Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa
Durante siglo y medio, principalmente el 15 de septiembre en la conmemoración del Día de la Patria conocido como Día de la Independencia, hemos cantado nuestro Himno Nacional, letra del militar, escritor, diplomático y político Juan José Cañas y música del inmigrante italiano Juan Aberle.
La letra, un patriótico poema lleno de metáforas y mensajes, se ha cantado de manera mecánica, sin reflexionar sobre su contenido y, además, cada vez se canta y se conoce más cercenado. La música, calificada por algunos eruditos supuestos como plagio, contiene notas que al escucharlas despiertan eso que podría calificarse de fervor patriótico y hace llorar a queridos compatriotas, hermanos lejanos expulsados por las inequidades de la Patria.
El Himno, consta de un coro y tres estrofas. Desde hace mucho tiempo solamente se entona la primera estrofa, con el argumento de considerarlo muy largo. Cuando la prisa, el calor o la ignorancia de funcionarios (perdón la redundancia) apremian, solamente se canta el coro.
Sería deseable que, sobre todo estudiantes de primaria y secundaria, fueran exhortados, como parte de sus estudios, a estudiar a fondo el himno y analizar el significado de sus versos. Ocasión, como ha dicho un intelectual como un propósito importante de la educación, de enseñar a “pensar el conocimiento”.
La gesta que se conmemora como Día de la Independencia en El Salvador es el aniversario del acto que consignó, el 15 de septiembre de 1821, la independencia de la Capitanía General de Guatemla respecto al entonces decadente imperio español. La Capitanía incluía Chiapas y los actuales Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Eso dio paso al establecimiento, el 1 de julio de 1823, de las Provincias Unidas del Centro de América las que muy pronto, el 22 de noviembre de 1824, se constituyeron como la República Federal de Centroamérica, entidad que existió durante 16 años entre 1823 y 1839 y condensa el llamado ideal morazánico de la unión centroamericana, por ser Francisco Morazán el más notable propulsor y líder.
La acción de 1821, conmemorada como nuestra Independencia, es muy importante para nuestra historia, aunque se le asignan algunas situaciones controversiales: ausencia de la participación de las mayorías mestizas e indígenas, apego y veneración al “modo español” de vida asumido por los criollos o españoles nacidos en estas tierras y protagonistas del movimiento independentista, con algunos de sus antepasados que podrían tener influencias de dos instituciones del coloniaje español: la encomienda, como forma de trabajo esclavo y acumulación de fortuna, y el Santo Oficio o Inquisición, como fuente de intolerancias, prejuicios y prácticas crueles, contra no profesantes del credo católico, el predominante en la cultura española.
En El Salvador importantes poetas y literatos han entregado piezas literarias sobre esta fecha y sus significados. Y han dejado frases inspiradoras como “Patria, tu historia, blasón de héroes y mártires”, de David J. Guzmán, o “El terruño es la fuente de las inspiraciones”, de Alfredo Espino; “Patria idéntica a vos misma, pasan los años y no rejuveneces” de Roque Dalton; Patria, espacio donde impere el Mínimum Vital para todos, según Alberto Masferrer, o los desgarradores versos de Oswaldo Escobar Velado que define nuestra patria exacta como “…un pueblo excepcional que ama la libertad , muy a pesar del hambre en que agoniza” y Pedro Geoffroy Rivas que desde el exilio miró a El Salvador como “Patria con esperanza, firme, pura, desolada, limpia”
Lo positivo de la conmemoración es que verdaderamente es el Día de la Patria pues, a lo largo de los siglos, los salvadoreños, y en igual medida los otros países de la antigua Federación (Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) hacen esa fecha votos y juramentos de amor a la patria que nos vio nacer y que nos ha visto crecer como individuos y colectividades. Sin duda hay consenso general sobre que el 15 de septiembre es el Día de la Patria y, como toda realidad, es vista y conmemorada de acuerdo a principios y esperanzas de cada salvadoreño.
En mi caso, en este Día de la Patria, del 15 de septiembre, se me viene a la memoria el famoso poema “”, de Rubén Darío quien en 1907 escribió:
“Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña.
Mis ilusiones, y mis deseos, y mis
esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña”
Parafraseando ese poema podría decirse: Si muy subdesarrollado es, aún, El Salvador, uno desarrollado con libertad y dignidad para todos lo sueña. Ese es por lo menos mi ilusión, anhelo y esperanza en este Día de la Patria, de la Independencia, para cuando se llegue a ese estatus deseable de país y podamos decir “Saludemos la Patria orgullosos de hijos suyos podernos llamar”
Durante más de dos siglos, cada 15 de septiembre se ha conmemorado el Día de la Independencia. Lo que se vive actualmente en lo político y social es el resultado de una evolución de nuestro país con aciertos y deficiencias. Cobra sentido lo dicho en el Himno Nacional, pieza de aceptación unánime: “Dolorosa y sangrienta es su historia; pero excelsa y brillante a la vez”.
Las diferentes modalidades de tiranías padecidas por esta tierra han actuado de manera perversa y dual: conmemoran la fecha con fanfarria y al mismo tiempo perpetran crueldades. Viene a mi recuerdo el 15 de septiembre de 1960. Ese día, un desfile de estudiantes universitarios, de luto por los muertos en la represión del gobernante de turno, José María Lemus, durante ese mes de septiembre, terminó a balazos disparados por la Policía Nacional y la Guardia Nacional.
Patética y dolorosa es la escena que ha quedado como símbolo de esa etapa de nuestra vida como país: el cadáver del estudiante Rodolfo Rivas Guardado, yacente en un charco de su sangre, y policías inexpresivos aún blandiendo sus armas de fuego con las que contuvieron la noble y valiente protesta universitaria.
No se viven esos tiempos. Qué bueno y ojalá no retornen. Entonces cobra sentido que en este Día de la Patria renovemos con vehemencia el anhelo, la ilusión, y la esperanza de tener un país desarrollado con libertad y dignidad para todos; pero sobre todo que actuemos en consecuencia.


