Por: Carlos Velis
Hace menos de 200 años, en Inglaterra, surgió el deporte más popular del mundo, tal y como lo conocemos, el fútbol moderno. Los marineros ingleses, cuando el barco atracaba en los diferentes puertos, bajaban y jugaban el fútbol. Así, fueron sembrando la semilla en todo el mundo.
¿Cuál es el encanto de 22 hombres tras de una pelota hasta anotar sobre un arco que defiende un solo hombre? ¿Cómo se afincó tan fuertemente que llegó a dominar sobre todo el orbe?
Veamos, voy a intentar hacer un esquema para entender: Todo el mundo lo puede jugar, cualquier lugar es bueno para un buen partido (mascón le decimos por aquí), siempre hay buena barra, los más hábiles, alcanzan notoriedad inmediata en el barrio. Pero, según lo veo, rompe las barreras de clase. El fútbol es una perfecta escala social. Aquellos niños que jugaban con los tacos rotos (hoy les dicen botas o botines), alcanzan la gloria social, literalmente, ganada a patadas. Y, si tienen la suerte de ser de los mejores, hasta amasar una fortuna.
Pero el espíritu del fútbol es el mascón en la cancha del barrio, donde se aprende el valor de la comunidad, el honor de los suyos, la hermandad y el orgullo de pertenecer a los mejores. O a sobreponerse al dolor de la derrota. A veces, los amistosos no lo son tanto, pero las enemistades tampoco duran.
Nuestro país tuvo una gran tradición. Los primeros equipos fueron fundados por inmigrantes ingleses, a finales del siglo XIX. En mi infancia conocí la escuela de fútbol del viejo Piche, que entrenaba en El Polvorín. Luego vinieron las grandes figuras, entre las que sobresalió el gran portero Raúl (Araña) Magaña, que le atajara un penal a Pelé. Razones suficientes para sentir orgullo nacional por sus futbolistas.
¿Luego? Las guerras ni los problemas sociales acaban con el fútbol. Su raíz es profunda. Y lo es. Si no, Irán no podría haber clasificado para el Mundial. ¿Qué ha pasado? Intentos han habido. Nuestra Selección, llamada la Selecta, regresó al Mundial del 82, y dejó un ingrato recuerdo. El fútbol también crea un sentimiento de identidad. Pero tiene que ser mutuo. Del aire no se vive.
Jaime (La Chelona) Rodríguez fundó su escuela. Más de 4,000 niños y jóvenes han pasado por su cancha. Yo no soy muy versado en el tema del fútbol, pero por pura lógica, colijo que ya deberíamos de ver resultados y, si no los hay, es porque el problema es más profundo. Como dice la Biblia, tal vez estamos edificando en arena.
Me llama la atención de que, en dos oportunidades nuestra Selección ha clasificado para el Mundial. O sea que no es un terreno que no conocemos; no es un imposible.
Y dejo planteada una pregunta para otros con más conocimiento del tema para sacar conclusiones que nos ayuden a mejorar. Si no se reflexiona, solo se lanzan palos de ciego. Yo solo he ejercido mi pensamiento crítico.



