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No sabe,… pero sí contesta

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Nayib Bukele | "La mayoría de la gente que respondió esta encuesta estaba desinformada o mal informada pero, en definitiva, lo hizo como una masa comunicacionalmente manipulada", dice Benjamín Cuéllar, de la encuesta UFG

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Por Benjamín Cuéllar


Hace unos días, un par de universidades salvadoreñas publicaron sus respectivas encuestas para conocer qué opinaba la gente sobre el desempeño de Nayib Bukele durante los años transcurridos de su administración gubernamental; también sobre el régimen de excepción que implantó en el país desde el 27 de marzo del año en curso. Hoy comentaré algunos hallazgos que me llamaron la atención del trabajo realizado por la “Francisco Gavidia”, presentado con un título cuya segunda parte llamó mi atención: “Sin novedades, todo está bien…” A partir de estos veamos pues, aunque sea parcialmente, qué tan bien están las cosas por acá según la población después de este trienio recorrido desde que aquel tomó posesión –el 1 de junio del 2019– del Órgano Ejecutivo; pero, además, veamos también cómo se encontraba dicha población al momento de responder la consulta.

No me detendré comentando algo que era de esperarse. La calificación que le otorga a él: 8.34. Un punto y 66 centésimas más lo ubicarían en la perfección. La pregunta que me hago es si muchos de los resultados que aparecen luego, aunque no todos sean totalmente agradables para el oficialismo, son fruto del derrame de la imagen presidencial mesiánica que predomina en buena medida dentro del inconsciente colectivo nacional. Algunas muestras de lo que me atrapó más para arribar a mis conclusiones, aparecen enseguida.

La nota para la bancada del partido de Bukele alcanzó un 7.17. Evidentemente no es baja, pero fijémonos en dos cuestiones. La labor de la Asamblea Legislativa, coloreada mayoritariamente por el cian, es “excelente” para el 15.5 % de las personas interrogadas y el 45.6 asegura que trabaja “en favor del pueblo”. Así las cosas, más del 61 % opina favorablemente. Pero al preguntar sobre los diputados y las diputadas que más destacan, el único que ubican de dicho partido con nombre y apellido es Ernesto Castro; obvio: preside esa institución. Sin embargo, del resto no saben siquiera quiénes son. ¡Las y los desconocen! Asimismo, destaca que las críticas no se reducen al “3 % opositor” pregonado por Casa Presidencial, Nuevas Ideas y sus demás comparsas; entre quienes aseguran que solo aprueban lo que envía el Ejecutivo, que no tienen criterio propio y que decepcionan, el porcentaje es 36.

Otro asunto que merece la pena comentar tiene que ver con la calidad de los servicios, particularmente sobre dos. El transporte público según el 15 % de las personas encuestadas es malo, el 41 dice que es regular y –¡sorpresa!– no es nada lo que faltó para que el 44 se decantara por calificarlo como bueno. En cuanto a la atención brindada en el Hospital Rosales, solo el 4 % la califica como mala; en cambio, más del 31 sostiene que es regular y arriba del 58 asegura que es buena. ¡Maravillan semejantes percepciones!

Podría abundar con más inconsistencias, incoherencias y contradicciones; no del instrumento y su aplicación, sino sobre las respuestas que generaron. Pero no me abunda el espacio. Sin embargo, creo que debo empezar a cerrar esta columna con algo que al menos para mí es de antología. Interrogadas las personas sobre las causas del alza de asesinatos ocurrida entre el viernes 25 y el domingo 27 del recién pasado marzo, las respuestas y sus porcentajes deberían empujarnos a reflexionar descarnadamente acerca de la capacidad actual de análisis de nuestra gente.

El origen de esas muertes violentas de hombres y mujeres –en su mayoría sin ninguna vinculación con maras– tiene que ver, según el 9 % de las respuestas, con fallas en la negociación entre Gobierno y maras; casi el 10 plantea que radica en la ejecución del Plan Control Territorial y arriba, por muy poco, se ubica como su causa la ruptura de la citada negociación. Pero lo realmente pasmoso es que casi el 55 % atribuye lo sucedido ese fin de semana terrorífico a que, simplemente, ocurrió. ¡Por favor!

Con todo lo anterior concluyo que –a partir de medias verdades junto a tantas auténticas, plenas y descaradas falsedades– la mayoría de la gente que respondió esta encuesta estaba desinformada o mal informada pero, en definitiva, lo hizo como una masa comunicacionalmente manipulada. Por tanto, estafada. No sabe pero, ¡eso sí!, sí contesta. Debemos preguntarnos con preocupación, entonces, qué pasará mañana. Quienes intentamos colocar el pensamiento propio por encima del pensamiento único, estamos ante un enorme desafío y no podemos más que asumirlo por el bien de la colectividad. ¡Hay que transformar radicalmente el inconsciente colectivo vigente!

Benjamín Cuéllar
Benjamín Cuéllar
Salvadoreño. Fundador del Laboratorio de Investigación y Acción Social contra la Impunidad, así como de Víctimas Demandantes (VIDAS). Columnista de ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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