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miércoles, 3 junio 2026
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 Sobre el asesinato de Charlie Kirk

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Por Gabriel Lerner (*)

El asesinato de Charlie Kirk asestó un terrible golpe a la democracia en Estados Unidos. Genera un cambio cualitativo en el balance de fuerzas nacional e inclina el fiel de esa balanza a favor de un estado represivo.

Este acto de terrorismo político es una desgracia histórica, además de la tragedia personal. 

Es cierto, han habido atentados políticos en nuestro país en el último par de años y numerosos comentaristas los han enumerado. Este es diferente por el cambio que está propiciando. 

La combinación de un gobierno federal autoritario, la muerte de una persona joven, carismática, con un futuro brillante en la extrema derecha nacional, la reacción furibunda  de sus simpatizantes en los medios sociales – e incluso las insensatas expresiones de júbilo por quienes están en contra de lo que Kirk pensaba pero con sus estúpidas declaraciones a favor del asesinato lo apoyan – contribuyen a ello y no podrían ser peor para quienes se oponen a las políticas de la actual administración. 

A todo esto, al momento de escribir estos párrafos aún no ha sido aprehendido el asesino que mató a Charlie Kirk ayer en Utah. Espero que cuando sea finalmente arrestado, no muera, sino que alcance a testimoniar que lo suyo fue una acción individual, que no hay detrás de él una organización. Sería peor si así fuera. 

Históricamente, el terrorismo político contra representantes de gobiernos extremistas, o dictatoriales, o absolutistas no ha rendido resultados satisfactorios para sus autores sino todo lo contrario. Reemplazar el ejercicio político de las mayorías – porque estimo que una mayoría se opone actualmente a Trump y sus políticas – por el extremismo antidemocrático de unos pocos terroristas deriva en una catástrofe para esas mayorías, para el pueblo. 

El ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023, que mató a centenares de civiles a mansalva, derivó en la mayor desgracia en la historia del pueblo palestino y aceleró la conversión del gobierno israelí en una organización extremista y antidemocrática.

El terrorista serbio que asesinó al Archiduque de Austria en Sarajevo en 1914 causó que Austria-Hungría declarase la guerra a Serbia. En menos de un mes el mundo estallaba en guerra total. 

Pero por otra parte, después del asesinato de Itzjak Rabin en Israel por un terrorista de derecha, motivado por el acercamiento a los palestinos y la posibilidad de un acuerdo de paz que incluyese un estado palestino, derivó en más caos y en la elección de Benjamín Netanyahu, con el resultado desastroso para toda la región que estamos viendo. En ese sentido, logró su cometido. Y benefició a las fuerzas reaccionarias, es decir, que se oponen al cauce natural del desenvolvimiento histórico.

Vivimos un momento encendido en el que el gobierno inicia una lucha armada en dos frentes: la persecución de inmigrantes indocumentados por unidades paramilitares anónimas y encapuchadas y la ocupación militar de ciudades con gobiernos democráticos y alcaldes afroamericanos. Ahora podemos decir que es solo el comienzo. 

El asesinato de Charlie Kirk suelta las ataduras morales, políticas y legales para el uso del ejército, la FBI y las milicias armadas y bien organizadas de la extrema derecha contra quien se oponga. 

Los progresos políticos y sociales se avanzan mediante la voluntad popular expresada principalmente en elecciones y en la actuación de sus representantes electos y no mediante «la eliminación de individuos particulares». 

(*) Gabriel Lerner / HispanicLA

Gabriel Lerner
Gabriel Lerner
Periodista argentino.estadounidense, ex editor general de La Opinión de Los Ángeles, EEUU. CoFundador de HispanicLa.com; colaborador y columnista de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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