spot_img
lunes, 13 julio 2026
spot_img
spot_img

Escrito en una servilleta: Sociología del número político: ¿el número como persona o la persona como número? (2)

¡Sigue nuestras redes sociales!

Por: René Martínez Pineda (@ReneMartinezPi1)

El número político es, por un lado, la unidad para medir -in situ- el descontento (atomizado u orgánico) que pugna por el pasado y, por otro, un vector de la disciplina del apoyo del pueblo, en general, y el de los aliados coyunturales, en particular. Desde esa perspectiva, la disciplina del apoyo popular se construye con obras sociales que dignifiquen la condición de ciudadano, y deben ser traducidas a un número político para que tengan sentido y valor cultural en el imaginario, en tanto código del comportamiento social de retaguardia al que un número le da autoridad moral y simbólica, no sólo por ser muy superior al número de los opositores, sino también porque subjetiva lo objetivo.

En esa lógica, el número político es la matemática de la movilización colectiva, y el álgebra de la democracia cuando la persona cuenta como factor común, luego de dejar de ser contada como papeleta de votación. No está en debate, por el momento, el hecho de que los números pueden movilizar con el algoritmo de la motivación social y, cuando se llevan al territorio de la democracia, permiten re-politizar en modo cultural. Así, la sociología del número político puede hacer visibles las ausencias heredadas y darle cuerpo-sentimientos a la identidad social y política de las mayorías que, en las urnas como nueva trinchera de la utopía, buscan reinventar lo público para recuperar la dignidad y la ciudadanía.

El significado -e incluso el significante- del número político, como matemática sui géneris y sociología específica, es construir la gobernabilidad y la democracia humanizando el número, en lugar de cosificar a la persona. En términos sociológicos la gobernabilidad es la dialéctica de aperturas-cierres, de capacidad-limitaciones, de luz-oscuridad, de certezas-paradojas, de cosas-personas, y por ello debe monitorearse como número y como nueva o recuperada estatalidad. Entonces ¿En qué medida el número ayuda a formular, negociar y readecuar las políticas públicas? ¿Hasta qué punto es necesario incluir como número político a los opositores y negacionistas en el análisis de la coyuntura de transformación social? ¿es vital el número como código social, cognitivo o simbólico?

En el manejo del número político -cual estrategia de gobierno- hay que tener en consideración tres acciones elementales (sistematizar, controlar e incluir) de las cuales “incluir” es la más importante para que la suma algebraica y sociológica sea positiva, en tanto producirá nuevas cifras materiales de apoyo popular como resultado natural. Hacer hincapié en esas tres acciones implica comprender cómo se diseña y cómo opera, cotidianamente, la acción política de la correlación de fuerzas, considerando a las personas como algoritmos y a los algoritmos como personas; cómo se aborda la tasa de crecimiento del apoyo popular o de la protesta antagónica y, por tanto, cómo se comprende y potencia el número político, en cuanto práctica colectiva-gubernamental y gerencia social de la movilización que se sobrepasa a sí misma.

En todo ello es esencial la dimensión de la realidad como dimensión controlada de la política de transformación significativa. Al respecto, el análisis y sondeo de las políticas públicas y la consolidación de la gobernabilidad, fuera de la corrupción e impunidad –que siguen vigentes por ser el problema estructural de la estructura- proveen la táctica-estrategia gubernamental para analizar cómo se gobiernan y administran los problemas concretos y la reacción respectiva –para pasar de la reacción a la proposición y liderazgo- y evaluar, en su justa dimensión, a los actores que tienen diferenciadas cuotas de poder sobre los procesos políticos que hacen de las políticas públicas y de la gobernabilidad el terreno ideal para construir hegemonía, o para depredarla, partiendo del supuesto político de que existe una relación multidireccional entre actuar sobre, a través de, o en contra de los cálculos positivos o negativos.

Lo que propone la sociología del número político es retomar el cálculo sereno para saber en qué momento y con quiénes impulsar las diferentes políticas de gobierno, en el marco de las alianzas como números colectivos que pueden ayudar a formar conciencia social, imaginarios de la reinvención y, por ende, dirigir colectivos significativos en esa vía, porque se numera a las personas y se humaniza a los números, es decir se les confiere un rostro humano que tiene, de hecho, rasgos muy heterogéneos que pueden juntarse en un solo cuerpo-sentimientos que comparte ilusiones en una coyuntura signada por un pueblo que viene saliendo, lentamente, de la desilusión social que provocó la antigua forma de hacer política, y que quiere deshacer el falso dilema entre democracia y desarrollo social de la forma correcta

La profunda reforma política y constitucional, en este sentido, es inseparable de la legitimidad y la eficacia de la táctica del número político visto como soporte de una gobernabilidad de nuevo tipo, sobre todo en estos años en que hay que salirse de los viejos paradigmas de hacer política.

René Martínez Pineda
René Martínez Pineda
Sociólogo y escritor salvadoreño. Máster en Educación Universitaria

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

También te puede interesar

Últimas noticias