sábado, 22 de enero del 2022

Vidas valiosas y mártires del FDR

spot_img

Comunicado oficial

“Con nuestro silencio le estamos haciendo el mandado a los que les conviene la impunidad.
Nunca lograremos nada si vivimos guardando silencio. No olvidemos que somos
las voces de los que están en el sepulcro por luchar contra la injusticia”

(Erlinda viuda de Franco, 14 de octubre del 2021)

El pasado mes, nuestra querida Erlinda ‒fundadora e integrante tenaz de VIDAS‒ resumió así la convicción primordial de nuestra agrupación. Su esposo y padre de tres criaturas que quedaron casi en el desamparo, Manuel de Jesús Franco, fue secuestrado en la mañana del 27 de noviembre de 1980 cuando ya retumbaban los “tambores de guerra”.

Junto con Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Enrique Escobar Barrera, Humberto Mendoza y Doroteo Hernández, dirigentes del Frente Democrático Revolucionario (FDR), Manuel de Jesús apareció asesinado al caer la noche; todos con espantosas señales de las torturas brutales a las que los sometieron.

Así acabaron sus seis valiosas vidas, sin que sus asesinos intelectuales lograran impedir que trascendieran en el tiempo para señalarnos el rumbo correcto: para abrir bien ojos y oídos: para no seguir creyendo los “cantos de sirena” que ‒ayer y hoy‒ escuchamos de los seudoprofetas, palabreros del “cielo y la tierra venideros” cuando en realidad lo único que los ha movido y mueve son sus intereses rastreros.

Álvarez Córdova, “Quique”, no podía negar ni negaba haber nacido en el seno de las más poderosas familias del país; por eso decía conocer “las entrañas de la oligarquía salvadoreña”. Pero “las condiciones en que vivían la gente que trabajaba para nosotros”, aseguraba, lo golpeaban “enormemente”; esa era “la gente que, precisamente, había contribuido a crear estas grandes riquezas de este país”. Y tras más de cuatro décadas, esas condiciones podrán quizás haber cambiado ‒quién sabe‒ un poco de forma pero nada de fondo. Gobiernos van y vienen, sin que ocurra lo contrario.

Tumba donde yacen los cuerpos mortales de los mártires del FDR

Por eso insistimos e insistiremos en reclamar verdad, justicia y reparación para que el legado de esos verdaderos patriotas esté un día por encima de los mercaderes de la politiquería, campeones de la picardía. Las actuales y futuras generaciones deben conocerlo para encontrar, en el valor de sus vidas, la ruta hacia un mejor futuro.

“El derecho a conocer la verdad es un derecho fundamental que posee una dimensión individual y una colectiva”. Eso afirmó la Sala de lo Constitucional que intentó contribuir a transitar la ruta que, desde el 1 de mayo de este año, pretenden obstruir. Según esta autorizada entidad, la dimensión colectiva del derecho a la verdad tiene que ver con el “legítimo derecho” de la sociedad “a conocer la verdad respecto de hechos que hayan vulnerado gravemente los derechos fundamentales de las personas”.

Así, rescataremos de la oscuridad presente ‒vigente desde el fin de la guerra hasta la fecha‒ el ejemplo de estos nuestros héroes, el cual nos debe servir para hacer valer integralmente nuestra dignidad agraviada.

Si derrotamos la impunidad infame, ¡lograremos que el país sane!

San Salvador, El Salvador, sábado 27 de noviembre del 2021

spot_img

También te puede interesar

spot_img

Últimas noticias