jueves, 12 de mayo del 2022
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No mires hacia arriba… la extinción está enfrente: Las Guerras Imperiales y la Insostenibilidad del Modo de Producción Capitalista

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"Es preciso cambiar el modelo (capitalista) de desarrollo depredador y adoptar un modelo de desarrollo sostenible, centrado en la vida", ante escenarios de guerra, como en Ucrania, opina Francisco Martínez.

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​Por Francisco Martínez

Las Guerras imperiales con amenaza nuclear y la insostenibilidad del modo de producción capitalista neoliberal, son las dos caras de la moneda que está lanzada al aire, en cualquiera de las dos, los seres humanos y los seres vivos del planeta perdemos.

Desde la invasión a Ucrania por las fuerzas militares de Rusia, hace 10 días, se inició un camino sin retorno a la vieja realidad pre pandemia; y, la esperanza de futuro mejor y de vida en el planeta está hoy amenazado.

Hay que aceptarlo, un nuevo orden mundial está por nacer, normarlo, asimilarlo y adaptarse para la subsistencia en “frágil armonía” es el reto de las naciones y de los ciudadanos libres, para que podamos seguir acá en la tierra.

A los consorcios globales les interesa sólo maximizar ganancias, su orientación a la riqueza ha puesto en riesgo la sostenibilidad de los recursos naturales, han puesto en la cabeza de la gente que no hay suficientes recursos y mucha gente.

Esconden la verdad de que hay recursos suficientes para que todos vivamos y comamos con dignidad, evaden que el problema es la distribución inequitativa de la riqueza, la vulgar acumulación en unos pocos y la vergonzante precariedad en que vive las grandes mayorías.

Los ciudadanos en las diferentes regiones del planeta empezábamos a asimilar el escenario post pandémico por la COVID 19, y aunque la amenaza de crisis geopolítica y de la crisis ambiental ha estado presente, de alguna forma preferíamos ver hacia otro lado.

Recientemente el grupo de expertos de Naciones Unidas, público la segunda entrega del Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC, señala que: “Nuestro informe indica claramente que los lugares donde la gente vive y trabaja pueden dejar de existir, que los ecosistemas y las especies con los que todos hemos crecido y que son fundamentales para nuestras culturas y conforman nuestras lenguas pueden desaparecer”, dijo Debra Roberts, copresidenta del IPCC.

“Si nuestras vías de desarrollo son aquellas en las que los sistemas de salud no mejoran mucho, la educación no mejora mucho, nuestras economías no crecen muy rápido y la desigualdad sigue siendo un gran problema, ese es un mundo donde una parte concreta de cambio climático va a tener un impacto realmente grande”, enfatiza Brian O’Neill, autor y coordinador principal del informe.

La responsabilidad de las grandes naciones, las que más contamina es crucial, no hay otro planeta, no pueden escapar de esta realidad deben contribuir con medidas que reviertan lo que es posible revertir y acompañen a las naciones y a los ciudadanos en todos los rincones del globo a prepararse para el cambio climático y adaptarse.

Es preciso cambiar el modelo de desarrollo depredador y adoptar un modelo de desarrollo sostenible, centrado en la vida.

Al mismo tiempo del informe nada alentador sobre el Cambio Climático, se abre la guerra de ocupación de Rusia a Ucrania.

Inviabilizado el acuerdo de Minsk que planteó una forma de solución a la secesión en el Donbás, el mundo vive las imágenes de una guerra de expansión con génesis centenaria, en la que hemos pasado de argumentos de defensa de la seguridad a una acción imperial para imponer la visión del “Russkiy Mir” o “Mundo Ruso”.

No se puede enmascarar lo que hoy sucede, como una disputa entre sistemas económicos, o un nuevo enfrentamiento de izquierdas y derechas, sino que, se trata de disputas por la hegemonía geopolítica dentro del modelo de acumulación capitalista con resabios feudales.

Hemos pasado de las diatribas propagandísticas y las descalificaciones mutuas entre la alianza de Occidente y el “Mundo Ruso” a la guerra de ocupación de Rusia a Ucrania, como sostiene Noam Chomsky “Es un ataque no provocado e injustificado que pasará a la historia como uno de los mayores crímenes de guerra del siglo XXI”.

