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viernes, 07 de mayo del 2021

Recta final de una campaña sucia…

Recién iniciado 2019, se da la recta final de la campaña para elegir al presidente y vicepresidente de la República, perí­odo 2019-2024, el 3 de febrero próximo. Una campaña que, sin duda, dejará amargos recuerdos por su contenido, a ratos ofensivo, a ratos insulso, más destacado por insultos, falsas acusaciones, amenazas y atropellos entre los candidatos y sus seguidores, en vez de propuestas fraternas como verdaderos adversarios polí­ticos y no como irreconciliables enemigos.

Campaña gris, negra o sucia, es igual. Lo que debiera importar es el respeto a la dignidad e inteligencia de los salvadoreños, puesto que hoy por hoy son virtudes relegadas -por ignorancia o malicia juntas tal vez- con el consiguiente perjuicio a la salud mental y la estabilidad emocional, de gran parte de la población honrada.

No se pueden negar, sin embargo -y justo es reconocerlo-algunos hechos y obras positivas que, sin lugar a dudas, son señales de progreso en beneficio de la población. Solo que -aparte de apreciadas excepciones de funcionarios honestos- los actos de corrupción de muchos de ellos, en distintas esferas del Estado, han impedido y opacado toda posibilidad de progreso integral para el paí­s.

Con todo y eso, las expectativas y la esperanza hacia el optimismo crecen, porque ahora el pueblo salvadoreño analiza el acontecer polí­tico y, a partir del inmediato pasado, para las próximas elecciones de febrero, hace acopio de la mala experiencia vivida durante muchos años. Una mala experiencia de estancamiento, y a ratos hasta de lamentable retroceso, que algunos tratan de ocultar intencionalmente y otros se niegan a aceptarla, como si el deseo fuera continuar con más de lo mismo.

Pero también hoy, como contrapartida, con evidentes expectativas de optimismo y un creciente anhelo popular, hacia una alternancia legí­tima y productiva, la ciudadaní­a honrada y laboriosa demanda idoneidad, dedicación, transparencia y, sobre todo, compromiso patriótico a los aspirantes presidenciales, del partido que sea. El partido que triunfe el 3 de febrero. No más corrupción/impunidad, despilfarro y abuso de poder de los nuevos gobernantes, a partir del hecho real de que son mandatarios (servidores públicos) y no mandantes, porque esta facultad solo le pertenece al pueblo salvadoreño.

Pero, ¿cómo no dudar de una posible mala administración, superficial y carente de idoneidad, cuando los medios para lograrla -la campaña sucia- hoy por hoy se basan en insultos, acusaciones infundadas, amenazas…y hasta con evidente temor -un temor colectivo que hasta parece reflejar desesperación- ante el posible triunfo de algún candidato opositor?

Cuestión de preferencia electoral, si el pueblo, en elecciones limpias, se decide por alguien con la legal y necesaria mayorí­a de votos, no queda de otra que aceptarlo sin miramientos… a menos que la atribución de que somos paí­s democrático, sea simple mito o fanfarronerí­a. Si no, ¿de cuál democracia estarí­amos hablando…?

En el marco de los recuentos amargos de esta campaña electoral 2018-2019 el pueblo salvadoreño no olvida y resiente actitudes y expresiones partidarias que no solo ofenden dignidades sino que, con evidente perjuicio antipatriótico, promueven la división de la familia y demás sectores de la vida nacional.

Campaña gris, negra o sucia, evidenciada con el poco o nulo respeto a la dignidad e inteligencia del ciudadano:

-además de ataques personales, ha proliferado la incitación al miedo, al odio y al revanchismo;

-la descalificación de un candidato por los otros, a lo mejor estos con más pecadillos socio-polí­ticos, en lí­nea con el Evangelio sobre “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”;

-reconocidos profesionales, columnistas y periodistas degradando su apreciado alto nivel, al participar en la campaña de desprestigio contra un candidato que no es de su agrado;

-algunos de los grandes medios de Comunicación Social (Prensa, Radio y TV) y organizaciones afines que, negando los principios del Periodismo Libre y el ideario de sus fundadores, divulgan profusamente, como negativa y hasta peligrosa, la imagen de uno o más candidatos, para levantar la de su preferido, colocando, además, a sus periodistas (no a todos) en situación de enfrentamiento con sus principios éticos. Así­, será insufrible la realidad del periodismo nuestro. Y así­ también, ¿cómo y de dónde la credibilidad…?

Como las anteriores, son muchas las muestras del accionar conjunto, y negativo, de muchos sectores, propiciando incertidumbre e inestabilidad social, durante la presente campaña. Sin embargo, la necesaria y limpia medición de fuerzas, en la recta final de la campaña, puede significar para el paí­s una alternancia presidencial satisfactoria, a pesar de la actual e inquietante realidad salvadoreña.

Renán Alcides Orellana
Renán Alcides Orellana
Académico, escritor y periodista salvadoreño. Ha publicado más de 10 libros de novelas, ensayos y poemas. Es columnista de ContraPunto

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