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sábado, 31 de julio del 2021

AMLO, el destructor de sí­mbolos

El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, no se propone encabezar una administración presidencial como las que se dieron a partir del fin de la gesta armada de la Revolución Mexicana, la primera encabezada por ílvaro Obregón (1920-1924).

Él va a conducir una revolución pací­fica, por la ví­a institucional, a la que llama cuarta transformación. La primera fue la Independencia, la segunda la Reforma, la tercera la Revolución y la que encabeza que tiene como tí­tulo solo un número.

Su proyecto de transformación requiere sí­mbolos, toda institución y movimiento los exigen, y él se ha dado a la tarea de destruir los anteriores y edificar unos nuevos. Hace tiempo que trabaja en ello, pero esta actividad se aceleró en los meses de campaña.

El general Lázaro Cárdenas (1934-1940) cuando ocupa la presidencia de la República no quiso irse a vivir al Castillo de Chapultepec, como lo habí­an hecho sus antecesores, y optó por otro sitio al que puso por nombre Los Pinos. Construyó un nuevo sí­mbolo.

De Cárdenas hasta Peña Nieto, todos los presidentes ahí­ vivieron. Ese lugar se ocupó por 84 años. El presidente electo ha decidido destruir ese sí­mbolo del poder presidencial y convertirlo en museo. El nuevo sí­mbolo es que seguirá viviendo en su casa particular.

El Estado Mayor Presidencial (EMP) se crea en 1926, bajo la presidencia de Plutarco Elí­as Calles (1924-1928), para garantizar la seguridad del presidente y su familia. En los últimos 92 años ésta ha sido su tarea. López Obrador ya anunció que, a partir del 1 de diciembre, cuando asuma su cargo, dejará de existir el EMP.

Destruye otro sí­mbolo del poder presidencial y en su lugar se integra un grupo de 20 civiles que se harán cargo de su seguridad. El nuevo sí­mbolo es que no necesita un cuerpo especial del Ejército, para cuidarlo. Asume el modelo utilizado por los gobernadores que tienen civiles como responsables de su seguridad.

El presidente Elí­as Calles compró el tren presidencia conocido como El Olivo. En 1960 hizo su último viaje. El primer avión oficial lo compra el presidente Miguel Alemán Valdés (1946-1952). Desde los años veinte, el presidente ha tenido un medio oficial para trasladarse por el paí­s y el extranjero. Son casi 100 años.

López Obrador destruye otro sí­mbolo del poder presidencial. El nuevo sí­mbolo es que el presidente no tendrá vehí­culos oficiales – carros, helicóptero y avión -, para viajar por el paí­s y el extranjero. Ya dijo que solo va a utilizar vehí­culos privados y lí­neas aéreas comerciales.

Tres de los sí­mbolos que por más de 80 años acompañaron la figura del presidente han sido destruidos. Y López Orador los ha sustituido por tres no sí­mbolos. El único nuevo sí­mbolo, que remplaza a los anteriores, es proyectar la imagen de que él es un hombre ejemplar, sencillo y austero. Esa es la intención y está por ver si lo logra.

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