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jueves, 05 de agosto del 2021

COVID-19: el antes y el después del periodismo

Descansen en paz, Eduardo Navas, productor de noticias de la Red Salvadoreña de Medios; Ronald Cardoza, de Comunicaciones del Centro Monseñor Romero, de la UCA; y Franklin Américo Rivera, conocido como “Meco”, destacado fotoperiodista

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El 31 de Julio de cada año se celebra el Día del Periodista en el país, por el Decreto Legislativo 380 del 20 de mayo de 1969. La pandemia del COVID-19 ha causado desde hace varios meses un panorama sombrío para el ejercicio del periodismo; un fenómeno que también ha sido registrado en casi todo el mundo.

En un artículo anterior alertaba sobre la gravedad de las condiciones para el trabajo que se avecinaban con el impacto económico de la pandemia. Pasado el tiempo, más de sesenta trabajadores de distintas áreas de medios de comunicación han sido afectados por COVID-19.

El trabajo de reporteros, camarógrafos y fotoperiodistas es intenso, con horario de entrada sin horario de salida. Estar al servicio de la noticia cuando se presente. Así ha ocurrido en terremotos, en desastres como inundaciones, huracanes, tormentas tropicales; en la cobertura de maratónicas jornadas parlamentarias, audiencias en el centro judicial o declaraciones en sede fiscal, por mencionar algunos. En tal escenario el trabajo periodístico es un servicio público vital.

Desde siempre el riesgo es un factor inherente al trabajo, pero no es excusa para la exposición innecesaria de los periodistas. En tiempos de pandemia, son fundamentales las acciones de prevención de un virus con un alto componente social, en tanto se extiende al no guardarse el debido distanciamiento.

Particularmente en el sector público es frecuente que no se guarde el debido distanciamiento, y es común que muchos funcionarios se descubran el rostro para dar declaraciones. Conductas contrarias a las recomendaciones para prevenir la expansión del virus. 

La Asociación de Periodistas de El Salvador ha entregado con el apoyo de varias instituciones, insumos de bioseguridad, y ha llamado a las empresas a que refuercen los mecanismos de protección a los periodistas. También ha exhortado a las entidades que convocan a conferencias a que hagan lo propio.

Así como ha ocurrido en muchos países, y en atención a recomendaciones de entidades como la Organización Mundial de la Salud, se han aplicado en muchas empresas, incluidas las de comunicaciones, trabajo en forma virtual. Las medidas han incluido reducciones salariales, suspensión de contratos y en casos extremos, despidos.

La letalidad del virus es mucha, y lo vemos a diario. Para algunos, es implacable, sobre todo cuando las víctimas son conocidos. Dejan de ser cifras y adquieren nombre, apellido y una serie de recuerdos de lo compartido, de las vivencias con esa persona. Eso ha pasado en el gremio con la muerte de tres comunicadores por COVID-19.

Descansen en paz, Eduardo Navas, productor de noticias de la Red Salvadoreña de Medios; Ronald Cardoza, de Comunicaciones del Centro Monseñor Romero, de la UCA; y Franklin Américo Rivera, conocido como “Meco”, destacado fotoperiodista. Así inicia julio de un año que marca un antes y un después en el ejercicio del periodismo en El  Salvador.

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Carlos Domínguez
Periodista salvadoreño; defensor de los derechos humanos. Colaborador y columnista de ContraPunto
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