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No te burles de los genios del pasado

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“No te burles nunca de las personas que no pueden cambiar su realidad” es una frase que evoca el pasado brillante de talentosos abogados, periodistas y académicos. Francisco Imendía recuerda a Max Brannon, en uno de los encuentros.

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Por Carlos Francisco Imendia


Una vez alguien me dijo: “No te burles nunca de las personas que no pueden cambiar su realidad” y me quedó tan grabado en la mente, y ahora que veo personas que por razones del destino no están en sus cabales, pienso que tras ellos viene caminando un pasado difícil.

Una vez a inmediaciones de un famoso tribunal capitalino, venía caminando un sujeto, portando una bandera blanca, y hacía gestos de marchar y como que tocaba guitarra, llevaba una cinta amarrada en la frente, quizás en su mundo evocando a Bono en aquel emblemático concierto en Dublín en los ochentas , al inicio de la carrera de U2, lo miré , y me hizo una seña no muy amistosa, posteriormente alguien me dijo: “Este tipo era un brillante abogado, reconocido por estos tribunales, lamentablemente la piedra (drogas) lo perdieron”.

Uno se encuentra en la calle gente que debería estar en un War Room de campaña, grandes estrategas, o asesorando en temas económicos a algún político, pero la cotidianidad los fue ocultando hasta borrarlos.

Una vez tuve el honor de saludar en la calle a Max Brannon, una enciclopedia ambulante, iba saboreando un sorbete por las calles de la colonia Escalón, muchos presidentes de la derecha lo consultaban, y hace unos pocos meses pasó a mejor vida en un hospital público local.

Grandes personajes, poetas, catedráticos, periodistas, artistas, han terminado en la indigencia, en medio de la crueldad de la vida, con miradas de incomprensión, echados de algún lugar por su aspecto, y basta que alguien los reconozca para exaltar el pasado luminoso de sus vidas. Inventores, grandes gerentes de empresas, escultores, matemáticos, etc. Incomprendidos, excluidos, no adaptados al sistema, prefirieron ir por otra ruta de escape, que los llevó por un camino distinto al nuestro, pero con un pasado de genialidad.

Grandes deportistas y artesanos, perdidos en las calles, por las noches los cobija la sombra de los árboles y los cartones de cajas que encuentran por ahí. Por las mañanas la gente pasa encima de ellos, esquivándolos, y alguno puede lograr conseguir con suerte un vasito de café con un pedazo de pan dulce. Alguien reflexionará sobre ellos y sus vidas, como el barquito de papel que la corriente de agua se lleva en la lluvia con rumbo desconocido, la sabiduría que se desperdició como los rastros de la cola de un cometa, polvo y diamantes esparcidos en el universo.

“Mire ese bolito mamá, nos viene siguiendo, si quiere le tiro una piedra”, dice un niño a su mamá, “No hijo, mejor dale esta moneda, él fue mi profesor en el técnico, hay luego te cuento la historia” le dice la señora. Así hay muchas en la ciudad, que cuentan de los genios del pasado que muchos conocemos y que también son parte de los ladrillos de la historia nacional, no los molestemos, y si podemos ayudemos, porque también son parte de nuestro mundo, y nación.

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Carlos F. Imendia
Carlos F. Imendia
Comunicador, publicista y mercadólogo salvadoreño; columnista y colaborador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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