Chomsky, señala lo grave de esta acción “…la invasión rusa de Ucrania es un grave crimen de guerra comparable a la invasión estadounidense de Irak y a la invasión de Polonia por parte de Hitler-Stalin en septiembre de 1939”.

Pero ese escenario era previsible desde los años 90, hay que recordar los conflictos de Georgia, Chechenia y los que fragmentaron la Serbia del Mariscal Tito, o la invasión de Irak y de Libia. Ucrania, ha estado en una “situación de disputa” una guerra de baja intensidad entre Rusia y Europa-Estados Unidos.

Rusia es un país con vastedad de recursos y la mayor fuerza militar del mundo, con una población que ha visto cómo se deterioraba la calidad de vida en los últimos años, la pandemia del COVID 19 agravó esta situación.

El escenario de la actual guerra de Rusia a Ucrania es diferente al contexto de 2014, hay más temor en Europa al avance del mundo ruso, se preparan para ir más allá de la retórica y la condena o de las sanciones económicas.

Particularmente después del discurso del Presidente Vladimir Putin del 21 de febrero pasado, en que habló de reconstruir las viejas fronteras, recuperando territorios que, según Putin, le pertenecen históricamente. Ucrania es uno de esos.

Valga tener en cuenta, la redefinición de la política exterior y de defensa de Alemania, anunciada el 27 de febrero por el Canciller Olaf Scholz, decía “Es claro que debemos invertir mucho más en la seguridad de nuestro país, para proteger nuestra libertad y nuestra democracia”.

Esas palabras nos recuerdan la máxima romana “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.

La gran tarea estratégica de las naciones libres, en el interés de salvar la especie humana y de todos los seres vivos del planeta, es evitar que sea en Ucrania, donde se libre la nueva batalla por la hegemonía geopolítica. Si alguien cree que ganará la guerra, está plenamente equivocado, acá todos perdemos.

Ser neutral no es la solución, se trata de no ser arrastrado a las condenas unilaterales, presionados por la coyuntura de guerra abierta por la invasión rusa a Ucrania, pero que debe resolverse con la diplomacia, no con sentimientos, sino, considerando los intereses de las partes.

Es necesario pasar a construir el bloque de países por la paz y el respeto de la vida y no ser instrumento del complejo militar-industrial en las decisiones de política exterior, con todo, nuestra experiencia alienta a promover como solución a esta amenaza mundial el diálogo, la negociación y la búsqueda de acuerdos viables, realizables, acompañables y sostenibles que supere la lógica imperial de sometimiento del otro.

La solución pasa por un acuerdo con Rusia y Occidente, que asegure una franja de no amenaza, de zona común de Europa con la Rusia europea.

En ese contexto que El Salvador se abstuviera en la Asamblea de naciones Unidas de votar a favor de condenar a Rusia, o de respaldar la invasión a Ucrania, es correcto. Habrá que contextuar esa votación y verla desde una perspectiva pragmática y desde la idea de un modelo propio de desarrollo, desde un enfoque estratégico del interés nacional.

Sin duda, es la decisión más crítica de la política exterior salvadoreña en años, se diferencia del acompañamiento a la invasión de Irak, es entender que esta intervención en Ucrania una nación soberana, pudo evitarse si no se hubiesen puesto en el centro los intereses del consorcio militar, si se hubiese tenido en consideración las realidades de los balances e intereses geopolíticos, si se hubiese entendido que la diplomacia, aunque cínica y a veces diálogo de sordos y mudos, es la mejor opción a la guerra.

Para un país como El Salvador con sus grandes déficits, no nos queda otra que, prepararnos para la guerra…asegurando nuestra soberanía alimentaria, hídrica, sanitaria, energética, científica y productiva.

¡PAREN LA GUERRA…PAZ CON SOBERANIA E IGUALDAD…YA!

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Francisco Martínez
Columnista y analista de ContraPunto. Consultor en temas sociolaborales, exdirigente sindical y exmilitante insurgente. Con experiencia en capacitación y organización popular, formación en finanzas corporativas y gestión de recursos humanos.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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