­ritu de diálogo y concordia que debe reinar entre las religiones y en una sociedad plural.

El precedente de Santa Sofí­a de Estambul

La defensa a ultranza que hace el Gobierno de la propiedad eclesiástica de tan emblemático monumento arquitectónico demuestra la pervivencia del nacionalcatolicismo, que todaví­a no hemos logrado erradicar durante los 40 años de democracia. Para salir de tan anómala situación polí­tica, religiosa y jurí­dica, creo que la mezquita debe dejar de ser propiedad del obispado de Córdoba y convertirse en espacio cí­vico-cultural de titularidad pública abierto a la ciudadaní­a y lugar de encuentro de diferentes ideologí­as, cosmovisiones y creencias. Más aún, debe desacralizarse y convertirse en museo para disfrute de todo el mundo como Patrimonio de la Humanidad que es, sin distinción de credos, etnias, culturas, nacionalidades o clases sociales.

¿Idea descabellada? No. Tenemos un precedente: Santa Sofí­a de Estambul, primero iglesia bizantina, luego mezquita y ahora museo tras su desacralización por el entonces presidente de la República de Turquí­a Kemal Atatürk. Creo que ese serí­a el mejor destino de la mezquita-catedral de Córdoba. Espero que las diferentes administraciones, estatal, autonómica, municipales y eclesiásticas, se pongan pronto de acuerdo para llevar a cabo este cambio, que será beneficioso para la ciudadaní­a.  Si es hoy, mejor que mañana.

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