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domingo, 24 de octubre del 2021

Menos tribunales y más polí­tica

Hemos entrado a una lógica de acciones y reacciones polí­ticas cargadas de emotividad. No existe polí­tica sin emociones, es cierto, pero el problema surge cuando las emociones arrastran a la mente. La mente es una pausa y una mirada en medio de las acciones y las reacciones: examina el escenario, la sucesión de los lances de la intriga, sopesa consecuencias, busca alternativas.

Quienes utilizan el derecho y los tribunales como herramienta en sus luchas para neutralizar adversarios y acceder al gobierno pueden verse atrapados en su mismo juego tal como le está sucediendo a ese partido que nos ha dado figuras tan ilustres como Roberto D´Aubuisson, Francisco Flores y Antonio Saca. Hace unas semanas, Arena (en complicidad con el FMLN) logró que se suspendiera a CD. Ahora, la vida, en otro giro de sus intrigas, pone a Arena en el mismo trance de ser cancelado (dada su trayectoria corrupta) y sus adversarios, claro está, exigen su cabeza en el altar de los tribunales.

La pregunta que deberí­amos hacernos es si los tribunales son el lugar donde pueden encontrar solución esas divergencias profundas en el seno de la ciudadaní­a que solo podrí­an resolverse en el plano de la polí­tica y los procesos electorales (dado que teóricamente se descarta la violencia). Creo que expulsar a Arena del escenario electoral, puede ser tan peligroso como impedir que Bukele se presente a las próximas elecciones. Dejar sin voto, sin opción, a uno u a otro sector de la ciudadaní­a contribuirí­a a tensar más el precario equilibrio de nuestra estabilidad polí­tica.

Arena deberí­a comprender que los discursitos publicitarios no le van resolver la tremenda crisis interna a la cual se enfrenta. Si no hace nada (como el FMLN después de las últimas elecciones), si no sacrifica un brazo o una pierna –por no decir su vieja cabeza– para salvar su cuerpo, va a dejar a la intemperie a los operadores judiciales que le son afines y va a socavar la legitimidad de sus futuras decisiones legales. Si lo salvan, será un escándalo. Y si esos mismos tribunales que lo salven, después anulan a Bukele, habrí­a un escándalo mayor todaví­a y nos acercarí­amos a un panorama difí­cil en el cual se conjugarí­an en alto grado el descrédito de las instituciones y la frustración y la impotencia de un gran sector de la ciudadaní­a. Si Arena decide posponer su gran crisis interna para trasladarla al conjunto del sistema, demostrarí­a que además de ser un partido corrupto carece de la más mí­nima visión de Estado.

Es tiempo, pues, de polí­tica y no de tribunales. Eso sí­, de una polí­tica más allá de las emociones y del politiqueo electoralista. Si acaso existen, bien harí­an las cabezas pensantes y decentes de los distintos partidos en buscar canales para encontrar esas respuestas que jamás van a encontrar los jueces. Hace falta creatividad polí­tica y verdaderos liderazgos para enfrentar esta crisis que revela las crudas desnudeces de la democracia construida en la posguerra.

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