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miércoles, 3 junio 2026

En el vuelo de Alfredo Espino

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Por Julio Enrique Ávila (*)

Los miembros de la Peña Literaria, en la que tanto cariño había para Alfredo, me han designado para decirle este adiós, breve y sincero, hondo y sencillo, como era él.

¡Oh, palabras! ¡Oh, palabras! Nunca vuestra misión fue más triste y difícil. Él era un mago. Bajo el imperio de su pensamiento fuisteis dóciles y adquiristeis sentidos maravillosos. Mas ahora, para decir el desgarramiento de la ausencia sin retorno, no podéis… ¡Es en vano…!  Vosotros supisteis hablar, cantar….¡pero estáis convertidas en lágrimas y las lágrimas son silenciosas!

¡Oh, palabras! Oh, palabras, estáis mudas y temblando…. Sois impotentes para expresar este dolor tan íntimo (y tan grande!). Si él os vistió de pedrerías para sus ritos celestes. Si él os dio a beber su amargura y su ilusión; y os albergó en su espíritu  con el amor con que alberga el copudo amate a la bandada de clarineros. Si por él fuisteis bellas y nobles ¡Oh, palabras!, no habléis… venid a llorar conmigo solamente.

Alfredo, tu espíritu, – más curioso, más inquieto,- nos ha precedido en el  misterio. Pero en cada árbol del camino, en cada huerta humilde, en cada zenzontle piñalero, en cada corazón sensible, perdurará la dulzura armoniosa de tu alma. De esa alma buena, luminosa como una antorcha, que se marchó tras los luceros de la mañana.

Oh, padres desolados, hermanos, amigos, vosotros todos, que estáis agobiados por la pena, musitad conmigo, desde lo más puro de vuestros corazones, una plegaria por este niño inmenso, sonajero del ensueño, que se fue a cortar rosas a la eternidad!

(*) Discurso pronunciado por el poeta Julio Enrique Ávila, en nombre de la Peña Literaria, el día 25 de mayo, en el Cementerio General y ante el cadáver del compañero Alfredo Espino.

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Julio Enrique Ávila
Julio Enrique Ávila
Escritor salvadoreño, Autor de El Salvador, Pulgarcito de América.

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